Yerry Mina es más que fútbol

Yerry Mina es más que fútbol


“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”.
Tomando prestado este párrafo inicial de la obra cumbre de García Márquez, estoy seguro de que, sin importar cuántos años pasen, Yerry Mina recordará por siempre aquella mañana en que lo llevaron a conocer a su nuevo equipo, el Barcelona Fútbol Club.
Hoy tenemos que agradecerle a este súper deportista dos cosas: primero, que con su llegada al Barza el nombre de Guachené y el Cauca han tenido un despliegue internacional inusitado en la prensa del planeta, y segundo, que ese hecho haya superado de lejos la mala noticia emitida por el Departamento de Estado Americano, recomendando no viajar a nuestro departamento, por los presuntos riesgos que implica visitar una región con presencia de grupos armados ilegales.
La gran cantidad de fotos, vídeos y noticias generadas desde el Nou Camp, donde Yerry aparece estrechando la mano de Lionel Messi y de los jugadores del Barza, nos han llenado de satisfacción, pero nos ha gustado más que todos los periodistas lo perciben como el hombre humilde y alegre que siempre ha sido, lo cual habla bien de esa raza afrocolombiana que representa; la misma raza mayoritaria de Haití, país al cual – junto al Salvador – acaba de insultar el presidente de la nación más poderosa del mundo, llamándolos “huecos de mierda”, en una nueva y desastrosa expresión de su grosería y arcaico racismo.
Mina deberá acostumbrarse a ser protagonista, dentro y fuera de la cancha, y adquirirá un enorme poder mediático, convirtiéndolo en el caucano más importante de los últimos tiempos, por encima de muchos políticos y personajes de farándula, reivindicando el poder del deporte, una de las nuevas religiones modernas, corroborando – como decía Valdano – que “el fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes”.
El Cauca, un departamento que a ratos parece romperse a pedazos y que tiene muy pocas cosas que lo unifiquen, encuentra en este personaje un factor de cohesión y orgullo, y recuerden que cuando un pueblo se siente orgulloso de sus logros se llena de confianza y es capaz de avanzar más rápido, porque la confianza “embala” y te prueba que se puede alcanzar lo que parece imposible.
Eso significa hoy nuestro gigante de Guachené, un elemento de unión, un ejemplo a seguir, una reivindicación para una región que a través de Yerry le contesta a los funcionarios de Washington, que aunque tengamos problemas – como los tienen todas las regiones del mundo – también tenemos sabor, sazón, ritmo, mar, páramos, montañas, diversidad y una historia que nos hace grandes – más de lo que creemos – y que somos un destino para que los extranjeros también nos conozcan y se sorprendan.
Yerry Mina saltó de las canchas del norte del Cauca al Deportivo Pasto y de ahí a triunfar en Santa Fe, Palmeiras y la Selección Colombia. Pronto lo hará en España y Europa. Encenderá millones de televisores y enloquecerá a los catalanes cuando celebre un gol moviendo con frenesí todo su cuerpo al son de la Salsa Choke.
No me quiero perder esa imagen, será delirante, como no quiero perderme el momento en que decenas de oficinas de turismo del mundo recomienden visitar a Guachené, Quilichao, Silvia, Popayán, Puracé, el Macizo, Guapi, Gorgona y toda la bella geografía de un departamento que busca, a través de sus transformaciones y la pujanza de su gente, construir “una segunda oportunidad sobre la tierra”.

Gracias Yerry Mina por hacernos creer.



