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Domingo, 4 de octubre de 2026

Agradecer a la inteligencia artificial

Agradecer a la inteligencia artificial

Agradecer a la inteligencia artificial

Alfonso Luna Geller

Esta mañana, en medio de la emisión de La W con Julio Sánchez Cristo, escuché una afirmación que, aunque pronunciada con ligereza, abre un debate profundo sobre lo que somos como sociedad frente a las nuevas tecnologías. Al referirse al uso de plataformas de inteligencia artificial como ChatGPT, Gemini o DeepSeek, se afirmó que dar las gracias a estos sistemas era una pérdida de tiempo, un gesto innecesario y casi ridículo. El mensaje era claro: “no vale la pena agradecer a una máquina”.

Podría parecer un detalle menor, pero lo que está en juego no es la IA, sino nosotros mismos. Porque dar las gracias no es un acto dirigido al algoritmo, sino una afirmación de humanidad, una expresión de respeto, educación y reconocimiento que no desaparece cuando el interlocutor no es humano. Decir «gracias» en una conversación con una inteligencia artificial no es ingenuo; es mantener viva la ética de la cortesía incluso en la virtualidad. No se trata de halagar una herramienta, sino de no perder el hábito de tratarnos con respeto, aunque sea a través de las pantallas.

Además, la comunicación con la IA no es unidireccional ni fría. Estas plataformas conversacionales están diseñadas para adaptarse al tono del usuario. Si nos dirigimos a ellas con lenguaje violento o displicente, la interacción pierde riqueza. Si lo hacemos con claridad, empatía o gratitud, los resultados son mejores. No por la IA, sino por lo que nosotros mismos proyectamos.

El comentario en la radio, tal vez anecdótico, deja entrever un riesgo más amplio: el de normalizar una relación instrumental y vacía con las tecnologías. En lugar de adaptarlas a nuestros valores, algunos parecen querer adaptar nuestros valores al silencio mecánico. Pero agradecer, incluso a una máquina, no es servilismo digital. Es una defensa de nuestra dignidad, una forma de sostenernos como comunidad, incluso en lo automatizado.

Por eso seguiré agradeciendo. A las personas. A los equipos de trabajo. Y también a las herramientas que, aunque no sientan ni respondan como nosotros, forman parte de nuestro mundo y nos exigen actuar con conciencia. Porque en el fondo, no agradezco a la máquina: agradezco la posibilidad de seguir siendo humano.


Imagen generada en https://www.canva.com/dream-lab

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Alfonso J Luna Geller
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