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Viernes, 2 de octubre de 2026
domingo 4 agosto, 2013 a las 3:08 pm

Aprendamos de Cali

Luis Barrera
Luis A. Barrera M.
[email protected]

Terminaron los IX Juegos Mundiales en Cali y la primera conclusión positiva que resalta a la vista es la vuelta de la capital vallecaucana por sus buenos tiempos de participación ciudadana y organización de un evento que en algo recupera la imagen y el liderazgo de sus gobernantes y dirigentes.

El certamen sirvió para reactivar temporalmente la deprimida economía de muchos caleños y mostrar el lado amable, alegre y optimista de una ciudad que había perdido su civismo, optimismo y fe en los propios y sus destinos.

Este ejemplo deportivo sirve para demostrarnos la necesidad de contar, especialmente en el sur occidente colombiano, en la región Pacífica, con auténticos líderes empresariales y dirigentes visionarios y acuciantes que lastimosamente se perdieron con el siglo pasado.

Los departamentos del Pacífico colombiano en su inmensa mayoría aún en el subdesarrollo, están inundados de problemas y padecen una gran falta de talento directivo tanto en lo público como en lo privado, que sea capaz de combinar los retos de la globalización y el avance de las nuevas tecnologías con una, cada vez más necesitada, cultura emprendedora.

Y no es que no tengamos gente capacitada, sino que requieren de oportunidades. Estamos ante una nueva situación de transformación radical en la forma de operar y hacer negocio, en la que la imaginación de las personas y especialmente la de los que toman decisiones resulta determinante para ganar un futuro, del que apenas sabemos que será distinto al pasado.

Cali se lució con los Juegos Mundiales y no hace mucho los caucanos proporcionalmente también demostramos que podíamos celebrar una gestas nacionales. Esto contribuye además para contrarrestar ciertos complejos tercermundistas y parroquiales en los que solemos caer, cuando nos aferramos al pasado y el inmovilismo.

Muchas de nuestras culpas y ataduras de atraso, por egoísmos políticos y territoriales, añaden mayor complejidad al panorama de la región, porque quizá aún tenemos complejo de inferioridad y nos no atrevemos a pensar en grande y es por eso que en esta época de trascendentales cambios que vivimos, muy pocas de las personas que están ocupando puestos de responsabilidad pueden ser consideradas como auténticos líderes, estos es, individuos capaces de transformar y crear contextos organizativos retadores y atractivos.

La mayoría de nuestros gobernantes y dirigentes son más bien gestores, jefes que mantienen, reproducen, conservan y responden con soluciones viejas a problemas nuevos.

Cali está en busca del liderazgo perdido. Bien por su alcalde y los organizadores de los Juegos Mundiales, esa actitud hay que reproducirla por todo el Pacífico colombiano, porque quien atribuye a las crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El problema de las personas y las comunidades, es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar la crisis, es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro, demostremos, como los caleños, que son capaces de medírseles a cualquier reto internacional.

Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla. No derramemos lágrimas sobre lo mojado, no nos quejemos tanto, ni maldigamos nuestras desventuras y desdichas, apoyemos más nuestros gobernantes y dirigentes, empujémoslos a que sean mejores y hagan de sus responsabilidades tareas cumplidas.

El Cauca, y muchos de sus municipios, requieren de alguien que se atreva y tome el desafío que implica movilizar a las personas en tiempos y escenarios de incertidumbre, donde las respuestas no son conocidas, y donde las personas se deben hacer responsables del problema y de buscar las soluciones.

Esto es la esencia de buscar el liderazgo perdido. Nuestras ciudades requieren de personas dispuestas a poner los problemas difíciles “en la mesa”, ejerciendo liderazgo, con o sin autoridad o poder. Personas dispuestas a nadar contra la corriente y los paradigmas establecidos. Gente capaz de generar tensión; una tensión movilizadora. Pero al mismo tiempo, gente capaz de contener la presión que generan los cambios y los conflictos, pero en la medida suficiente que no de paso a disminuir el trabajo adaptativo.

Está demostrado: sin liderazgo, no hay cambio. Sin cambio, no hay adaptación. Y sin adaptación, no hay soluciones. Pretender salir de la crisis sin liderazgo, es querer salir de ésta, haciendo lo mismo, sin querer «sacrificar», recordemos que nada cae del cielo gratis.

En ese sentido ahora que estamos en calistenia preelectoral no olvidemos tampoco que el liderazgo para sacar nuestros pueblos de la oscuridad se convierte en una necesidad. Los tiempos de crisis en épocas pasadas permiten entender que no se deben repetir los errores que se cometieron en ese entonces.