A LA SOMBRA DEL MAINE

UN POCO DE HISTORIA

En uno de los voluminosos tomos de las memorias de Benito Juárez que tuve la oportunidad de leer en la biblioteca de la Embajada de México, en Yugoslavia, aparece la curiosa información de que entre los edecanes de Bolívar se encontraba el hijo mayor de Agustín de Iturbide. Agustín Jerónimo participó con los patriotas insurgentes en la batalla de Ayacucho, fue luego diplomático de México en Londres y murió sin dejar descendencia en los Estados Unidos. Por otra parte Maximiliano, siendo ya Emperador, adoptó a dos nietos del ex monarca mexicano, los educó de tal manera para que en ellos, y a través de ellos, se conservara la agitada historia de los mexicanos que, con insistencia en su lucha emancipadora, ofrecían el trono del Imperio a alguna de las casas reales europeas, sin embargo, ninguna aceptó el riesgo de una confrontación ya que el rey de España rehusó la oferta porque Fernando VII no reconocía la emancipación de México.
Agustín de Iturbide, fiel a la corona española, había combatido en un principio a los patriotas mexicanos pasándose luego al bando de Vicente Guerrero y Guadalupe Victoria, finalmente fue coronado Emperador. Napoleón III tenía otros planes. Quizá la presencia del joven Iturbide entre los oficiales de Bolívar hizo que el caraqueño enviara una nota al gobierno de México, en aquella turbulenta época, pidiéndole atención y alerta a la presencia de Cuba en las vecindades del Mar Caribe por el temor de la voracidad expansionista de los Estados Unidos que no cejaba en su oferta a España de comprar Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El gobierno de los Estados Unidos quería comprarle a Colombia esa franja de tierra por donde se construiría el Canal de Panamá. Colombia no aceptó. Los Estados Unidos, años más tarde en una de sus tantas maniobras de política corsaria que lo han caracterizado a través de la historia, reconoció la incipiente declaración de Panamá que, con su apoyo, se proclamó independiente y soberana, de esa manera se hizo de esa franja de tierra que Colombia no quiso venderle. Trágico fue el final de Iturbide acusado de traidor y fusilado. Entre tanto José Martí, por agitador y rebelde, fue desterrado a España, pero en Cuba los mambises de Antonio Macedo continuaron la lucha cuyas banderas recogiera Fidel Castro y los guerrilleros de la Sierra Maestra: “… cantando a lágrima viva – navega Cuba en el mapa…“
No estaba de acuerdo López de Santa Ana en pedir ayuda a los Estados Unidos en esas trágicas horas de la fragmentada lucha emancipadora de los mexicanos. Ya perderían Texas, California y otros estados que hacían parte del Imperio mexicano. Nada de esto le pasó desapercibido a Napoleón III que buscaba de igual manera unos momentos más de gloria para Francia. Le gustó la idea a Maximiliano de Habsburgo y Carlota congenia y ama a todas las indias mexicanas que la adoptaron como madre protectora. Maximiliano pidió a su hermano, el emperador de Austria, que le enviara un contingente de campesinos húngaros, pero Leopoldo por ironía le envió varias familias de gitanos que pululaban en su Imperio. Y estos gitanos que congeniaron y se amalgamaron con el pueblo mexicano, muchos que provenían de regiones tales como Rumania, Serbia, Croacia, Slovaquia, Rusia, Ucrania, contribuyeron en gran medida al desarrollo cultural de esas gentes y de ese país que los recibieron con los brazos abiertos. Jesenija, la gitana, inspiró una de las grandes obras que trató de emular a la “María”, de Jorge Issacs. Jesenija significa en las lenguas eslavas Otoño. Como Yesenia aparece con poca y rara frecuencia en los nombres femeninos de la actualidad sí me sorprendió encontrarla en una humilde peluquería de Jamundí, así de igual fue grande también mi sorpresa ver titulada “Tequendama” una floristería en Belgrado, la capital de Serbia.
Tropas francesas estaban acantonadas en México, congeniaban con un ejército de mestizos y criollos que se sentían dignificados al mando de oficiales de escaso vocabulario que difícilmente hablaban español, pero en esta ocasión la lucha no estaba fragmentada como en la época de Vicente Guerrero, al grito ‘’!Viva Juárez!’’ la enorme masa de campesinos indígenas, acompañados de sus mujeres las sublimes ‘’adelitas”, arrollaba como un tifón, algo parecido al estallar la revolución contra el dominio porfirista. “¡Viva Zapata!” era una amalgama juarista en la que intermitente ardía la pasión y el indomable amor por México: “si he de morir en batalla – que tus ojos me vengan a llorar…”
La libertad cabalga un potro salvaje e indómito, su grito de guerra era la explosión de los rifles y las pistolas, los cantos y el rasgar de las guitarras: “si me han de matar mañana, ¡pues que me maten de una vez!”. De pronto en la oscuridad del Cine Colombia, en la Bogotá de los años 50, se escucha otro grito que respondía a los vítores de los mexicanos de la pantalla, la sala parecía estallar con el eco que se repetía espontáneo y lleno de admiración por otro guerrillero: “¡Viva Guadalupe Salcedo!” Al terminar la función nos encontramos con el hecho de que el ejército tenía acordonada la cuadra y los oficialitos de marras buscaban a los graciosos que vitoreaban a Marlon Brando y a Guadalupe Salcedo.
