EL OLVIDO DE LOS CADALSOS

La reconquista española hace 200 años
La revolución de la Independencia fue en sus comienzos puramente aristocrática, la intervención de Policarpa marca su contacto con el pueblo. Tomás Rueda Vargas.

Mientras se peleaban como Patria Boba, afiebrados por adueñarse de las ingentes riquezas de sus regiones, que los hacendados creyeron tener en sus manos después de expulsar al virrey, un grave acontecimiento demostró la poquedad de aquella inútil rivalidad: la llegada a las costas venezolanas de la expedición española enviada por Fernando VII, a las órdenes del teniente general Pablo Morillo, con la misión de salvar las colonias americanas.
Esta invasión era la más enorme reconocida hasta ese año de 1815, con 42 navíos escoltados por 18 buques de guerra, y 15 mil soldados curtidos en las luchas napoleónicas. Bolívar, al saber que venía hacía América este intento de reconquista, renunció al mando militar concedido por el gobierno federalista de Tunja precedido por Camilo Torres y anunció su salida del país el 9 de marzo rumbo a Jamaica donde escribiría su famosa Carta.
El 3 de abril, la segunda gran expedición invasora imperial después de Colón, tocó las costas venezolanas y el 11 de marzo entró el “Pacificador…” a Caracas, entre salvas, músicas, fuegos artificiales, banquetes y festejos públicos, recibiendo al enemigo como se ha hecho muchas veces en la historia. Basta sólo recordar la entrada de Franco al Madrid de “¡No pasarán!”, después de vencer en el 39, con ayuda del fascismo, la revolución.
A fines de julio los expedicionarios llegaron a Santa Marta, pocos días después la infantería rodeó a Cartagena de Indias, por tierra y la escuadra naviera de guerra la cercó. Tres meses duró la resistencia de la Ciudad Heroica, al mando del venezolano Bermúdez.
Un año después, el 6 de mayo de 1816, arribó a Santa Fe, capital de Nueva Granada, la vanguardia del ejército realista, que fue recibida como en Caracas con manifestaciones victoriosas de júbilo: cabalgatas de señoras encopetadas y caballeros aristócratas, integrantes de lujosa comitiva, en espera de recibir las gracias del nuevo conquistador español.
Miguel Latorre encontró en la aldea andina arcos triunfales, comparsas, izados por todas partes los estandartes del reino, manifestando ante tanto jubileo de españolismo, que: “un general español no puede asociarse a la alegría verdadera o fingida de una capital en cuyas calles temía yo resbalarse mi caballo en la sangre fresca aún de los soldados de su majestad…”
Se erigieron los cadalsos al otro día de la llegada del nuevo Colón, don Pablo Morillo. El 8 de junio comenzaron en forma las ejecuciones en la plaza mayor, hoy Bolívar, en la plazuela de San Francisco, hoy Parque Santander, y en la Huerta de Jaime, dando inicio a una era de terror sólo semejante a las de los antiguos colonizadores: persecuciones, saqueos, crímenes. Con el tiempo fueron tantas las víctimas de los godos o curros, como se les denominaba, que se les agotaron las víctimas, disminuyéndose por lo tanto, el número de cadalsos en todas las poblaciones.
Fue en el momento en el cual aparecieron pequeñas partidas de guerrillas, que eran equipadas por las mujeres con los envíos hechos como los de Policarpa Salavarrieta, desde la capital, que con su actitud valerosa pagó con su vida y la de su novio el sargento Alejo Savaraín. Su participación marcaba la entrada del pueblo en la guerra de independencia. “La revolución de la Independencia fue en sus comienzos puramente aristocrática, la intervención de Policarpa marca su contacto con el pueblo.”
Este 2016 – hace 200 años- la España, que nunca se fue, ahogó la revolución de independencia.
Alegría de Pío/11/1/16/ 7:40 a.m



