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lunes 1 mayo, 2017 a las 12:33 pm

SALOMÉ (1923)

SALOMÉ (1923)
Rodrigo Valencia
Rodrigo Valencia Q©

Con surrealidad extrema y ambiente teatral fantástico, este drama, basado en la obra de Oscar Wilde, recorre momentos intensos, tocados por singular extrañamiento.

Cuadros simbólicos en lento movimiento procuran casi sueños con escenografías sui géneris. Insólito filme, sobrevive al año de su producción, 1923, como un estado de conciencia acrecentado.

Salomé es angustia en movimiento; Herodes, extravagancia delirante; Herodías, rostro de la abominación, la corte un lugar de morbo aberrante. Todo transcurre como un lamento que el silencio agranda, mientras acordes de una música atmosférica acompañan en interminable sostenuto el desarrollo del drama; teatro sugestivo, insinuante ballet de enajenamientos.

Los caprichos de la princesa de Judea son aprehensiones en crescendo. Juan el Bautista es presencia que acusa, resistencia de Dios ante el pecado, mientras la seducción de Salomé es fuego sin poder ante el profeta, histriónica exigencia de desesperanza. La pasión enfermiza de Salomé, el beso exigido, es ósculo del abismo.

«El misterio del amor es mayor que el misterio de la muerte». La frase de Oscar Wilde corona este filme mudo norteamericano, magistralmente dirigido por Charles Bryant, con Alla Nazimova como Salomé, Mitchell Lewis, Rose Dione, y Nigel de Brulier, como el profeta Juan.

«Espectacular» es un término que el manoseo cotidiano ha coronado como lugar común, pero esta película lo proclama con todo su poder, según criterio de quien escribe esta nota.

RVQ

https://www.youtube.com/watch?v=Pt0DSbnf7q8

 

 

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