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sábado 14 octubre, 2017 a las 4:16 pm

EL RÍO SALE A TROVAR

EL RÍO SALE A TROVAR
Bulevar de los Días
EL RÍO SALE A TROVAR / Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
EL RÍO SALE A TROVAR
Imagen: http://laacasadelduende.blogspot.com.co/2015/10/

Desde lo alto de los Farallones salta el Río por entre las piedras. Se pone su vestido nuevo y empieza su oficio diario. Ojos brillantes en su cara, hombros fuertes y cuerpo esbelto, echa a correr con una tonada en su garganta. El alba lo vió levantarse cada día y nunca lo vió perezoso. Después de beber un vaso de agua y de peinar sus cabellos largos, sin mirar la distancia, echa a correr como un gamo con una canción entre sus dientes de plata.  

Su voz es queda al principio. La yerba aún duerme y el lecho amaneció harto de frío. Echa al hombro su flauta y comienza el descenso por entre un camino estrecho y callado. A medida que avanza una canción asoma a sus labios mojados. Es una trova sencilla con la que anima su caminar en un día que parece cálido y largo. Allá, a lo lejos, se ve la ciudad que trepida con su bronco ruido de sirenas, motores y bruma. ¿Qué le cantará hoy a una ciudad que se ha levantado entre ruido de puertas que se cierran y ecos de llantas que ruedan?

Oh, Cali, de abuelos con barba de ceiba y leucaena: mira cómo tus hijos van a sus labores y cómo los niños corren en parejas para aprender a vivir y a mirar lejos. Unos jefes, otros empleados de segunda y mujeres con tinte en sus labios. Todos salen de sus casas a ganar el pan y beber café. Ni volverán su cara ni sus ojos para mirar detrás de sí. Como el Río que nunca lo ha hecho.

Sí. El Río llama al igua por su nombre, al guácimo, al samán y al chiminango. Echa al aire su trova: Vengan hojas a verdear mis aguas, vengan los chiminangos a adornar mi oreja, venga el samán a cubrir con su sombra mi voz y las piedras de fuego y aristas. Y el guácimo reirá y saltará de gozo porque las cuerdas del río hacen tiritar sus ramas.

Y el río sigue rodando y seguirá trovando con las piedras y las algas. Dejad, piedras, que me pose sobre tu dulce lomo y gris espalda. Permitid que dance por unos segundos y cabalgue brioso como un caballito de mar. Oh, verdes y delgadas algas de olor a resina y blando tallo. Solo un instante tocaré vuestras fibras y lameré pistilos de coronas niñas. Por siglos nos hemos encontrado y jamás habéis rehusado a nacer en los esquivos meses de fiebre y látigo o resistir las lluvias de toro embravecidas.

Ah, qué trova tan mojada y con corriente de sierpe. Va serpenteando, bordeando y su canto suena y rebota sobre el barranco en las riberas. Con libreto sabido y diapasón afinado va entonando cada mañana, todas las tardes y en las noches dormidas una retahíla de quejas, quebrantos, encantos y placeres mientras salpica con su espuma y culebreos. Oh, qué rumor tan hondo y tierno oyen ranas, peces, algas y lagartijas.

13-10-17                                      11:07 p.m.

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