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Domingo, 4 de octubre de 2026
lunes 17 agosto, 2015 a las 10:07 am

LA LUCHA DE LUCHO*

discapacitado

Omar Orlando Tovar TrochesPor: Omar Orlando Tovar Troches – [email protected]

*A esta historia, aunque basada en hechos tristemente reales, se le han cambiado algunas locaciones, y, por supuesto los nombres de los personajes.

Había una vez un país, de los que quedaban, y aún quedan, en el patio trasero de un gran imperio, en decadencia, pero al fin al cabo imperio. Al sur-oeste de este verde país existía una comarca localizada al norte de una comarca más grande que tenía el nombre del rio que la cruzaba, era una especie de cruce de caminos y el centro poblado más importante del norte de la comarca con nombre de río. Las gentes de allí vivían felices trabajando en las dos o tres factorías que aún quedaban, otros más se dedicaban a cultivar la tierra con dos o tres productos que les permitían su sustento; los demás, que eran la gran mayoría se dedicaban a comerciar lo que podían, ropa, zapatos, chécheres a mil, dos mil, etc., comida, licor, mucho licor y hasta tiempo.

En esta simpática comarca vivía Lucho, un tipo bueno, a quien otros no tan buenos le dejaron paralizadas sus extremidades inferiores; a pesar de eso, Lucho no se dejó ganar esta batalla, con esfuerzo aprendió a moverse en su asiento con llantas, aprendió a reparar las prótesis electrónicas que ahora llevan los humanos y que llaman celulares; con este oficio Lucho comenzó a ser un pequeño héroe. Del fruto de su trabajo, en un pequeño puesto de reparaciones de celulares, ubicado en donde los otros más pudientes iban a coger los carruajes llamados taxis, se daba mañas para sostener a esa familia que lo tenía como su héroe proveedor y su ejemplo.

Un buen día Lucho, como muchos de su comarca, creyó en uno de sus paisanos, que se dedicaba al bello arte de la política y que logró convencerlo de su propuesta de Unidos por la Comarca. Ilusionado como los demás, le ayudó a este paisano para que se convirtiera en el burgomaestre de la Comarca. La lucha de Lucho ahora tenía un aliado poderoso.

El tiempo fue pasando y el paisano burgomaestre de la Comarca, rápidamente se dio a la no tan fácil tarea de desilusionar a sus paisanos, se dejó contagiar con el embeleco de los otros burgomaestres antecesores suyos y de otras comarcas, de dejar para su historia obras faraónicas de cemento y ladrillo. Pronto emprendió la terminación de la bien intencionada idea de arreglarle la cara a la entrada y centro de comercio de dicha comarca, invirtió grandes recursos de las arcas de la comunidad en finalizar con bombos y platillos esa estética y repito, muy bien intencionada obra de su antecesor y hasta se dieron la pela, con sus también muy bien intencionados funcionarios, de darle un sonoro, republicano y faraónico nombre a esta deliciosa obra. Lucho, al igual que sus otros paisanos menos ilustres que trabajaban en los predios de la republicana, estética y faraónica obra de cemento, esperaban con ilusión que este embellecimiento urbanístico, les mejorara sus difíciles condiciones de trabajo. No fue así.

A los burgomaestres siempre se les olvida lo más importante, la gente, y aunque no se pueda creer, se les olvida la gente con discapacidades, no les dejan como moverse y para el caso de Lucho, hasta les quitan la posibilidad de seguir en su fatigoso intento de subsistir. Lucho, el héroe de su familia y sobre todo el de su hermana que también tiene una discapacidad, respetuoso como el que más de la autoridad y el orden, vio como día tras día le iban asignando los nuevos espacios a sus otros compañero de brega y a él no lo llamaban, decidió entonces ejercer su derecho de preguntar “¿por qué a los demás si y a mí no?”. No le contestaron directamente-“eso le toca a fulano, a zutano, a mengano o a perencejo”. Le dijeron que se tenía que asociar, que formara una fundación, que patatín y patatán y lo fueron haciendo a un lado, pero sin darle una razón verdadera. Sin embargo Lucho sigue su lucha.

No es final feliz, quisiera no tener que terminar la historia así. El final está en manos ahora, según un pergamino que le entregaron a Lucho, de su paisano el burgomaestre de la Comarca. Es necesario, entonces, dejar el relato en un insidioso CONTINUARÁ.

Coletilla: Aunque la Constitución Política de Colombia es garantista, los gobiernos y sobre todos los locales hacen todo lo posible por desconocer dichas garantías y se enojan cuando se les reclama así sea dentro del marco de la normatividad.

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