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Lunes, 12 de octubre de 2026

Colombia: ¿Anomalía ideológica en el mapa regional?

Colombia Anomalía ideológica en el mapa regional

Colombia: ¿Anomalía ideológica en el mapa regional?

Alfonso Luna Geller

En estos tiempos, cuando la política obedece más a algoritmos que a ideas, las encuestas funcionan como brújula, nunca como oráculo. Leerlas exige beneficio de inventario. Retratan el pasado inmediato, pero jamás predicen el futuro. Aunque fallan por su sesgo urbano y su indiferencia por el voto rural, sirven para entender emociones colectivas como el miedo, la rabia o la esperanza.

Esta aclaración resulta vital frente a la desaparición de la disciplina ideológica o partidaria, que fue remplazada por las fake news y la manipulación a través de redes sociales; y la pérdida de liderazgos nacionales tipo Gaitán, Galán, Gómez, Serpa o Uribe, que fue compensada por influencers. A esto se ha sumado la inteligencia artificial, que remplaza a los partidos y organizaciones políticas en la creación de contenido atractivo. En consecuencia, la decisión de voto responde ahora es al pragmatismo puro. Yo mismo, liberal de vieja data, hoy me ponen a dudar frente a la urna.

Entonces, despojado de pasiones ideológicas y observando las variables sociológicas y estadísticas registradas en los procesos electorales de América Latina entre el 2022 y el 2025, he podido deducir que la mayor motivación electoral ha sido el «voto castigo» masivo.

Gobiernos en ejercicio perdieron elecciones, sobre todo en contextos de inflación, inseguridad y deterioro del ingreso real. La orientación ideológica del gobierno saliente ha resultado secundaria frente al malestar social acumulado.

Chile giró drásticamente hacia la derecha radical con José Antonio Kast; Bolivia eligió a Rodrigo Paz Pereira tras décadas del MAS; Ecuador ratificó la mano dura de Daniel Noboa y Argentina entregó el legislativo a Milei. Bukele, el populista de derecha, en El Salvador; Mulino en Panamá y Abinader en República Dominicana refuerzan la tendencia. Incluso el triunfo de Gustavo Petro en 2022 obedeció a esta lógica: insatisfecho tras la pandemia y el estallido social, el pueblo castigó duramente al gobierno de derecha saliente (uribismo), buscando el cambio en la orilla opuesta del espectro político. La insatisfacción tumba presidentes sin mirar su orilla política.

Dos factores detonan este comportamiento: el bolsillo y el miedo. La inflación pospandemia destrozó el salario real. En Argentina, Milei ganó no por su teoría económica austriaca, sino porque el peronismo llevó la inflación al 140%. La gente votó contra la pobreza, no a favor de la escuela austriaca.

Otro factor determinante es la seguridad. La izquierda suele enfocarse en derechos de segunda y tercera generación (identidad, medio ambiente, cambio climático, cultura, revisionismo histórico). Pero el crimen organizado (narcotráfico, extorsión, secuestro, minería ilegal, etc.) obliga a buscar la satisfacción de la necesidad más básica: la seguridad física. El electorado percibe que la izquierda tiene un «complejo» o una incapacidad narrativa para usar la fuerza legítima del Estado contra el crimen. La derecha llena ese vacío con un mensaje simple y contundente: Orden. Ante el miedo, el ciudadano sacrifica libertades o discursos de derechos humanos a cambio de tranquilidad.

En resumen, en temporadas electorales, lo que se observa es una respuesta fuerte a preocupaciones sociales centrales (seguridad, economía, corrupción), que ha beneficiado a candidatos o partidos que se posicionan como alternativa.

Aterrizando en nuestro solar, las encuestas perfilan tres bloques para 2026. Iván Cepeda lidera con el 32%, capitalizando la estructura del Pacto Histórico. Abelardo de la Espriella agrupa la derecha dura con un 18%. Sergio Fajardo, desde el centro, marca cifras modestas pero decisivas.

Con la experiencia electoral reciente en el vecindario y las tendencias anotadas, se puede bosquejar un escenario colombiano 2026, afectado adicionalmente por la intervención directa e indirecta del gobierno de los Estados Unidos para inducir el deterioro en seguridad y economía, garantizando que Petro llegue muy débil al cierre, y así, el discurso de “mano dura ya” se vuelva necesario.

La crisis que se está diseñando queda condensada en la frase de Donald Trump: «El siguiente es Petro», la cual anticipa una alineación geopolítica adversa. Con el sur del continente girando a la derecha, Colombia quedó como una «isla» ideológica bajo presión económica. ¿Será “la siguiente”?

Puede concluirse entonces que, si el actual gobierno no entrega resultados tangibles en seguridad y economía durante los próximos seis meses, la estadística dicta sentencia. Y no se trata de una conversión ideológica profunda de los pueblos, solamente de un mecanismo de defensa ante la incertidumbre, y lectura de redes sociales.

El momento exige reflexión fría. El que confunda deseo con análisis se equivoca. El que ignore el voto castigo repite errores.

Entender esto no garantiza ganar. Ignorarlo asegura perder.


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Alfonso J. Luna Geller[email protected]

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