DE LA ESPRIELLA – LA IMPLOSIÓN SILENCIOSA DE UNA CAMPAÑA SIN ARRAIGO

DE LA ESPRIELLA – LA IMPLOSIÓN SILENCIOSA DE UNA CAMPAÑA SIN ARRAIGO.

Por: Álvaro Jesús Urbano Rojas.
La reciente renuncia del Comité Regional del Cauca de la campaña presidencial de Abelardo De La Espriella ha generado un amplio debate y, por supuesto, controversia. La declaración de los renunciantes es clara y contundente: no están abandonando la campaña, sino que rechazan la imposición de un coordinador, Andrés Nazarith Vidal, un destacado y brillante líder afro del norte del Cauca, a quien los dimitentes, consideran distante a la dirigencia fundacional de la colectividad local. Este episodio no solo pone de manifiesto las tensiones internas dentro de la campaña, sino que también revela un problema más profundo de desconexión entre los líderes nacionales y las bases locales.
En su declaración, los miembros del comité expresan su sorpresa y descontento, argumentan que su renuncia no en la falta de recursos, sino a la imposición de un coordinador que no está relacionado con el comité departamental. Esta crítica resuena con un sentimiento común en la política colombiana: la necesidad de que quienes dirigen las campañas acaten la organización autónoma del colectivo en las regiones que representan.
El hecho de que un grupo de líderes locales se sienta menospreciado por los directores nacionales es un síntoma de un problema recurrente en la política colombiana. A menudo, los partidos y campañas políticas actúan con una visión centralista, desestimando la importancia de las voces locales. La política no es un fenómeno homogéneo; cada región tiene sus particularidades, y el Cauca, con su rica diversidad cultural y social, no es la excepción.
La renuncia no solo plantea preguntas sobre la estrategia de la campaña de De La Espriella, sino también sobre su capacidad para conectar con las inquietudes y necesidades de la población caucana. La elección de un coordinador que no encuentra identidad con el colectivo que pretende orientar es un error que podría costar caro en términos de apoyo electoral. La política es, en gran medida, una cuestión de confianza y cercanía; sin ellos, la campaña está destinada a enfrentar serias dificultades.
Además, la falta de respuesta por parte de los directivos nacionales a las inquietudes planteadas por el comité regional es otro punto crítico. Este silencio no solo refuerza la percepción de que las voces locales son ignoradas, sino que también puede ser interpretado como una falta de respeto hacia aquellos que han trabajado arduamente en la construcción de una base de apoyo en la región.
La renuncia del comité coordinador —encabezado por Diego Llanos Arboleda, Alfredo Pinzón y Fredy Vargas— no debe leerse como un episodio interno. Es, en términos electorales, la ruptura del único activo que realmente produce votos: la estructura territorial. En las campañas no ganan por discurso. Ganan por organización. Y cuando se rompe la organización, el resultado no es incertidumbre: es derrota anticipada.
El pronunciamiento del 18 de marzo, despeja cualquier duda. No se fueron por falta de recursos. No se fueron por diferencias ideológicas. Se fueron por algo mucho más delicado: el desconocimiento a la dirigencia local y a la imposición de un coordinador. Y ahí está el error fatal.
Ese mensaje autoritario e impositivo, genera desconfianza y la desconfianza, en campaña, se traduce en fuga silenciosa de apoyos. Lo más revelador del comunicado no es la renuncia en sí, sino la conclusión a la que llegan sus propios dirigentes: sienten que no tienen “valor, ni aprecio, ni respeto” para la dirección nacional.
Cuando un equipo territorial llega a ese punto, el problema ya no es organizativo. Es político. Porque una campaña que no respeta a su propia gente está condenada a competir sola y hacerlo así en el Cauca, es asomarse al abismo insondable del fracaso.



