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Viernes, 2 de octubre de 2026
miércoles 16 julio, 2014 a las 5:41 pm

AHMED

Paul Disnard
Mariola del Pozo*

Salieron los niños de la escuela, y el cielo de la plaza se teñía de una alfombra de colores imposibles.

Las mochilas volaban al aire, mariposas de colores esperando el olor de la merienda, y al fondo… Ahmed.

Tenía su mochila negra, rota de tiempos de remiendos, escondida en un abrazo.

El sueño de Ahmed era tener una mochila de colores… ése era el único sueño que tenía.

Y aquella tarde, en una plaza de Ramala, los soldados hicieron realidad su sueño. Porque aquella tarde en aquella plaza de Ramala los soldados tiñeron de rojo su mochila negra.

Sucedió en Palestina, donde los niños sueñan con ser piedras,

y las piedras sueñan con ser libres.

 

*Nota.

Paul DisnardHe visto fotografías inauditas de Gaza. Años atrás, una activista norteamericana se tendió en el suelo para impedir el avance de una aplanadora cuyo fin era echar por tierra las viviendas de los campesinos que se resistían al saqueo y la violencia del usurpador. Manejada por algún nieto descendiente de uno de los sobrevivientes del holocausto la aplanadora pasó por encima de ella. Fue total el silencio cómplice del régimen y de los medios publicitarios. Ahora nuevamente se repite la dantesca ráfaga del crimen. De entre los numerosos cantos de las poetas del mundo hispano parlante que levantan su voz y sus poemas como banderas de combate por la paz y el amor entre los pueblos, he escogido este de Mariola del Pozo, poeta de Extremadura, cuentacuentos brillante dedicada a cultivar la esperanza de los niños por un mundo mejor, y mientras el terrorismo del imperio azota varias regiones del mundo, en Vietnam entonces más de 140 mil campesinos (mujeres y niños) en un abrir y cerrar de ojos fueron masacrados por las tropas de asalto.

Y ahora, hoy y mañana, buscando esa ignota estrella de la esperanza un ejército de niños valerosos y decididos, solidarios como las arenas del desierto, cruza las fronteras del imperio que nació de la violencia, del robo, del asesinato y del genocidio de los aborígenes dueños absolutos y por derecho propio de sus vidas y de sus tierras, en su sed de riqueza y despojo acabaron con los búfalos, se cebaron destruyendo sin misericordia incontables asentamientos milenarios, barridos sus campamentos y sus tiendas de pieles a plomo y fuego por soldados ignaros descendientes de inmigrantes de otros pueblos del otro lado del océano que llegaron también al nuevo continente buscando el favor de la fortuna que les fuera negada en sus propios países.

PAUL DISNARD

Jamundi, 15 de julio del 2014