O todos en el suelo, o todos en la ruina.


“O todos en la cama o todos en el suelo» es una vieja expresión popular que exalta la solidaridad entre quienes comparten una misma suerte. Esa lógica no rige en ciertos sectores de poder en Popayán, donde, por influencia de cierta cultura oscurantista, el progreso, el mérito, el éxito empresarial, que deberían ser motivo de orgullo, terminan tratados como amenaza.
En esos sectores, el progreso ajeno despierta sospecha; el mérito reconocido activa una reacción de envidia incendiaria. Entonces, se impulsa una campaña para sacarlo, despedirlo, atacarlo, silenciarlo. «No es de los nuestros», repiten algunos para justificar la persecución.
Se hace evidente un centralismo excluyente que creíamos que había sido superado, que había quedado rezagado en la caduca mentalidad colonialista, que con la modernidad y las nuevas tecnologías de las comunicaciones había sido superado en beneficio de una real democracia, desarrollo y progreso sin exclusiones. Pero no; estábamos equivocados, el Cauca sigue siendo un departamento único, como el que todo el mundo conoce, el que aún carga con el Inri de discriminar por lo que algunos creen que es insolencia: el progreso, el éxito, el crecimiento, la prosperidad. En resumidas cuentas, es la envidia justificada por aquel dogmatismo retrógrado.
Proclama del Pacífico, como red de medios de comunicación exitosa es víctima de esa persecución, que combina el poder con el atraso y la resistencia al avance social, que niega la crítica. Ese despotismo, aunque no se reconozca, es el responsable de las lamentables complejidades sociales que históricamente han afectado al departamento del Cauca, y que siguen vigentes, como la corrupción administrativa.
Repito, porque es demostrable, que esa ceguera ideológica en la toma de decisiones públicas, sostiene, motiva e impulsa el atraso regional que se reproduce, a pesar de haber sido cuna de más de 13 presidentes de la República, de juristas, escritores, científicos, empresarios, artistas y de ilustres personajes que ocuparon espacios decisivos en la historia nacional. Ese pasado contrasta dolorosamente con muchos de los indicadores actuales del departamento. El Cauca a duras penas alcanza a superar en su desarrollo a algunas regiones de la Amazonía, la Orinoquía y a departamentos como el Chocó y La Guajira.
Los estragos estructurales, sociales y económicos que padecemos los caucanos, traducidos en pobreza, desigualdad, violencia, economías ilícitas, debilidad institucional y enormes diferencias entre regiones, son las consecuencias de esa mentalidad administrativa y de poder. No son la causa de nuestro ancestral subdesarrollo. Pero hay quienes no aceptan estas evidencias porque disfrutan y se benefician de administrar miseria, de la “inversión” en atraso público.
Por eso, cuando aparecen nuevos liderazgos, empresas, proyectos y voces independientes empiezan a adquirir fuerza, también aparece la represión. Resultado: pérdida de talento, freno al empresariado, desperdicio de oportunidades.
Reitero: El verdadero atraso empieza cuando el éxito ajeno se convierte en motivo de resentimiento. Entonces aparece esa lógica miserable según la cual nadie debe sobresalir demasiado, nadie debe crecer demasiado y nadie debe adquirir independencia suficiente para incomodar a quienes durante décadas se acostumbraron a administrar influencia. Allí nace la tentación de bajar al que sube, debilitar al que crece y castigar al que decide pensar por cuenta propia.
Ese es nuestro Cauca, donde simultáneamente se impuso la violencia, la criminalidad y las economías ilícitas, esas sí de manera célebre. La envidia no nos dejó avanzar. También por eso, es aquí donde se está cocinando, como consuelo de tontos, el nuevo dicho popular: O todos en el suelo, o todos en la ruina.
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