Día Internacional del Orgasmo Femenino

Día Internacional del Orgasmo Femenino
Un cuento sobre el mismo y 9 PosTrinos


«El Día Internacional del Orgasmo Femenino se celebró por primera vez el 8 de agosto de 2007 en Esperantina, Brasil. Fue creado por el concejal Arimateio Dantas al aprobarse una ley municipal que establecía la festividad para concientizar sobre la sexualidad femenina y reducir el estigma y los tabúes que la rodean, además de saldar una deuda sexual con su esposa.»
En algunos países, como Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá; entre otros, El Día Internacional del Orgasmo Femenino se celebra el 31 de julio.
Y es precisamente otro brasilero, Rubem Fonseca, quien a manera de celebración, solidaridad y homenaje al Día Internacional del Orgasmo Femenino escribe un simpático y memorable cuento, que apareció por primera vez en su libro Ella y otras mujeres, publicado en 2006.
Ella y otras mujeres consta de 27 relatos, cada uno de los cuales lleva por título un nombre de mujer: Alice, Belinha, Carlota, Elisa, Fátima Aparecida, Luiza, Laurinha, Nora Rubi, Raimundinha, Joana, etc; y el último del libro, Zezé, el que celebra El Día Internacional del Orgasmo Femenino.
Acá va la transcripción que he debido hacer, ya que no aparece en ninguna página de la internet.
Zezé

