No son lo mismo dos tazas de té que…
Por Jairo Cala Otero / Periodista – Cultor del español correcto
Algunos periodistas colombianos tienen confusión con los topónimos Antioquia y Antioquía. La diferencia gramatical es mínima: una tilde o virgulilla sobre la última vocal “i”. Pero geográficamente esa diferencia es mucho más profunda y distante.
Veamos, primero, algunos titulares y fragmentos noticiosos en la prensa nacional, que reflejan tal confusión:
• “Investigación por libertad de alias ‘pantera’ pasa a seccional de Antioquía”.
• “El sospechoso, capturado por la Policía, es natural de Titiribí, Antioquía”.
• “La explosión ocurrió en una mina de carbón en Amagá, Antioquía”.
• “En Antioquía emprenden programa de redención de alcohólicos”.
Para contribuir a que algún día cese tal confusión, repasemos lo que los textos de geografía universal nos enseñan sobre Antioquía (con tilde):
“La ciudad de Antioquía (En turco, Antakya) se localiza en lo que hoy es Turquía. Cuenta con 145.000 habitantes. Situada en el margen oriental del río Orontes, fue fundada a finales del siglo IV a. C. por Seleuco I Nikátor, como capital de su imperio en Siria. Seleuco I había servido como general con Alejandro Magno y el nombre de Antiochus era frecuentemente usado entre miembros de su familia.
“Antioquía ocupa un importante lugar en la historia del cristianismo. Fue en esta ciudad donde Pablo (el apóstol) predicó su primer sermón cristiano en una sinagoga, y donde los seguidores de Jesús fueron llamados cristianos por primera vez (Hechos de los Apóstoles 11,26). Al expandirse el cristianismo, Antioquía fue una de las sedes de los cuatro patriarcados originales, junto con Jerusalén, Alejandría y Roma.
“Antioquía fue llamada la Reina de Oriente, por estar ubicada sobre el camino entre Oriente y Occidente, y como tal es un importante centro de comercio. Por muchos siglos fue una de las principales ciudades del Imperio romano, con una población de medio millón de habitantes. El emperador Aureliano erigió varias estructuras públicas monumentales y luego Constancio II construyó una catedral octogonal, la cual fue destruida en un terremoto en el año 526.
“Los persas conquistaron la ciudad en el año 540. Los bizantinos recuperaron Antioquía, pero finalmente ésta sucumbió ante los musulmanes en el 636. La ciudad permaneció bajo control árabe hasta el año 969, cuando fue recuperada por el emperador bizantino Nicéforo II Focas. La ciudad cayó nuevamente en 1085, esta vez a manos de los turcos selyúcidas.
“Treinta años después fue conquistada por los cruzados durante la Primera Cruzada y se convirtió en capital del Principado de Antioquía. La mayor parte de los siglos XII y XIII estuvo bajo tutela de los cruzados, hasta que fue tomada por el sultán mameluco Baibars en 1268. Éste destruyó la ciudad a tal punto que nunca más volvió a ser una ciudad importante.
“En 1517 fue conquistada por los otomanos y pasó a formar parte del Imperio otomano hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, y desde entonces de la moderna Turquía, a pesar de que en la actualidad siga sobreviviendo un fuerte sentimiento sirio entre sus habitantes. Antakya es hoy la capital de la provincia turca de Hatay”.
Y para guardar el paralelo, la abismal diferencia, leamos ahora lo que se nos enseña sobre Antioquia (sin tilde):
“Antioquia: es uno de los 32 departamentos de Colombia, localizado en la zona noroccidental del país. Fue uno de los nueve Estados originales de los Estados Unidos de Colombia. Su capital es Medellín, segunda ciudad en población y economía de la nación.
“Posee un total de 63.612 km² y una población (hasta el 2005) de 5.682.276 de habitantes. Su densidad es de 89,33 habitantes por km².
“Quien nace en tierras de Antioquia recibe el gentilicio de antioqueño. Limita al norte con el mar Caribe y con el departamento de Córdoba; al occidente con el departamento del Chocó; al oriente con los departamentos de Bolívar, Santander y Boyacá; y al sur con los departamentos de Caldas y Risaralda.
“Antioquia es una de las entidades territoriales más antiguas de Colombia. Fue creada en 1576 con el nombre de Provincia de Antioquia, el cual conservó hasta 1856 cuando se conformó en Estado Soberano. Éste, posteriormente, (1886), se convirtió en el actual departamento.
“El departamento de Antioquia se encuentra dividido en 125 municipios, uno de los cuales, (Turbo), es Distrito especial portuario. Su actual gobernador es Luís Alfredo Ramos Botero (2008-2011)”.
¿Abismal la diferencia, no? Ojalá no se desvíen más las noticias, por terrenos tan distantes, sólo por culpa de una virgulilla inclinada sobre la última “i” de Antioquia.
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Preguntan los lectores
Don Jairo: participé de su conferencia en Ibagué, programada por la Acord y la CUM. Lo entrevisté para nuestro noticiero RCN, y conservo el gran respeto y admiración por su dedicación en los temas del idioma, así como su constancia en enseñarnos.
Aprovecho para consultarle una expresión muy usada, especialmente, en mi campo: los deportes. Tratando de definirla o conocerla mejor encuentro muy poco sobre ella.
¿Qué es una tromba? Se dice que “El Tolima se fue como una tromba sobre Equidad”, para indicar que le pasó por encima, lo acosó, lo superó, pero, en definitiva, qué es una tromba. Si me puede colaborar, por favor… Muchas gracias y disculpe que lo moleste en algo tan personal, entendiendo sus ocupaciones. (Elmer…).
Respuesta: Gracias, Elmer, por escribirme. Me satisface que todavía me recuerde; pero más aún, que tenga vivo interés en el español correcto.
Respecto a su inquietud puedo decirle lo siguiente: el vocablo «tromba», de género femenino, significa una columna de agua que se eleva en el mar, esto es, una ola enorme. Se supone, naturalmente, que tal cuerpo de agua arrasa con lo que encuentre a su paso. En otra aplicación más amplia se dice que «tromba» es algo que sucede con ímpetu o excesiva fuerza.
En el campo deportivo se ha dado en aplicar la palabra para significar que hay una acción enérgica sobre un determinado blanco: un equipo, en estos casos. Si se dice que el equipo N se lanzó como una tromba sobre el equipo Y se está diciendo que lo apabulló, lo arrinconó o lo disminuyó en su vitalidad. A esos giros, apreciado Elmer, se los conoce con el nombre de metáforas. Son válidas, pero no hay que abusar tanto de ellas. Las usan con mayor frecuencia los poetas y literatos.
Jairo Cala Otero
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