Necesitamos aprender a ser agradecidos

Necesitamos aprender a ser agradecidos.
GLORIA LEÓN VALENCIA
Nuestro Manual de Vida, las Sagradas Escrituras, nos enseña que debemos vivir en gratitud.
A diferencia de los adultos, que sabemos que debemos aprender a dar las gracias, los niños no lo saben y es nuestro deber enseñarles a ser agradecidos.
Debemos tener como constante en nuestro diario vivir ser agradecidos; por ello, ante todo, que primero que todo, debemos darle gracias a Dios por permitirnos un día más de vida, por la maravillosa familia que tenemos, por nuestros familiares, amigos, por el trabajo etc.
Por la salud y las fuerzas que nuestro Padre Celestial nos da, para afrontar todas las adversidades que se puedan presentar en la vida.
Un ejemplo a seguir es Salomón, quien nos enseña a ser agradecidos. La actitud normal de ser agradecidos, es siempre dar gracias a Dios por todo.
Un corazón no agradecido siempre está quejándose; no le ve el lado positivo a las circunstancias por las que está atravesando, tal como sucedió la actitud del pueblo de Israel en el desierto.
Debemos dar gracias a Dios porque, en todas las situaciones, Él obra para nuestro bien y nunca nos deja desamparados. Su palabra dice: “Todo viene a bien a los que Dios ama”.
El apóstol Pablo nos exhorta que, en todo momento y en cualquier circunstancia de nuestras vidas, debemos dar gracias a Dios.
En Cristo somos más que vencedores y, aun en los desiertos, Él nos permite hallar el oasis.
Cuando el Espíritu de Dios mora en nuestras vidas, aprendemos a ser agradecidos porque confiamos en sus promesas.
Debemos darle gracias a Dios porque Su presencia está con nosotros. A través de la gratitud, Dios se manifiesta y nos lleva a otro nivel en nuestra relación con Él.
Cuando cultivamos en nuestros corazones la gratitud hacia Dios y hacia los demás, ella nos conecta con los demás y con lo divino.
Debemos dar gracias a Dios porque envío a Su Hijo para redimirnos de nuestros pecados y a las personas que nos han hablado del Evangelio para la salvación de nuestras vidas.
Dar gracias es el comienzo de la gratitud, pero esta se demuestra con los hechos. Es necesario tener un corazón agradecido para cultivar la relación, primeramente, con Dios y luego con los demás.
Estoy agradecida a Proclama por permitir que mis artículos sean difundidos y por proclamar la palabra de Dios-
Le doy gracias a Dios por mi familia, por mis amigos y compañeros de trabajo, quienes me han permitido crecer y ser cada día una mejor persona.
Le doy gracias a Dios porque, a través de la gratitud, estoy liberada de la amargura, el egoísmo y soy una nueva persona.
Bendiciones.
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