
Pablo Escobar cumplió 44 años un día antes de que lo mataran. Era el 2 de diciembre de 1993 cuando el llamado Bloque de Búsqueda, sobre las 3:00 de la tarde, le disparó en el techo de una casa donde estaba escondido en el barrio Los Olivos de Medellín.
Llevaba dos semanas recluido en una vivienda de dos pisos de fachada de ladrillo, que había alquilado varios días antes, convencido de que en esa, su ciudad, el Bloque de Búsqueda no lo iba a encontrar tan fácilmente.
Escobar tenía consigo un teléfono inalámbrico que usaba para llamar a su familia cada cierto tiempo. Para ese momento el capo, el hombre más buscado del mundo, estaba acorralado. Sólo un puñado de guardaespaldas seguía a su lado y en su cabeza la única idea que rondaba era la de poner a salvo a su esposa y a sus hijos fuera de Colombia.
Usaba su teléfono desde un automóvil en movimiento para garantizar que si rastreaban la llamada, nunca fuera desde el mismo punto. El vehículo, conducido por uno de sus sicarios, apodado ‘Limón’, era un taxi que se camuflaba a la vista del mundo entre todos los demás.
Pero, aunque era un plan maestro, más de 1.500 hombres entrenados como sabuesos estaban detrás de su pista todo el tiempo y esconderse así no es tarea fácil. Y aunque era cauteloso con el uso del teléfono, fue, precisamente eso, lo que lo motivó su caída.
Ese 2 de diciembre, desde la casa 45D-94 de la calle 79 del barrio Los Olivos, Pablo Escobar llamó a su hijo. Estaba solo, desesperado, enfermo y quería tener la certeza de que todos estaban bien. Y ellos querían desearle un feliz cumpleaños.
Pero 35 policías encubiertos estaban escondidos alrededor del barrio, seguros de que el capo estaba escondido en una de las casas. Esa vigilancia era producto de una labor de un año y medio se seguimientos, interceptaciones y tareas de inteligencia.
Escobar llamó varias veces a su hijo, haciéndose pasar por un periodista. Las llamadas fueron a eso de la 1:00 de la tarde. El capo se asomó por una ventana, con el teléfono inalámbrico en la mano y allí fue Troya para él.
El coronel Hugo Aguilar, el policía que lo había estado cazando por meses, fue quien lo reconoció. Él y sus 35 hombres llevaban al menos 24 horas apostados en inmediaciones de la casa esperando una pista.
Cuando lo vieron tomaron la casa por asalto. El primero en caer fue ‘Limón’, quien salió disparando. Escobar corrió por los tejados, descalzo, con un arma en la mano, pero no llegó lejos. El Bloque de Búsqueda lo alcanzó. Nadie corre más rápido que las balas. Ni Pablo Escobar.
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Publicación original de: http://www.noticiasrcn.com/especialesrcn/escobar/