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Polifemo y el Ciudadano.

Polifemo y el Ciudadano.

SILVIO AVENDAÑO

En el viaje hacia Ítaca se detiene Odiseo con sus compañeros en la tierra de los ciclopes. Entran a una gruta, encienden una hoguera, comen algunos quesos… En la tarde llega Polifemo con su rebaño. Con una enorme roca cierra la entrada del antro. Y sin hospitalidad devora a varios hombres. Atrapados permanecen Odiseo con sus acompañantes. Idean un plan para salir.  Al volver el monstruo agarra a dos compañeros los estrella contra el suelo y los devora. Mi nombre es «Nadie» (outis) le cuenta Odiseo al gigante. El ciclope se emborracha con el vino que le ofrecen y, cae de espaldas, rendido por el sueño. Entonces, una estaca de olivo, al rojo vivo, le clavan en el único ojo. Polifemo grita, pide ayuda. Y ante «¡Nadie me ataca!», los otros cíclopes consideran que no necesita ayuda. Odiseo y sus hombres escapan ya que el ciclope no ve. Ya en el barco, el héroe grita su nombre real por soberbia. Polifemo lanza rocas, reza a su padre Poseidón quien hará imposible la vuelta a Ítaca.

En el Ulises, novela de Joyce (publicada en 1922), convierte el episodio del Ciclope, de la Odisea, en un fanático nacionalista:

Leopold Bloom entra a la de taberna de Barley Kiernan. Allí está el ciudadano que odia a los extranjeros, con un perro gruñón. Leopold se acerca a la mesa del personaje. “Así que empezaron a discutir, Bloom diciendo que no quería y no podía y que se le excusara sin tomarlo a mal gusto y todo eso y luego dijo bueno que tomaría un cigarrillo. Coño, es un tío prudente, no cabe duda.” Pero igual que Polifemo, en el libro IX de la Odisea, el Ciudadano sólo quiere acabar con los extranjeros. “Con que empiezan a hablar de la pena capital y naturalmente que Bloom sale con el por qué y él cómo…” El Ciudadano, quien mira por un solo ojo: (nacionalismo, odio a los extranjeros e inmigrantes) poco a poco, vierte la furia sobre Leopold Bloom porque no es irlandés. Desde el fanatismo el Ciudadano ataca a su interlocutor.

-Estafando a los campesinos-dice el Ciudadano-y a los pobres de Irlanda. No queremos extraños en nuestra casa.

Igual que Ulises, Bloom un donnadie (outis) frente a la prepotencia y odio del Ciudadano, argumenta:

– “Persecución, toda la historia del mundo está llena de eso, perpetuando el odio nacional entre las naciones.”

Pero el espíritu camorrero del Ciudadano no cede y cada vez se enfurece más cuando Bloom le recuerda que:

– “Mendelsohn era judío, Carlos Marx, Mercadante y Spinoza. Y el Salvador era judío”.

El precio de tal afirmación saca al Ciudadano de casillas:

– “Por Cristo- dice-, le voy a abrir la cabeza a ese jodido judío por usar el santo nombre. Por Cristo, le voy a crucificar. Ya vera.”

El Ciudadano ataca a Bloom arrojándole una lata, que éste esquiva. Perseguido por el perro del Ciudadano, escapa Bloom a la furia nacionalista. Sale a la calle y milagrosamente aparece el carruaje del profeta Elías que eleva a Bloom a los cielos, “en un ángulo de cuarenta y cinco grados”.


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