CLASE DE GEOMETRIA.

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La atención de Mario, Omar, Néstor, Toño y otros estaba centrada en la clase. El profesor con un marcador se acercó al tablero. Trazó con escuadra y regla un triángulo. Y enunció el teorema: “La suma de los tres ángulos de un triángulo, en la geometría euclidiana, es igual a dos ángulos rectos o 180 grados.” Y los estudiantes centraban la mirada en el trazo hecho por el profe. La mano en la oreja, pendientes del siguiente paso. El profe volvía al tablero señalaba con números los ángulos: (1,2,3) Omar, el pequeño pelirrojo miraba el tablero y anotaba en el cuaderno. En los vértices del triángulo trazó las letras (ABC). Luego la AD línea paralela a CB.

El curso permanecía atento, el codo en el pupitre. Movían la cabeza con sorpresa, mientras el profesor prolongaba la línea CA y AB, Francisco, Néstor, Germán seguían la línea y la voz del matemático, con emoción.
El profesor se retiró del encerado y señaló como la prolongación de las líneas, de las cuales planteó como se formó otro ángulo igual al número tres (3). Ese ángulo es igual al ángulo interior.
Cada uno de los estudiantes, el codo en el pupitre, a la expectativa del desarrollo de la demostración. ¿Cómo se iba a llegar a que la suma de los tres ángulos de un triángulo……? A continuación, el docente recordó el teorema de ángulos interiores alternos. “es una de las normas más relevantes en la geometría.” Este teorema establece que, si dos líneas son paralelas y son cruzadas por una transversal, entonces los ángulos alternos internos son iguales. Las manos de los colegiales no se separaban de las mejillas. La atención que tomaba el enredo de los ángulos internos y externos, la adición necesaria, las sustituciones necesarias hasta que llegó el momento, en que el “cucho” mostró como los ángulos, los tres construidos sobre la línea AD, se encontraba en la recta. El teorema demostraba como los tres ángulos de un triángulo suman…Y en ese instante la sorpresa del ¡Goool! inesperado. Ellos escuchaban por el audífono conectado al celular.
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