Reflexiones sobre la paz


Primera. El presidente Santos ha anunciado de manera categórica que este es el año de la paz y que en cuestión de meses podrá ser realidad el anhelo de gran cantidad de compatriotas, de edificar una nueva cultura, la cultura de la paz y la convivencia civilizada. Una empresa de tanta importancia como la paz no está exenta de muchas dificultades, de enemigos y detractores. Pero este es el precio natural en la construcción colectiva de ese nuevo país y para ello además de obstáculos y dificultades, se requiere de tiempo porque toda cultura se construye y se destruye paulatinamente y no aparece o desaparece de la noche a la mañana.
Segunda. En todo el espectro político nacional e internacional no se habla de otra cosa que del postconflicto colombiano. Que al igual que los procesos de paz no será tarea fácil, pero es necesario empezar a construir los cimientos políticos y socioeconómicos de la nueva cultura. Reformas en el comportamiento político y en la realidad económica. Santos siempre ha sido enfático en resaltar que la paz no se hará a cualquier precio, que los acuerdos en ningún sentido significan el desmonte o cambio del sistema capitalista. Lo cual significa entre muchas cosas, que la propiedad privada seguirá vigente. Se presupone que el postconflicto traerá reformas, políticas públicas y una serie de prácticas que sirvan de garantes de una paz estable y duradera.
Tercera. En una democracia como la nuestra, que se encuentra en proceso de maduración, desde luego que son respetables diferentes criterios, variadas posiciones sobre temas de interés nacional. El derecho a disentir se hace legítimo y esa es una de las razones que tiene la democracia como el plebiscito. Consultar si se está o no de acuerdo con los acuerdos de La Habana, con un sí o un no. Por fortuna, por lo que se siente, en el país hay un ambiente favorable para ratificar los acuerdos. Por lo visto, los colombianos estamos hastiados de tanta sangre derramada y de tanto daño a la infraestructura nacional. De tantas generaciones que no hemos podido contar con un país donde el devenir nacional no haya sido muertes y ataques, escaladas terroristas, secuestros y menosprecio al derecho fundamental a la vida.
Cuarta. En la calle y en las redes sociales, no faltan quienes promueven el no respaldo al sí del plebiscito, argumentando una serie de medidas o acciones a todas luces impopulares, como el aumento injusto al salario mínimo; lo mismo, la anunciada alza de impuestos del Gobierno en detrimento de los sectores populares. Sin embargo, no es prudente confundir un episodio con otro. Ambos requieren independientes reacciones. Algunos piensan equivocadamente, que no respaldar favorablemente el plebiscito es pasarle a Santos una onerosa cuenta de cobro y que con ello le hacen daño al presidente, cuando la verdad es que el que pierde es el país. La paz no es de Santos, la paz es de todos.
Quinta. Los nuevos gobernantes a nivel local y regional deben estar preparados para enfrentar los retos del postconflicto, pues al paso que vamos la paz no tiene reversa. En toda la geopolítica nacional no hay otro discurso más repetido y atractivo que el referente a la necesidad de buscar canales de entendimiento entre los colombianos. En una sociedad tan consuetudinariamente polarizada como la nuestra, la paz hoy es un propósito nacional hacia la construcción de una cultura política acorde a los verdaderos cambios tan anunciados por no pocos mandatarios durante sus respectivas campañas.
Coletilla. Sólo se escuchan elogios para el alcalde de Popayán, César Cristian Gómez, debido a la organización y desarrollo de los eventos referentes a la Fiesta de Reyes. Quedan cosas por mejorar pero lo que se acaba de evaluar representa un reporte favorable de satisfacción ciudadana. Se destaca el buen comportamiento ciudadano, así en algunos lugares se hayan presentado lunares como el juego y derroche de agua. Por lo visto el nuevo alcalde es consciente de la importancia de la cultura ciudadana como mecanismo de resolución de muchos problemas y conflictos que hoy asfixian a las ciudades en procesos de modernización. Es importante diseñar e implementar estrategias concernientes a fomentar la cultura ciudadana en todos los escenarios donde discurre la existencia citadina. El rescate de las buenas maneras, costumbres y valores contribuyen notablemente a la construcción de ciudadanía. En repetidas ocasiones hemos enfatizado que más que pensar en construcciones de concreto, hay que promover acciones pedagógicas encaminadas a la formación de buenos ciudadanos. Problemas como el irrespeto y la intolerancia entre las personas, violación del espacio público, falta de apego y amor por las ciudades, la indiferencia y falta de solidaridad, la mala atención en entidades públicas y privadas, tráfico vehicular, ruido generalizado, depredación del medio ambiente, etc., podrían resolverse con una buena dosis de cultura ciudadana.



