Colombia: ¿Hacia dónde vamos?


Este es un país exótico. Por su naturaleza, por sus dos costas, por las tres cordilleras, por el procurador que decide la suerte del país, por las cortes que hacen leyes como si fuera el legislativo, por un expresidente que se cree presidente en ejercicio, el tema más importante es que los homosexuales se puedan cazar o que los jóvenes fumen en libertad un cacho de marihuana. La reina Miss Universo, tiene más poder que cualquier ministro o congresista, Nairo Quintana es capaz, a punta de pedalazos, paralizar las actividades de todos los colombianos. Es el único lugar donde el 50% de la población está en desacuerdo con la paz, que se termine el conflicto que rebasa los sesenta años de enfrentamiento intestino.
En este país un alto jurista pide coima, una parlamentaria vende su voto a cambio de apoyar una ley, después paga cárcel como única culpable y la contraparte, es decir, quien pagó, es declarado inocente. En este país de las contradicciones los buenos se esconden y los mafiosos son héroes. Nadie sabe para dónde va, qué carajos nos espera, la incertidumbre parece nuestra meta, aquí las ideologías han perdido su sentido, los políticos viven del inmediatismo, los filósofos son unos señores que hablan paja, los economistas son copiones de modelos fracasados, los meteorólogos no le apuntan a un solo pronóstico y anuncian lluvias pero el día es tan soleado que lo único que queda es arrearles la madre.
En este país tenemos desempleo de un dígito pero medio país sobrevive con ingresos inferiores al salario mínimo. Desde hace años la inflación registra cifras por debajo del 3%, pero el arroz, la papa, el plátano, es decir la comida de los pobres, cuenta con incrementos por encima del 100 %. El arroz pasó de $1.300.oo la libra en diciembre, a $2.400.oo en febrero; la papa paso de $300.oo la libra, a $800.oo, y un racimo de plátano que se conseguía en diciembre a $6.000.oo, hoy está por encima de los $12.000.oo. Los huevos subieron de $200.oo a $300.oo y ni forma que regresen al precio anterior. Lo que ocurre con fenómenos como la escasez, por impacto de fenómenos naturales, de situaciones temporales, el valor se encumbra y jamás regresa a niveles “normales”, sino que el precio alcanzado se vuelve normal.
En este país subnormal sucede lo contrario de lo que anuncia el presidente (y no este presidente; los de siempre). Pasa como cuando el presidente de un club de fútbol asegura que apoya al entrenador: de seguro va a ser destituido la siguiente semana.
Lo cierto es que si este país, Colombia, no endereza el rumbo, si por ejemplo nos siguen engañando con estadísticas pero en el estómago y el bolsillo sentimos el efecto contrario, estaremos en riesgo. Es peligroso que los utópicos, que los fanáticos, se tomen el estado y, ahí sí, llevarnos a la hecatombe. Como ha sucedido frente a nuestras narices con países gobernados por dirigentes incapaces, por camarillas que solo piensan en su propio beneficio. Este tipo de personas carecen de escrúpulos y se valen de cualquier triquiñuela para perpetuarse. Ojalá, cuando nos demos cuenta que el país no va bien, antes de sumirnos en una carrera al abismo, podamos reaccionar frente a la crisis con responsabilidad y sin egoísmos.