Me llamaba Josefa y me parecía horrible, por suerte me conocían como Zezé, así me decía todo el mundo. Me cambié el nombre en el registro civil, costó un montón de trabajo, pero conseguí mi carnet de identidad con el nombre de Zezé.
Estuve casada durante diez años, me separé, tuve media docena de novios con quienes evidentemente me iba a la cama, pero hasta los cuarenta años jamás tuve un orgasmo. Eso era algo común, leí que en Inglaterra el ochenta por ciento de las mujeres nunca habían alcanzado un orgasmo en una relación sexual. Yo creía que la culpa era nuestra, de las mujeres, pero una amiga me dijo que la culpa siempre es de los hombres. Me acuerdo que mis dos últimos novios después de cinco minutos de penetración eyaculaban y me dejaban vestida y alborotada, como decía mi abuela.
Por no tener orgasmos, mi piel estaba marchitándose, mi menstruación era dolorosa, parecía que tenía más edad de la que tenía, estaba siempre malhumorada y padecía insomnio. A la doctora que consulté sólo le faltó echarme la culpa preguntándome si sufría algún bloqueo, y cuando le pregunté qué tipo de bloqueo, quiso saber si me había violado o si sufría agresiones de mis parejas. Le respondí que había perdido la virginidad cariñosamente con mi marido y que todos los hombres que había tenido habían sido muy delicados, incluso demasiado. Entonces me preguntó si la penetración me dolía, y le respondí que bastaba con que me acostara desnuda en la cama con un hombre para que mi vagina se pusiera toda mojada, ni siquiera una verga con alambre de púas me causaría dolor. Insistió en que debía tener algún problema, ansiedad, algún tabú cultural o religioso, miedo a embarazarme. El miedo a embarazarse es uno, dijo. Le respondí que había tenido tres hijos con mi marido, le agradecí sus atenciones, le pagué a la enfermera, salí de allí, rompí la receta del ansiolítico que me había prescrito y la tiré en el primer bote de basura que encontré en la calle.
Un 29 de julio, antevíspera del día 31 en que se conmemoraba el Día Internacional del Orgasmo Femenino, se me metió en la cabeza que justo ese día tendría un orgasmo a como diera lugar e hice un plan que no podía fallar. Uno de mis novios, Chico, a pesar de que padecía eyaculación precoz, me dejaba muy excitada y en cierta ocasión casi tuve un orgasmo en aquellos breves cinco minutos que él me brindaba. Lo llamé para invitarlo a cenar el día 31.
Mi marido se fue a vivir a Portugal cuando nos separamos. Teníamos una bella quinta donde se producía un vino tinto de buena calidad. Mi marido siempre había querido ser viticultor y los niños decidieron irse con él. Era un marido mediocre, pero buen padre.
Me preparé para el Día Internacional del Orgasmo Femenino. Me compré una caja de esas medicinas para la disfunción eréctil. Supe que los que toman esas medicinas tienen problemas para eyacular. Estaba segura de que si Chico hacía el amor conmigo por más de diez minutos tendría finalmente mi recompensa orgiástica.
Puse varios comprimidos en su copa de vino. Antes leí rápidamente las instrucciones, digo, empecé a leerlas, pero paré a la mitad, eran larguísimas, con una letra muy pequeña.
Nos fuimos a la cama y cuando nos quedamos desnudos noté que el pene de Chico estaba erecto. No tenía el pene muy grande, en realidad era más pequeño que grande, pero eso no me interesaba en aquel momento, yo quería que se quedara duro dentro de mí durante diez minutos sin venirse.
Pero se quedó duro mucho más tiempo, no sé cuánto, pude tener un orgasmo que me hizo gritar de placer y alegría.
Él no se vino. Se levantó de encima de mí, aún con el miembro duro, y se acostó a mi lado diciendo que no estaba sintiéndose bien. Entonces comenzó a sudar, un sudor frío que le cubrió todo su cuerpo y le ensopó los cabellos. La almohada y la sábana de la cama quedaron empapadas. Chico estaba muy pálido y le dije que le iba a preparar un té.
Corrí a la cocina y le preparé un té de manzanilla. Cuando regresé al cuarto, Chico estaba durmiendo. Me pareció mejor dejarlo dormir. Cambié las almohadas, pero aun así sentí cierto asco de acostarme en aquellas sábanas mojadas de sudor. Para cambiarlas tendría que despertar a Chico. Fui al cuarto de la televisión, donde había un sofá ancho. Me estaba sintiendo como nunca antes en mi vida y dormí como un ángel.
No sé a qué hora me desperté, pero ya pasaba de mediodía cuando fui al cuarto a ver si Chico se había despertado. Continuaba durmiendo y decidí dejarlo dormir un poco más, pero cuando miré su rostro vi que estaba pálido y azulado. Intenté sentir su pulso, puse el oído en su boca abierta.
No sabía qué hacer, desorientada, confundida, sólo me venía a la mente la misma cantaleta que repetía y repetía en voz alta, no sé cuántas veces, que Dios me perdone, por un orgasmo maté a un hombre, que Dios me perdone, por un orgasmo maté a un hombre.
Un plan empezó a delinearse en mi cabeza. Mi edificio no tenía portero y si alguien lo hubiera visto entrar no sabría que había venido a mi departamento. Yo vivía en el cuarto piso, y mi plan era vestir el cuerpo de Chico, arrastrarlo hasta el tercero y dejarlo en la escalera.
Fue un problema vestirlo. Conseguí ponerle los calzones y los pantalones con alguna facilidad, pero la camisa fue un suplicio. Finalmente, le puse los calcetines y los zapatos.
En la madrugada arrastré el cuerpo. Bajé las escaleras sujetándolo por los hombros, no quería que la cabeza se golpeara en los escalones. Finalmente llegué, jadeante, al descanso de la escalera del tercer piso y lo recosté en el suelo. Noté entonces que uno de los zapatos se le había salido del pie. Estaba en uno de los escalones. Recogí el zapato y se lo puse de nuevo.
Aquella noche no dormí. Al día siguiente por la mañana, salí y encontré al mozo de mi piso limpiando. Le pregunté si todo estaba bien, me respondió que sí. Pensé, todavía no han encontrado el cuerpo o quizá lo encontraron y el mozo no sane nada. Regresé corriendo a mi departamento.
Me senté en la sala aterrada, ansiosa, Entonces sonó el teléfono. Me dio un susto tan grande que pensé que me iba a morir. ¿Quién estaría llamando a aquella hora? De seguro la policía.
El teléfono sonaba sin parar. Seguro sabían que yo estaba en casa. Contesté.
¿Cuándo repetimos lo de anoche?
¿Chico?
Me desperté en la escalera, Zezé, pero sé que nuestra noche fue maravillosa. Me caliento de sólo pensar en ti. ¿Puedo ir para allá?
9 PosTrinos

1
Fingir un orgasmo es fácil, lo difícil es ocultarlo.
2
La gran diferencia entre una puta y una prostituta es que esta no da ni vende orgasmos. Y en tal sentido, es tanto o más leal y fiel que cualquier mujer «decente».
3
La mujer suele fingir orgasmos, para que el hombre se venga y se vaya rápido.
4
Luego de una eyaculación nada hay tan insípido, inútil e insustancial como una teta.
5
Hay cosas en la vida que una vez iniciadas ya no tienen reversa: un orgasmo, por ejemplo.
6
Dice un adagio popular: un orgasmo vale más que mil insípidas folladas.
7
La masturbación no es nociva para la salud física o mental, y tampoco es pecado; eso es pura paja.
8
Poner un consultorio para el tratamiento de mujeres anorgásmicas. El lema sería: ‘totalmente gratuito, cien por ciento garantizado‘.
9
«Porque la mujer que es fiel y multiorgásmica será el orgullo y la felicidad de su marido» ¿En qué parte de la biblia es que aparece este versículo?
FIN
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