Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Viernes:
Popayán 7 y 8
Cali 7 y 8
Viernes, 2 de octubre de 2026

IR MUY LEJOS

IR MUY LEJOS
IR MUY LEJOS
Imagen: https://x.com/i/grok

Por Jaime Cárdenas

El ascenso a la presidencia de Kast, un vástago de los chilenos que han simpatizado y añorado el nazismo, es decir la violencia total desde el Estado contra los sectores populares, es el penúltimo capítulo de lo que puede catalogarse como la derrota del progresismo en América Latina.

Uno de los motores que alentó al progresismo, que lo hizo tolerable por las oligarquías de nuestro continente ha consistido en la ilusión de que es posible un capitalismo humano, el que se derivaría de la conciliación y el acuerdo con los poderes tradicionales, con sus partidos, con sus gremios. Insuflando la industrialización, se dijo, llegaba el empleo, el progreso, permitiendo la inversión y así crecía la economía, venían los ríos de miel.

Detrás de esa aceptación estaba la necesidad de frenar la organización de los dominados, ante la evidente crisis que los golpeaba con la implantación del capitalismo salvaje, del neoliberalismo que irrumpe como triunfador en un momento en que se dio la implosión de lo que se denominó el campo socialista. Y empezando el siglo con el mandato de que se frene el avance de la revolución bolivariana, de Chávez y su proyecto integrador.

En esta misión se revitaliza la socialdemocracia y se activan actores tan patéticos y decadentes como Ernesto Samper, se idealiza el discurso individualista de Mujica y se fomenta y ensalza la crítica a la tradición de la izquierda, sin entrar en debates.

Es así es que empiezan a pulular las oenegés, las fundaciones dirigidas por quienes fueran en otro tiempo dogmáticos y fanáticos militantes de la izquierda, provenientes de todas sus vertientes, del maoísmo, del trotskismo, de la línea soviética, todos bien alimentados –hay que ver lo bien que les ha ido a los emprendedores que montaron sus fundaciones por la paz, a favor de las víctimas-, haciendo cola, no para servir a la sociedad sino para sacarle jugo al poder gubernamental. Todos ellos cumplieron el papel de sustraer hábilmente a favor del Estado, todo protagonismo y autonomía que, a golpe de esfuerzo, de grandes sacrificios, se había construido en el tejido social para enfrentar la voracidad de los poderosos.

En Chile, la agonía del proyecto progresista llevó muchos años, desde la Bachelet, hasta llegar al paquete chileno que ha sido Boris, enemigo de los mapuches, admirador de Piñera, un pequeño Pinochet, enemigo de Cuba y Venezuela, un fiasco este sujeto.

Si se revisa el mapa de Latinoamérica la oscuridad cubre al continente. Lula es una figura decorativa, la inmensa mayoría de alcaldías y gobernaciones son de Bolsonaro o de sus aliados, en el congreso Lula no propone nada, sabe que ahí no es posible que se apruebe nada, – se acaba de aprobar una ley en favor de disminuir la pena a Bolsonaro-, en el Planalto desde donde se dirige las relaciones internacionales desde la época de la dictadura, quien manda son los militares, fieles al imperio. Pensábamos que en Bolivia había más raíces, pero el hijo de un dictador hoy la dirige, Paraguay es sionista, como para los mejores tiempos de la doctrina Monroe es una colonia, y para allá cabalga un país que fue luz del pensamiento y de las luchas sociales: Argentina. El Ecuador está en manos del narcotráfico como Méjico, como toda Centroamérica, como nuestro país.

En Colombia asistimos, con la última negativa a la reforma a la salud a la derrota de cualquier iniciativa de lo que tan elocuentemente se profetizó como la llegada de un auténtico cambio en una de las sociedades más injustas y desiguales del mundo. Ya sin sorpresa se constata que no es la paz total sino la guerra total la que vuelve a proyectarse y a legitimarse, como en los aciagos días de los mandatos de Uribe y de su títere Duque; sin ningún recato se anuncia que volverán las fumigaciones.

