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Viernes, 2 de octubre de 2026

A TIRO DE BASTÓN

Caricatura - Rendón1
Armando Orozco Tovar
Armando Orozco Tovar

Ricardo Rendón, el caricaturista, un día en Bogotá “se salió de la fiesta”, donde con su atuendo de poeta no parecía satisfecho con el medio en que se movía, pero sí con lo que elaboraba: caricaturas de personajes y la vida política de aquellos años colombianos de los treintas, para los diarios y revistas, que se las pagaban muy bien: Ganaba hasta mil doscientos pesos, por caricatura, en moneda de la época, que estaba a la par del dólar.

Caricatura - Rendón1

¿Cómo serían sus caricaturas después de tantos años de su suicidio en la Gran Vía, una tienda del centro bogotano, que hasta hoy subsiste sin una placa como gran cigarrería? Seguro estaría recreando con su genialidad las situaciones grotescas del acontecer diario nacional, y personajes de la fauna política nacional donde resaltaría con su síntesis precisa al más caricaturizable de todos el señor Uribe, a la manera del escritor Antonio Caballero con su retrato de palabras: “… Ojos compungidos de seminarista… su aparatoso carriel antioqueño, pernera semicorta y la carita triste de sacristán, o bobo de pueblo”…

Rendón caricaturizó a más de 400 personajes, compilados por Jairo Tobón Villegas en un libro editado en 1994 por la Universidad Central de Bogotá. En ellos, dice en el prólogo Germán Arciniega, el artista de Rionegro Antioquia, “Exagera los rasgos de las personas poniéndole a unos las orejas más grandes de las normales, y a otros alargándoles su nariz o los dientes”… Muchos si nos fijamos bien con nuestra apariencia, esconden su animal.

¿A cuál se parece usted?: ¿A un pájaro, mono, pez, batracio, saurio, reptil, mamífero? Todos, se podría decir, somos el animal que merecemos. Hágase el ejercicio visual sin ser caricaturistas como él lo logró con personajes del país político y nacional. Es muy difícil conseguir esta clase de semejanza, pues a ello se oponen la vanidad y el ego. Sólo un genio como el artista paisa, las igualas. Que por no vivir en esta sórdida época en que estamos, se salvó de los islamistas. Y es ahí cuando sale en los rostros el can, el pato, el semoviente, la culebra, el lobo uribista mostrando los dientes. Con base en esto es que Rendón realiza su “Jardín de los poetas”, dibujando a los vates más connotados de su tiempo como si fueran animales del jardín zoológico nacional: Guillermo Valencia, es un pelícano. León de Greiff, un león, Víctor. M. Londoño, el mitológico Pegaso. Antonio Gómez Restrepo, un elefante. Y Luis Vidales, un sapo. Es con estas similitudes zoológicas poéticas, cuando el artista se acercó más a las apariencias animales de sus protagonistas.

Caricatura - Rendón

Dicen que Ricardo Rendón era burlón, irónico, humorístico, corrosivo, caustico. Y que cuando le propusieron ir a trabajar a Nueva York, por dos mil pesos, (dos mil dólares, por caricatura, el peso estaba a la par del dólar, dijo, que él pagaba con gusto los otros mil con tal de no ir a aquel país… Hacía Rendón de esta forma una crítica a la cima, del capitalismo mundial. Cuentan los que lo conocieron: “Que nunca hablaba de sus problemas íntimos, y que por eso no se supo nunca la razón de su determinación suicida”. A no ser, digo yo, que lo asesinaran, como se acostumbra hacerlo en este medio, y lo hicieron con José Asunción Silva, según sostiene en: “El Corazón del poeta”, el escritor Enrique Santos Molano. Ricardo Rendón nunca no se quejaba. Cuando en El Tiempo, en un incendio de manera extraña se incineraron dos volúmenes impresos de sus caricaturas, que no se vendieron a pesar de su bajo precio, teniendo en cuenta que el artista era muy apreciado en la aldea bogotana.

Luis Vidales lo quería puesto que estando detenido por comunista cuando supo de su suicidio se deprimió. Decía el autor de Suenan Timbres, que cuando fue a La Gran Vía a reclamarle a Rendón, donde iba todos los días para dibujar sus caricaturas, por ponerlo como un sapo en su zoológico, le dijo: “Usted es un ignorante. Pero lo que usted no sabe es que Walt Whitman escribió, que el sapo es una obra maestra de Dios”. Y el caricaturista, que estaba ese día de malas pulgas le respondió: “Poeta no se me ponga a tiro de pistola”. Y Vidales lo espetó diciéndole: “Y usted no se me ponga a tiro de bastón”.

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