SOY FEMINISTA Y PIDO EQUIDAD PARA ELLAS



Sí, soy feminista desde que era chiquito. La mayor, -nacida antes que yo-, era la preferida. Y yo la respetaba. Acepté que mis padres la relevaran de hacer oficios caseros y me los cargaran a mí. Yo seguía en edad a ella y era el varón mayor, pero eso no pesaba. Entonces, yo realizaba los oficios de la cocina que empezaban con prender la leña y el carbón de koke. Pelaba la yuca, la papa, raspaba la arracacha y desgranaba los fríjoles y el maíz. Y no protestaba.
Mi papá me consentía y me llevaba consigo a acompañarlo y a sus correrías políticas. Sentía que mis dos hermanas eran más consentidas que yo. Pero nunca hice pataleta. Fui el niñero de todos mis hermanos, desde que nacieron, los aseaba, los bañaba y los sacaba a pasear. Claro, eran tiempos que ya no existen. Solo eran costumbres trasladadas de generación en generación. Mucho menos ahora, estos tiempos reproducen tales usos y ocupaciones con los hijos. Para eso sirven las niñeras, las nanas y las guarderías desde las 5:00 a.m. hasta que el padre o la madre pasan a recoger la dulce carga.
Ya de mayor, tanto como servidor público o profesor, vi con muy buenos ojos que pasaran a mi lado las mujeres como colegas y las tuve de jefes en el Intra recién fue creado. Hice migas en el Icce e iba con algunas a cine y eso no era mal mirado por mis compañeros ni despertaba celos entre las demás congéneres. El trato era igual tanto para colegas hombres como para el femíneo sexo.
Que las mujeres fueran porras en el estudio y presentaran juiciosos trabajos literarios o de investigación lo alababa y celebraba. Que vayan a trabajar es lo más natural hoy en día en estas sociedades de consumo y de negocios. Los hijos e hijas han desarrollado cualidades que antes se evitaban. Consiguen amistades y se visitan en sus casas, van de compras y a paseos. Ya las encuentra uno sentadas al lado en el avión o el bus. Las ve uno caminar erguidas con su maletín como cualquier ejecutivo. Ellas también lo son.
Esta pretende ser una sociedad normal, moderna, adecuada a las necesidades y problemas de la era global. Tanto la mujer como el hombre pueden acceder en igualdad de condiciones, trato y pago, a la vida universitaria como estudiantes o profesores, a la industria, al comercio, a la banca.
En los únicos casos que no se cumple es en las esferas altas del Estado. Hay pocas ministras, jefes de Agencias, superintendentes y, sobretodo, congresistas. No se cumple, como siempre, a cabalidad el respeto y la equidad en donde se hacen las leyes justas y equitativas. Son los autores y primeros en incumplir la ley de cuotas mínimas que ellos impusieron. Debiera ser la cuota igualitaria, pero ellos la han disminuido. Ah, también en muchas empresas privadas se le paga más al hombre en el mismo cargo que a la mujer por serlo. Exigir la equidad para la mujer a todas horas es la regla de oro para decir que alguien es feminista.
28-04-17 3:15 p.m.



