Potencial hidroeléctrico del Cauca


Por: Leandro Felipe Solarte Nates / La construcción de hidroeléctricas en el Cauca empezó cuando para celebrar el Centenario de la Independencia, en Santander de Quilichao, por iniciativa de algunos potentados, fundaron la primera empresa de energía constituida mediante venta de acciones. En “La Planta” a dos kilómetros de la cabecera municipal, una pequeña turbina ‘Peltón’ giraba movida por las aguas entonces abundantes del Quilichao, generando energía apenas suficiente como para darle anémica vida a los bombillos y encender los grandes aparatos de radio. Años después para alumbrar a Popayán lo hicieron en Coconuco, que se mantiene como empresa privada, y en los 50 en Inzá, El Palo, Mondomo, Silvia, Patía y en otros sitios, con microcentrales que fueron agregadas por los municipios a Cedelca, sin contraprestación de servicios, a excepción de Santander, que la cedió a cambio de que le suministraran alumbrado público y energía para sus oficinas y escuelas, cuyo convenio fue desconocido y demandado por Cedelca y la Compañía Energética de Occidente, que mantiene a oscuras las calles quilichagüeñas, mientras el Consejo de Estado dirime el litigio.
En los años 60 con la central de Florida, cercana a Popayán, y la de Patico, construida 25 años después, en el Cauca arrancaron medianos proyectos hidroeléctricos. Desde la década del 70, ingenieros de la Universidad del Cauca, como Germán Oramas, iniciaron estudios para la central de Julumito, buscando aprovechar el caudal del río Cauca, a las goteras de Popayán, pero la idea nunca despegó y hoy cobra mayor vigencia, cuando el fenómeno del “Niño emberracado” demostró que cada ciudad debe asegurar embalses multipropósitos para afrontar sequias como las actuales y en temporadas de lluvias abundantes acumular agua para generar energía y además abrir oportunidades a la piscicultura, riego controlado, turismo, deportes náuticos y ser alternativa para suministro de agua a las plantas de tratamiento del acueducto en casos de emergencia.
Desde la década del 50, la construcción de grandes centrales hidroeléctricas en el país se concentró alrededor de Bogotá, Cali y Medellín. Entonces ya se avizoraba el potencial energético del río Patía. La Salvajina embalsada y terminada de construir en 1985 en territorio del Cauca, fue liderada y administrada por la CVC del Valle que después la vendió a empresas privadas españolas. Desde entonces, la CRC, que después del terremoto ya había terminado sus principales labores en la reconstrucción de Popayán, financió los estudios de la hidroeléctrica Arrieros del Micay, buscando incluirla en la agenda del Ministerio de Minas y Energía, del ICEL e ISA, dominados por antioqueños y bogotanos que la ignoraron para darle luz verde a la construcción de grandes hidroeléctricas en el centro del país, Antioquia, el Eje Cafetero, Tolima y Huila, aprovechando los caudales de los ríos Cauca, Magdalena y sus principales afluentes.
Ahora, cuando el centro del país está copado de hidroeléctricas, los grandes inversionistas miran hacia el sur y el Cauca se convierte en departamento clave para la ejecución de grandes proyectos y puede convertirse en la “Antioquia del sur”, según expresó el ministro de Minas y Energía, Tomás González, durante la reunión convocada recientemente en Popayán, por el presidente del Senado Luis Fernando Velasco y con la presencia del director de Isagen, Luis Fernando Rico, la viceministra de Minas, María Ulloa, la presidenta del gremio que aglutina a las empresas generadoras de energía, el gobernador del Cauca, Rodrigo Campo y el alcalde de Popayán, Cesar Cristian Gómez. Durante el evento, en el que quedó estrecho el auditorio de la Cámara de Comercio del Cauca, fueron desempolvados proyectos de las cuatro centrales hidroeléctricas que serían construidas a lo largo del descendente camino del río Patía hacia el Pacífico, en tierras del Cauca y Nariño, y en total generaría 1.650.000 Kilovatios hora. También desarchivaron estudios de la hidroeléctrica del Micay que generaría 700.000 Kw/h, en una región poco habitada, la más lluviosa del planeta y sin los ciclos de verano de la región andina, lo que garantizaría agua permanente y requiere de $21.000 millones del Gobierno nacional para actualizar los estudios. El senador Velasco aprovechó para resucitar a su proyecto de Brazo Seco, cercana a Guapi, que sin necesidad de construir embalse, permitiría la generación de cerca 30.000 Kw/h, y hace años fue bloqueado por su rival político Aurelio Iragorri Hormaza, fiel practicante del deporte favorito de los políticos caucanos: ponerse zancadillas entre ellos. Otros proyectos viables en el mediano futuro fueron presentados para aprovechar las abundantes aguas del río Caquetá, en Belén de los Andaquíes, ubicado en la Bota Caucana.
En cuanto a las comunidades ubicadas en las áreas inundadas, hay que considerar experiencias negativas de anteriores proyectos, como el de La Salvajina, en el Cauca, donde a los habitantes de la región no se les garantizaron vías de acceso, energía eléctrica, ni fomento a proyectos productivos alrededor de la piscicultura y el turismo, para que mejoraran sus condiciones de vida. En cuanto al proyecto de las cuatro represas que construirían para generar en total 1.600 megavatios, con respecto a la primera que estaría ubicada en su municipio, el alcalde de El Patía, Francisco Arias, expresa sus reservas pues hay que conocer los estudios técnicos sobre el área que sería inundada, la indemnización que recibirían las familias afectadas y los beneficios directos en programas complementarios de riego, suministro de energía, vías de comunicación, apoyo a programas productivos y regalías que recibirían los habitantes del Cauca y los municipios nariñenses cercanos al océano Pacífico involucrados en el megaproyecto que mayoritariamente sería financiado y ejecutado por inversionistas privados.
Un factor positivo para la realización de los proyectos del Patía, Brazo Seco y el Micay, es la pronta entrada en servicio de la red de interconexión eléctrica a partir de la subestación de la Florida, en Popayán, y que beneficiará con el suministro de energía permanente a López del Micay, Guapi, Timbiquí y cinco municipios del Pacífico nariñense y conectaría la energía del Micay y Brazo Seco a la red nacional. Antes del 15 de febrero vendrán a Popayán representantes de Minminas e inversionistas del gremio hidroeléctrico, para conocer los estudios preliminares sobre los citados proyectos.



