EL CAUCA SABE A CAFÉ

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El sábado visité el evento en las instalaciones del Comité de Cafeteros del Cauca. Me gustaron su organización y la forma ordenada como registraron el ingreso gratuito de quienes asistimos a esta importante muestra ferial.
Allí confirmé que hay aromas que identifican nuestra región mejor que cualquier escudo. El Cauca huele a montaña húmeda, a tierra volcánica, a madrugada campesina y a café recién tostado. Durante tres días, Popayán fue el punto de encuentro de esa cultura. Cauca Sabe a Café 2026 reunió a productores, empresarios, compradores, expertos, baristas, catadores y consumidores alrededor de uno de los productos que mejor representan nuestra identidad.
No estamos simplemente ante una feria comercial. Estamos frente a una vitrina de lo que el Cauca puede ofrecer al mundo cuando las instituciones, los productores y la empresa privada trabajan con un propósito común. La Federación Nacional de Cafeteros, el Comité de Cafeteros del Cauca, Tecnicafé, la Gobernación del Cauca y otros aliados propiciaron el encuentro del pequeño cultivador con compradores, científicos y especialistas del mercado internacional.
La feria contó, además, con una agenda académica respaldada por expertos de seis países, investigadores del Coffee Quality Institute y delegaciones provenientes de veinte naciones. Esa presencia demuestra que el café caucano dejó de ser un producto exclusivamente local y tiene condiciones para competir en los mercados más exigentes.
Durante muchos años hemos hablado de las dificultades del Cauca: violencia, pobreza rural, carreteras deficientes, economías ilegales y abandono de extensas zonas campesinas. Todo ello existe y sería ingenuo esconderlo. Pero precisamente por eso resulta necesario mostrar también el otro Cauca: el que madruga, cultiva, emprende, innova y produce.
Detrás de cada taza hay años de trabajo de familias, empresarios del agro y pequeños productores que siembran, cuidan y cosechan. Hay manos que seleccionan los frutos maduros; procesos de beneficio, fermentación y secado; conocimientos transmitidos entre generaciones y tecnología aplicada para obtener perfiles capaces de competir internacionalmente.
El Cauca posee condiciones excepcionales. En la zona de Popayán, por ejemplo, miles de familias cultivan cafés de altura en suelos de origen volcánico y bajo condiciones climáticas que favorecen perfiles de aromas pronunciados, buena acidez, equilibrio y notas florales y acarameladas.
El gran desafío consiste en transformar esa calidad en bienestar para el productor. Las ferias deben reducir intermediaciones innecesarias, facilitar relaciones comerciales, agregar valor en el territorio y fortalecer las capacidades de nuestros caficultores para que no se limiten a vender café pergamino, sino que también comercialicen origen, historia, conocimiento, transformación y marca.
Por ello son importantes el concurso y la subasta El Mejor Café del Cauca, que llegaron a su decimoquinta edición, así como los campeonatos de preparación, catación y barismo. No son simples competencias: constituyen mecanismos de reconocimiento de la calidad y acercan el café de más de 95.000 familias caucanas a compradores dispuestos a pagar por sus atributos diferenciados.
Durante demasiado tiempo el campo ha visto partir a sus nuevas generaciones porque trabajar la tierra parecía sinónimo de pocas oportunidades. La caficultura especializada puede cambiar esa percepción. Un joven que aprende sobre fermentaciones controladas, catación, tostión, comercialización digital, barismo o exportaciones descubre que detrás de la parcela familiar puede existir una verdadera empresa.
Una feria de esta dimensión moviliza hoteles, restaurantes, transporte, comercio y turismo. Al atraer a más de 15.000 visitantes y reunir a 118 expositores, consolidó la muestra comercial más grande de la historia del evento. El café demostró así que también puede ser un poderoso instrumento de promoción territorial.
Cauca Sabe a Café debe trascender los tres días de feria. Su verdadero éxito se medirá cuando los contactos se conviertan en negocios; cuando nuevas marcas lleguen al mercado; cuando más productores exporten directamente; cuando los jóvenes permanezcan en el campo porque encuentran oportunidades, y cuando pedir un café caucano de origen sea tan natural como reconocer cualquier otro símbolo de nuestra tierra.
En un territorio afectado por graves problemas de orden público e inestabilidad económica y social, los gobiernos nacional, departamental y municipales deben fortalecer sus políticas públicas para proteger al caficultor, mejorar las vías rurales, impulsar la transformación local y posicionar el café caucano entre los mejores del mundo.
Detrás de una buena taza hay mucho más que aroma y sabor: hay territorio, trabajo, familias y futuro. Está el Cauca que siembra en silencio y transforma su esfuerzo en un producto de calidad excelsa. Ese Cauca laborioso también merece ser reconocido y exaltado por los medios de comunicación del país.
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