POR LA DIGNIDAD DEL INDÍGENA COLOMBIANO


Loco-mbiano
40.000 mujeres y hombres, con las caras pintarrajeadas o recién lavadas o cubiertas de sudor por el cansancio. Con vestidos morados, ruanas negras, gorras, sombreros de fieltro, alpargates o a pie limpio. Con los ojos brillantes, el corazón anhelante y la verdad entre pecho y espalda guardada por cinco centurias. Así ha empezado la minga, – la movilización – una porción que se nos puede antojar numerosa de compatriotas. Más nacionales que todos nosotros, los de cabello arreglado, camisa de marca, pantalón planchado y zapatos de cuero y barba bien afeitada, hijos de papi y mami.
Ellos se han organizado desde Risaralda hasta Putumayo, Huila, Catatumbo, Chocó, Cauca, Sierra Nevada, Nariño. No los han aconsejado ni apoyado ni los congresistas, ni los alcaldes, ni la guerrilla, ni las Bacrim. Ellos se han reunido como lo hacían los paeces antiguos con la cacica Gaitana contra Añasco. Han salido con la esperanza en sus bocas y los bastones de mando en los brazos de sus Mamos y Taitas, como llamábamos antes a nuestros padres y abuelos, a hablar con el nuevo Amo.
40 mil indígenas no van a hacer paro. Entre otras cosas porque no tienen unas tierras para sembrar. Las que tenían han pasado desde la Colonia a manos de terratenientes que hoy dominan al país en el alto Gobierno. Porque con sus conocimientos no tienen cabida en la estructura económica del Estado. No van batiendo banderas de una asociación ni de un gremio ni van en carros ni pueden rentar un jet privado.
Los 40.000 indígenas, de pura sangre de este terruño que hoy se llama Colombia, sin algún tinte ni aspaviento de doble nacionalidad, saldrán a exigir digno tratamiento. A que se les respeten sus propiedades ancestrales, a que se les permita vivir en el hábitat que siempre tuvieron rodeados de ríos, lagunas, páramos, piedras, montañas con vegetación virgen y conviviendo con el puma, el cuy, la culebra inocente, las garzas, los búhos y guacharacas.
No pedirán prebendas burocráticas, ni subsidios para tapar la pobreza. Solo marcharán a pedir que los dejen vivir en paz, lejos del ruido de las fábricas y de la angustia de la sociedad de consumo en almacenes de cadena. Preferirán que les dejen la música del río, el canto de los pájaros al anochecer y cuando nace el día, gozar la tranquilidad de la lluvia, del Sol, la mansedumbre de la Laguna y la suavidad del frailejón en el Páramo. Irán a pedir que no los saquen las orugas, buldóceres y sierras que horadan valles y montañas y desvían sus quebradas y ríos con jugosos permisos mineros y aprovechamientos forestales.
Marcharán por horas a pie, para que no los engañen llamándolos a firmar un convenio que nunca se cumplirá o los visiten y vistan con collares y fumen el calumet de la paz con sus Mamos y hagan el rito de cada cabildo para dar la sensación de buena fe, como cuando comenzó este Gobierno.
Irán para pedir que les dejen vivir con sus burros de carga, que no les arrebaten sus tierras ni los desplacen a lugares más confortables como el centro de las grandes ciudades. Que les permitan seguir hablando su idioma nativo y ancestral, que nos les cambien su cultura por la economía salvaje del celular y la moto y los hagan adoptar la coca en lugar de su yagé.
Aún antes de comenzar la Minga, el CriHuila ha «denunciado que al menos 1.000 personas fueron retenidas “sin justificación alguna” por parte de los policías cuando se disponían a secundar la movilización convocada por la Organización Nacional de Indígenas Colombianos»*. ¿Esta es la patria democrática, justa y próspera para nuestros más antiguos poseedores del territorio donde habitan?
15-10-13 6:11 p.m.
* http://www.semana.com/nacion/articulo/marcha-indigenas-colombia/361139-3




