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Miércoles, 7 de octubre de 2026

BREVE ELOGIO DE LAS FRUTAS

BREVE ELOGIO DE LAS FRUTAS

BREVE ELOGIO DE LAS FRUTAS

Por Jaime Cárdenas

Pele macia é carne de cajú
Saliva doce, doce mel, mel de uruçú
Linda morena fruta de vez temporana
Caldo de cana-caiana
Vou te desfrutar…
Alceu Valença.

Lleva años en su reinado la Coca-Cola. Forma parte de esos venenos geniales. En la mente, en el cerebro se ha formateado la apreciación de que una buena hamburguesa con una Coca-Cola constituyen el binomio perfecto, que esa hamburguesa no es posible acompañarla con un jugo de naranja, con té verde, o con una bebida de flor de Jamaica. No rima.

Habrá que desmontar esta memoria. No puede haber nada mejor que el jugo de frutas, dependiendo de nuestra predilección que va cambiando con el tiempo. Hoy creo que el jugo de cupuaçu, una fruta amazónica, no tiene parangón. Pero en general las frutas, su jugo, el comerlas como la naturaleza pródigamente las brinda, constituye uno de los grandes deleites de la vida diaria.

Y olerlas, palparlas, verlas. Hay una irresistible asociación entre las frutas y la belleza de la mujer. Una fruta que llega a su esplendor de maduración y una mujer que en lo mejor de sus años camina bajo el ardiente sol del verano en la playa son un poema. Y fruta y mujer, aun en el declive de su existencia, por esos prodigios y misterios de la vida conservan su belleza. El compositor y rockero brasileño Alceu Valença hace una deliciosa comparación entre una morena del trópico y las frutas del Brasil, el resultado es una canción que nunca pasará de moda.

En las ruinas de Pompeya se encontraron pinturas de frutas. Ahí están limperecederas las frutas de Cézanne, y es una fiesta de colorido ver frutas, ya en nuestro Sur, en los cuadros de los mejicanos Rivera y Tamayo. Es que los pintores con su aguda percepción han tenido claro el encanto de las frutas, sus colores, cada día depara un color a cada fruta, y si se las ve en conjunto realmente es un regalo.

Agreguemos a lo anterior que las frutas fueron el plato preferido de nuestros antepasados, parientes lejanos mochileros, rebuscadores y soñadores, que antes de que se inventara el fuego nada les dolía. Nuestra falta de coraje nos ha alejado del camino de los vegetarianos, pero no perdemos la esperanza de que tal vez en la próxima reencarnación ya no nos seduzca la chuleta del Don Pancho.

El inconveniente con las frutas es que cada vez son más costosas. Se va una tienda y se pide, digamos granadillas, seis granadillas, media docena.

-Por unidad no se vende veci.
– ¿y entonces?
-Por kilo.

Pesado el kilo el fervor por las frutas transitoriamente decrece. Desde la cima de un refrigerador nos mira una guanábana. Al pie de ella se ha colocado su precio: 49000. Se le rebaja mil pesos para que no duela tanto. Entre las consignas de los inevitables levantamientos populares que vendrán habrá que incluir el derecho a las frutas.

Lastimosamente la Coca- Cola tiene más hinchada en los llamados sectores populares organizados que las frutas. Y esa afición se transmite con el ejemplo a los hijos. Los profesores tampoco constituyen en este caso el mejor ejemplo. Como en tantas otras facetas hay que reeducarlos.

Se tiene la convicción en quienes aspiramos por una nueva sociedad, más justa y equitativa, que todo vendrá con el día del triunfo. Ya se ha visto qué tipo de espejismos se construyen con las falacias redentoras. Es cierto que problemas estructurales de la sociedad requieren políticas públicas que den el giro de tuerca necesario. Sin embargo, desconocemos voluntariamente que es posible lo que con términos un tanto rimbombantes podríamos denominar como microrevoluciones.

Lentamente, pero con pasos que de seguro no se desandarán se deja atrás prácticas nocivas, concepciones erradas, omisiones injustificadas y se abren nuevos horizontes mentales que forjan un arraigo en la vida material. Es indiscutible que frente a los animales se tiene una nueva mirada, una relación cotidiana totalmente diferente de la que se tenía años atrás. No es algo insignificante. No es solo que el afecto sustituye al sufrimiento que se les infringía gratuitamente. En esa misteriosa ilación de los hechos pequeños que llegan a ser una cadena poderosa, en esa urdimbre de sucesos misteriosos que tanto nombraba Borges y que celebraba de la cultura china, llegamos a defender a la naturaleza y en nuestro caso a apuntar con certeros dardos contra quienes la destruyen, empezando por la vida de los niños que tempranamente son bombardeados con toda clase de bebidas maravillosamente presentadas en sus envases y en su publicidad, verdadera muerte azucarada.

De manera que, bienvenidas sean las frutas.


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