Le explico mi poema

Permítame; por favor, le explico mi poema
(Una explicación indebida, pero necesaria)

Es de vieja data la polémica acerca de si la obra de arte (incluidas la poesía y demás géneros literarios, por supuesto) necesita, debería o; inclusive, si es lícito y conveniente el ser “explicada”.
Una polémica de la cual está exenta la mayor parte del ‘Arte Contemporáneo’; en especial aquella que la lúcida y tenaz crítica de arte mexicana Avelina Lésper ha dado en llamar Arte VIP: Video, Instalación, Performance (para referirse a un fenómeno en el que se consideran como arte obras que, a su juicio, no tienen el mérito artístico para serlo, y sin embargo se venden a precios bastante elevados), pues para estas es absoluta, naturalmente indispensable el acopio adjunto de sesudos discursos académicos y eruditos ensayos y tratados sobre los más diversos temas por parte del “artista” –e igual igualmente del público–, para respaldar, entender y justificar su calidad y cualidad como obra de arte.
Por parte de los verdaderos artistas, la opinión es casi que unánime: pedirle que explique el sentido, propósito o significado de su obra es no sólo absurdo y ridículo, sino también irritante. Nada le molesta tanto como el que le pidan aclaraciones sobre el “sentido”, “significado” o; peor aún, el “mensaje” de su pintura o su poema; por ejemplo.
Es esa una pregunta a la cual el artista podría responder: “significa lo que usted quiera”. Respuesta que no sería enteramente una ironía, ya que una condición inherente a la obra de arte es su ineludible subjetividad: todo mundo ve, escucha o lee una obra diferente. Inclusive, la misma persona percibirá y sentirá cosas y sensaciones distintas en diferentes circunstancias y momentos frente a la misma obra. Es la metáfora del río heraclitiano. Y en tal sentido, la obra de arte es inagotable. Si alguien dijera; por ejemplo: “ya escuché la novena sinfonía de Beethoven, ¿para que la voy a escuchar de nuevo?”; irónica, paradójicamente, en su pregunta estaría implícita la respuesta; porque de alguna manera y en alguna medida será una sinfonía diferente cada vez que la escuchemos, una “nueva”, “otra” sinfonía.
Pues bien, a pesar de haber compartido siempre la opinión de que pretender explicar un poema o cualquier otra obra de arte es tarea no sólo innecesaria sino también indebida y hasta perniciosa, ahora me veo en la necesidad, casi que en la obligación de explicar uno de mis poemas, publicado recientemente en la revista Mascaluna.
Se trata del poema titulado Lapsus Calami, y subtitulado Poema de las Pre-Posiciones.
A pesar de haberlo escrito hace más de 25 años, nunca había tenido la oportunidad de conocer comentarios u opiniones por parte de los lectores; hasta ahora, cuando ha aparecido en Facebook.
Los comentarios explícitos, literales son relativamente pocos, y algunos expresan su admiración por una suerte de “poética” o “apologética” de la poesía que creen he concebido en mi poema.
Los comentarios implícitos, literalmente simbólicos, son casi un centenar. La mayor parte de ellos es la manito azul con el pulgar levantado, unos cuantos el corazoncito rojo, y dos o tres la carita esa con cara de “interesante”.
Yo hubiera esperado que la gran mayoría de esos comentarios simbólicos fueran esa carita amarilla riente, inclusive aquella que ríe hasta las lágrimas. Pero no, ni una siquiera. Fue ahí cuando comprendí que nadie había comprendido mi poema, pues es un texto deliberadamente humorístico y a la vez erótico. Un humor y un erotismo que sólo podrían ser captados por el lector al terminar de leer la totalidad del poema; y en especial, de leer muy bien sus breves últimas líneas.