En la vida personal y colectiva, aun en medio de las tempestades es necesario hacer un alto en lo que tiene que ver con nuestro destino. Para avanzar hacia la sociedad a la cual aspiramos se impone reconocer las derrotas si de verdad se quiere salir del autoengaño, de las buenas intenciones ingenuas, imposibles de que se cumplan. Decía Iván Cepeda que había tenido oportunidad de entablar fructíferos diálogos con Félix Lafauire. ¿Qué se puede esperar de este individuo ligado la violencia paraestatal, quien cínicamente volvió estos días a justificar el robo del erario?

En su valiosa obra: La estructura de las revoluciones científicas T. Kuhn revitalizó y configuró el concepto de paradigma. Dijo este científico y filósofo de la historia que en determinado momento el modelo, el paradigma con que se lee la realidad no permite aprehenderla y que, por lo tanto, es necesario construir un nuevo paradigma, lo que vendría a ser válido tanto para las ciencias naturales y sociales.

Desde este lado del río Bravo se precisa construir ese nuevo paradigma que dé cuenta de nuestra realidad, que la interprete y que establezca canales efectivos para su transformación. Esta difícil labor implica superar esquemas, visiones cerradas de la democracia, de la participación, conectarnos verdaderamente con la naturaleza, más allá de la visión romántica. Es imprescindible volver la vista a la tradición de luchas y acumulados de saberes. Gadamer nos enseñó que la tradición unida a la hermenéutica hace posible que la historia deje de ser un museo.

Ya desde el mismo momento en que el viejo imperio español hizo presencia en nuestras tierras la resistencia se activó y no ha tenido fin. Tenemos que estudiar las respuestas efectivas que nuestros pueblos han dado a la opresión. Volver a sus saberes, a nuestros verdaderos guías. Durante años en la escena política de Argentina una figura lamentable como la de Perón atrajo a los sectores progresistas. Lamentable, como quiera que Perón ayudó a muchísimos nazis a esconderse en su país, para solo citar una de sus proezas, sin embargo, hasta hace poco, en cabeza de los Kirchner se seguía alimentando el mito del peronismo.

Por estos días fue noticia la estatua de Guillermo Valencia, del clan perseguidor de Quintín Lame, ¿Qué sabemos de Quintín Lame?, ¿Realmente no merece un sitial más importante que el de Luis Carlos Galán, el ídolo de Gustavo Bolívar, quien no dudó como ministro de educación en permitir que los tanques de guerra ingresaran a la Universidad Nacional, el mismo que antes de su muerte ya había hecho las paces con el turbayismo?

No más caudillos, ni profetas, no más salvadores, ni iluminados, suficiente ilustración.

Hay que volver a Eduardo Galeano, a Mariátegui, a Estanislao Zuleta. Siempre. Y en ese rediseño de lo que puede ser la vida de este Sur al que Piazzola canta con tanta belleza y hondura desde su bandoneón se tiene que pensar con generosidad y con grandes aspiraciones; no se trata de darle una limosna mensual al viejo, se trata de cambiar la vida como alguna vez lo soñara Rimbaud después de ver lo sucedido en la Comuna de París. Y si en esa nueva sociedad no hay un lugar privilegiado para el arte, no vale la pena ningún esfuerzo.

No volver a lo mismo. Suficiente. Nos atosiga el hastío, el asco y la indignación.

Cuanto importa recordar hoy al místico, al poeta y cantautor cristiano Facundo Cabral:

“Me gusta andar, pero no sigo el camino pues lo seguro ya no tiene misterio, me gustar ir con el verano muy lejos…”


Todos los artículos de Jaime Cárdenas en Proclama del Pacífico:

Jaime Cárdenas

Articulos relacionados

miércoles 22 julio, 2026 a las 2:52 pm

FIRMES POR LA PLATA

miércoles 8 julio, 2026 a las 12:00 pm

EL ÚLTIMO LINYERA

jueves 18 junio, 2026 a las 5:57 pm

DE LA POLÍTICA, DE SUS IMPUREZAS.