La sospecha como noticia


El riesgo de la denuncia sin prueba

La desconfianza es un motor poderoso. Cuando un medio de comunicación, especialmente uno con la influencia de la revista Semana, publica una serie de acusaciones, el lector promedio asume que hay un sustento detrás. Sin embargo, una mirada atenta a la pieza sobre la Unidad para las Víctimas revela una preocupante estrategia: la de usar la sospecha como noticia y la generalidad como patente de corso para lanzar denuncias intrépidas.
El fantasma de la corrupción y las acusaciones sin nombre
El artículo señala «cuestionamientos por la operación y las dudas en las finanzas», así como «quejas por maltrato laboral». Estas frases, tan comunes como vagas, sirven para crear un clima de irregularidad sin señalar un acto o persona específica. En un periodismo que se precie de ser serio, la exigencia de un número radicado de una noticia criminal ante la Fiscalía, o una denuncia formal ante los entes de control, no es un capricho, sino un deber. La ausencia de estos datos concretos es el primer indicio de que estamos ante una estrategia política, no ante una investigación rigurosa.
La fuente anónima como arma política
El uso de fuentes anónimas en una pieza de este tipo es particularmente delicado. El artículo se apoya en un «funcionario de la Unidad de Víctimas que les habla al oído a altos funcionarios de la confianza de Petro». Esta voz, sin rostro ni nombre, es la que pronuncia la frase demoledora: «Esta gente no puede continuar». Este tipo de fuente, sin verificación cruzada, actúa como un canal seguro para la oposición, permitiéndole hacer acusaciones graves, como que «la Unidad para las Víctimas está presa por un fortín político», sin asumir ninguna responsabilidad. El «despelote» al que se refiere el artículo no es la corrupción, sino el caos que se busca generar en la opinión pública.
La ira como objetivo, no la verdad
El propósito de esta narrativa es claro. Al recurrir a generalidades y a la voz anónima, se desata la ira del «lector desprevenido», incitándolo a condenar antes de entender, como a mí me ocurrió al principio. La conclusión es inevitable: el artículo no busca la verdad, sino que funciona como un medio para la oposición, diseñado para minar la credibilidad de la administración Petro. Un medio serio debería aspirar a iluminar, no a envenenar el debate público. La responsabilidad periodística implica exigir evidencias, no replicar acusaciones. Es nuestra obligación demandar un periodismo que sirva a la verdad, y no a una agenda política.
La advertencia de la portada: Un riesgo para el lector desprevenido
Esta experiencia sirve como una lección invaluable y una advertencia crucial porque, como es obvio, rechazo ipso facto todo acto de corrupción pública. En consecuencia, a la primera lectura del titular y el impacto de la portada de la revista llegué a una conclusión precipitada, a una reacción visceral que me hizo comenzar a escribir: «Infortunadamente en este gobierno, que afortunadamente está culminando, como en los anteriores, todo se quedó en discurso…» Me preparé para denunciar un fracaso más. Inclusive alcancé a subrayar que “el veneno con el que pretendieron exterminar las ratas que merodean los recursos y la contratación pública, se sirvió más como exquisito aperitivo que como raticida”.
Pero al adentrarme en el texto, la realidad se impuso. Descubrí que la verdadera peste no era la corrupción que se insinuaba, sino la estrategia detrás de la publicación. Esta táctica, que utiliza el titular como cebo y la sospecha como veneno, demuestra que muchos editores saben que el público no lee, sino que solo reacciona a los titulares y las imágenes.
El tóxico no se había puesto contra las ratas; era para envenenar la mente del lector.
No sobra un recordatorio: en la era de la información rápida, la lectura crítica y la verificación de datos son nuestras únicas herramientas para evitar ser manipulados por agendas políticas disfrazadas de periodismo. Es un llamado a la cautela.
Otras publicaciones de Alfonso Luna Geller en Proclama del Pacífico:




