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lunes 17 agosto, 2015 a las 9:42 am

HARAKIRI 1962

harakiri
Rodrigo Valencia
Rodrigo Valencia Q ©

Creo que definitivamente el arte es manía. Manía de ver, manía de oír, de leer, de presenciar, de rumiar. Cada quien con sus mejores o peores adicciones repite su escenario de presencias, quiere volver a la catarsis que produce en él su obra preferida; adhesión emocional, expectativa lúdica, intelectual, sensitiva, de piel, sentidos, intelecto y espíritu. «Matar el tiempo» con el olvido de sí mismo, rapto del ser total, inmersión en el evento estético del arte, cualquiera que sea.

Harakiri, un filme que vi por allá en 1965, en pantalla blanco y negro, cuando el cine era cine, película que nunca olvidé; se quedó como manía en el recuerdo, y así, la memoria olvidadiza siempre lo quiso recuperar. Hoy, a través de internet me he procurado su manía, he repetido varias veces este drama del séptimo arte, y constato su manía que subyuga, inexorable toque de la repetición que no cansa, imperiosa sensación de volver a caer. Obvio, lucidez de calidad, catarsis que tal vez inventaron los antiguos griegos con la representación de la tragedia y se quedó en la cultura insistiendo con su apertura a la imaginación, imaginación que siempre volverá a nacer en el terreno de la misma imaginación.

Una historia ocurre en el Japón de 1630; miles de guerreros samurais habían quedado en la pobreza porque había «tiempo de paz», y los señores feudales tuvieron que prescindir del servicio de muchos de ellos. Y el harakiri, forma de suicidio abriéndose el vientre con la daga samurai, era código de honor al cual algunos recurrían por diversas causas a que obliga una dura existencia. Pero la trama debe verla usted en esta excelente película de Masaki Kobayashi, de 1962, en donde el señor de la Casa de Iyi quiere imponer como conclusión: «Hamshiro Tsugumo, guerrero de la Casa de Geishu, murió por harakiri; los demás murieron por enfermedad»; así quiere conservar hipócritamente el «honor» de su casa de IYI, salvando tras una superficie de mentiras el reclamo más que justo que el guerrero Tsugumo fue a hacerle por la muerte de su yerno Motome Chijiiwa.

Harakiri 1962, filme fuera de serie, que después trató de imitar el comercio con pésimas películas sobre kung fu, karate, ninjas y demás cursilerías y estupideces con que una cultura de consumo se retarda en el tiempo hasta hoy en día.

Si le interesa, usted puede ver esta película en el enlace de abajo.

http://www.pelispedia.tv/pelicula/harakiri-seppuku/

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