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Domingo, 11 de octubre de 2026

Al final del día, son agricultores

Al final del día, son agricultores
Marcela Urueña Gómez
Marcela Urueña Gómez Directora Ejecutiva de Procaña | Ex-Viceministra de Asuntos Agropecuarios | Impulsando Sostenibilidad, Competitividad y Seguridad Jurídica del Agro Colombiano | Arquitecta de Alianzas Público-Privadas y Desarrollo Rural

23 de junio de 2026

Detrás de las cifras de la economía, de las noticias financieras y de los largos expedientes de los jueces, siempre hay rostros humanos. Desafortunadamente, la reciente noticia de la quiebra y liquidación del Ingenio La Cabaña se ha tomado en Bogotá como una liquidación empresarial más. Como el simple cierre de un negocio al que le fue mal en el Norte del Cauca. Así lo dejaron ver las declaraciones de la Superintendencia de Sociedades el pasado jueves en la radio. Pero quienes caminamos el territorio y compartimos las angustias y preocupaciones de la gente en región, sabemos que la realidad es otra: estamos ante una crisis social muy grave que está a punto de estallar.

Al final del día, esta no es una crisis de grandes corporaciones; es una crisis de agricultores.

Hablemos las cosas como son, con la verdad de los datos, pero sin perder de vista el drama que viven las familias del campo, en una zona donde la tranquilidad y la seguridad ya están bastante deterioradas. El cierre de La Cabaña deja en el aire a 957 familias que le entregaban su caña al ingenio. Lo alarmante, lo que verdaderamente debería quitarle el sueño al Gobierno y al Ministerio de Agricultura, es que 8 de cada 10 de estos afectados son pequeños productores. Son familias campesinas, comunidades afrodescendientes e indígenas, que siembran en parcelas que no superan, en promedio, las dos hectáreas. Para estos 777 pequeños agricultores, la caña no es un negocio de ganancias abstractas en un papel; es la comida de la semana, el estudio de sus hijos y el sustento diario. Hoy, tras acumular más de un año y medio sin recibir un solo peso por las cosechas que entregaron con tanto esfuerzo, su realidad es el abandono total.

Mientras las familias sufren, la respuesta del Gobierno se ha quedado francamente corta. Hemos visto al Ministerio de Trabajo armar con urgencia mesas de diálogo, un esfuerzo que se entiende, pero que está descuidando el panorama completo al concentrarse únicamente en el tema laboral y en los sindicatos de los trabajadores directos de la planta. Se les olvida que el campo es una cadena y que el eslabón más débil, el pequeño cultivador independiente, no tiene un sindicato que lo represente en Bogotá ni que salga a protestar a las carreteras del Norte del Cauca. Si dejamos a los agricultores por fuera de las soluciones, estaremos empujando el tejido social de una región golpeada por la violencia hacia las manos de la ilegalidad y la falta de oportunidades.

El nuevo Gobierno tiene en sus manos un llamado urgente que no da espera. No se trata de dar ayudas temporales que funcionen como paños de agua tibia, sino de actuar con verdadera visión de Estado. Es necesario que el Ministerio de Agricultura lidere una mesa puramente agrícola —así como el Ministerio de Trabajo hizo la suya— para congelar deudas y buscar alivios financieros reales con Finagro y el Banco Agrario, además de buscar opciones de cultivos alternativos para estos pequeños productores. Para lograrlo no tienen que inventar la rueda: los gremios de la caña tenemos el conocimiento técnico, el mapa de cada predio y los expertos listos para trabajar. La burocracia del Estado debe darle paso a la experiencia de quienes sí conocemos el suelo que pisamos.

En medio de tanta incertidumbre, quiero enviar un mensaje directo, claro y de apoyo sincero a los cañicultores del Norte del Cauca: no están solos. El cierre de una empresa no va a borrar la vocación agrícola de sus tierras.

Desde Procaña nos hemos puesto la camiseta para defender el patrimonio de sus familias. Por eso, hemos venido organizando con mucha rigurosidad un esquema de asesoría jurídica colectiva con firmas de abogados expertas, para que los productores puedan unirse en un solo bloque técnico y defenderse con tarifas preferenciales. En el terreno legal, como en la agricultura, cada caso exige una estrategia propia y rigurosa ante los jueces; por eso, actuamos con total honestidad y responsabilidad gremial, sin vender falsas promesas, pero con la certeza de que de la mano de los abogados, pondremos todo el peso, el empeño y el conocimiento de nuestra institución para que sus reclamaciones de deudas se radiquen con el mayor rigor legal y para batallar con firmeza por la devolución de sus tierras.

Nuestras puertas están completamente abiertas. Esta invitación no es solo para los afiliados de siempre; es para cualquier proveedor de caña que hoy sienta que se quedó sin piso. Vengan, visítennos en nuestras oficinas en Cali, conozcan de primera mano las alternativas de defensa que hemos gestionado y hablemos. En Procaña creemos firmemente que la unión de todos es la única fuerza capaz de transformar la preocupación en una estrategia sólida para salir adelante con dignidad. Nuestra tierra se defiende produciendo, y los agricultores nos respaldamos juntos.

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