Dura, cruel y espinosa era la lucha de Benito Juárez, su gobierno y gabinete deambulaban de un sitio al otro con secretarios y documentos a cuestas, los únicos traidores estaban en la corte de Maximiliano que con él fueron fusilados en el Cerro de las Campanas al terminar la contienda. Carlota regresó trastornada a morir en una isla del Adriático, en las proximidades de Dubrovnik, su cerebro colapsó cuando se enfrentó a la cruda realidad de que fusilado Maximiliano lo tuvieran colgado de los pies en un galpón como si fuera un cerdo. Así también los italianos sacrificaron a Mussolini al terminar la guerra contra Hitler y sus aliados.*
Dos representantes del Cauca en el Congreso de los Estados Unidos de Colombia presentaron una moción por la cual se declaraba a Benito Juárez “Benemérito de las Américas”: “el respeto al derecho ajeno es la paz!” El Presidente Murillo Toro firmó el Decreto que, a la vez, ordenaba colocar en sitio destacado y de honor el retrato al óleo de Benito Juárez en la Biblioteca Nacional de Bogotá, era el mes de mayo de 1865.
El 25 de enero de 1898 los temores de Simón Bolívar eran una realidad. El gobierno de los Estados Unidos envió a manera de visita de cortesía al acorazado “Maine”, su propósito inmediato era amedrentar a España, esta mole de acero entró por la bahía de La Habana. España en retribución envía el crucero “Viscaya” hasta las puertas de Nueva York, pero el 15 de febrero a las 21:45, estando toda la oficialidad mayor en un baile que las autoridades locales ofrecían para agasajar a tan ilustres visitantes, una fuerte explosión sacudió a La Habana e iluminó de rojo el cielo. El “Maine” se había ido a la mierda. De los 355 tripulantes 254 murieron y dos oficiales de menor rango. Un artefacto en la sala de máquinas y en el pañol de la munición cumplió su cometido. Los Estados Unidos acusaron a España y le declararon la guerra, a las pocas semanas tropas norteamericanas ocuparon Cuba. El 11 de septiembre de 2001 aviones de control remoto se estrellan contra las Torres Gemelas de Nueva York. No se encontraron los restos de la tripulación, los supuestos terroristas habían ya desaparecido semanas antes en las mazmorras de Guantánamo. La tripulación del “Maine” había sido integrada por inmigrantes cuyo estatus de residentes estaba al parecer en trámite, decían las malas lenguas que muchos eran negros, lo cual no era cierto, no obstante la prensa norteamericana se apresuró a confirmar que fue un sabotaje de los españoles. El mismo cargo a Bin Laden, la finalidad como entonces era abrir un frente de guerra.
Jamundí, enero 25 del 2015
Notas al margen. El padre de Mussolini había sido un socialista activo que admiraba en extremo grado a Juárez, por esa razón dio a su hijo primogénito el nombre del indio oaxaqueño. El expresidente Alfonso López Pumarejo tuvo la delicada tarea de negociar con los rebeldes el cese de hostilidades y la rendición. Quienes no creyeron en las promesas y las palabras bonitas del emisario guardaron silencio y las armas. Los que si creyeron fueron silenciosa y lentamente abatidos en las calles. Saúl Fajardo logró buscar refugio en las oficinas de la Embajada de Chile, en ese mismo edificio bautizado con el simbólico nombre “A.J. Nariño” situado en la carrera sexta a pocos metros de la Avenida Jiménez, funcionaban las oficinas de los abogados payaneses Luis Carlos Pérez, Eustorgio Sarria y M.E. Pérez. El Presidente Videla de Chile le negó el asilo a Fajardo, y el embajador el poeta Gabriel Echavarria, indignado renunció al cargo pues no podía representar a un gobierno que desconocía los derechos civiles y menos aun servir en un país que con cinismo y cobardía asesinaba a sus rivales políticos. A los pocos minutos de abandonar la sede de la Embajada de Chile Fajardo fue acribillado en la Avenida Jiménez. Eduardo Franco corrió mejor suerte, logró eclipsarse y publicó un valioso documento de la época: “Las guerrillas del llano”. Murió en Bogotá hace ya un par de años.
C U B A
Por el mar de las Antillas
(que también Caribe llaman),
batida por las olas duras
y ornada de espumas blandas,
bajo el sol que la persigue
y el viento que la rechaza,
cantando a lágrima viva
navega Cuba en el mapa:
un largo lagarto verde
con ojos de piedra y agua.
NICOLAS GUILLEN