Me explico:
El título del poema es Lapsus calami, un latinismo que significa error involuntario e inconsciente al escribir una palabra. Viene de lapsus: error o equivocación cometido por descuido, y calami: pluma. Es decir, en el poema debe “ocurrir” un lapsus calami, o va a hablarnos de alguno.
El subtítulo, Poema de las Pre-Posiciones, alude a que cada uno de sus versos (todos notablemente largos) comienza con una de las 23 preposiciones de nuestra lengua, y las cuales; de alguna manera, trato de resaltar en la diagramación del poema; bien sea escribiéndolas en negrilla, aumentando el tamaño de la fuente respecto al resto del verso o haciendo una doble o triple separación de la palabra siguiente.
Y con esto de separar la palabra Preposiciones como Pre-Posiciones, pretendía hacer alusión a las diferentes “posiciones” relativas al coito. Coito que sólo se hará evidente cuando se lea la última palabra del poema, contenida en sus últimas tres líneas:
FE DE ERRATAS:
Donde dice: La Poesía
debe decir: La Poseía
O sea, el “verdadero” sentido o intención del poema se revelará cuando se lea de nuevo, sustituyendo por “La Poseía” (así, con mayúsculas), cada vez que aparezcan las palabras “La Poesía”. (He escrito “verdadero” entre comillas porque además de esta connotación erótica, el poema también funciona con las palabras La Poesía, adquiriendo así la forma de poética o apologética que inicialmente los lectores percibieron.
Ahora sí, por favor, lea de nuevo el poema.
Muchas gracias.
Mi poema
Lapsus Cálami
(Poema de las Pre-Posiciones)
Contra los muros extramuros de las destartaladas casas de los tugurios y las veredas, como si los mantuviera en pie la fuerza de sus rugidos y de su aliento: La Poesía
Entre los pastizales, confundiéndose su dicha y sus chillidos con el canto de los grillos y las luciérnagas las ranas y las estrellas: La Poesía
En los prostíbulos, unida a las risas y maldiciones de las putas y los borrachos, a ritmo de tango de mambos y de boleros… ebria: La Poesía
De rodillas, en los confesionarios de las desiertas catedrales, gimiendo y suspirando como en dulce y dolorosa letanía… La Poesía La Poesía
Desde los noticieros de las siete hasta la telenovela del mediodía, por los corredores de la casa, tras los guardarropas de los hospitales, bramando y arrullándose como las olas que van y vuelven contra los enhiestos acantilados: La Poesía
Sobre los verdes prados de los cementerios, cual si pretendiera con sus aullidos y sus embestidas despertar y desenterrar los muertos: La Poesía
Ante los celestinos espejos de los almacenes los salones y los moteles radiante azogada y ciega: La Poesía
Bajo los cipreses, bajo el lúgubre o festivo cielo, lanzados al infinito sus gorjeos y sus aleteos, desnuda y emplumada: La Poesía
A la orilla de las polvorientas carreteras, bramando como bestia herida o con la mirada perdida y jadeando como un moribundo: La Poesía
Para festejar el triunfo o soportar las penas, para ir al trabajo o para empezar la guerra para todo y siempre y por todas partes y alegre siempre: La Poesía
Con el muñón del pordiosero, con el bordón del ciego o con el cetro de los reyes, humilde y generosa siempre: La Poesía
Según la dirección del viento o la temperatura ambiente, según el tiempo según la rabia según la pena o según el verso: La Poesía La Poesía
Cabe la angustia cabe el rencor cabe la humillación cabe la tiranía cabe el vacío cabe el dolor cabe la muerte, cuando no La Poesía
Hacia el norte y hacia el sur, hacia el poniente y el saliente, girando en espirales como una perfecta máquina como una completa bestia: La Poesía La Poesía
Sin prisa sin pausa y sin prejuicios sin razón y sin sentido, siempre y por todas partes y por el mundo entero, siempre: La Poesía La Poesía La Poesía
FE DE ERRATAS:
Donde dice: La Poesía
debe decir: La Poseía
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