Y LA SOGA SIGUE APRETANDO

Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó.-
Quienes luchan por el derecho a la información, sobre todo, del derecho que nos asiste por tener claridad y verdad sobre las triquiñuelas de los poderosos en el mundo, los jackers y el movimiento de los “ocupa”, desde hace buen rato vienen pregonando que los gobiernos deberían al menos garantizar a cada ciudadano, tenga o no tenga empleo, al menos mil euros mensuales, algo así como dos palos y medio.
El nuevo movimiento suizo, el año pasado ha propuesto que tal asignación sea de dos mil euros, para todos, sin distingos. Con ello, cada ciudadano, al menos podría no tener sobresaltos con los servicios, la vivienda, la alimentación y algo más.
Justo podría decirse porque al fin y al cabo, quien usa y se beneficia de la inteligencia, el tiempo, y la fuerza de los ciudadanos es el Estado mismo bien sea utilizando los jóvenes como carne de cañón, bien como esclavos asalariados, bien como consumidores de todo lo que la industria, la banca y el Estado mismo ofrecen como bienestar social y bien común.
Mientras en otros lares, pues, se piensa así, en estos solares como si tuviéramos alambiques familiares para destilar Bolívares y Santanderes a la lata o como si cada responsable familiar fuera Banco de la República para eructar monedas, el gobierno considera que cada ciudadano colombiano, llueve, truene o relampaguee, tiene que saltar matojos cada mes, y a como dé lugar, tener suficiente parné, cachimonis en el bolsillo para cubrir los cobros del Estado: los infaltables cheques de los servicios públicos, salud, a más de la batahola de cobros mensuales de todos los juguetes del consumo, con los cuales industriales, financieros y demás realizan su ganancia que no es poca.
Ni con las vacas gordas del peso colombiano fuerte pudimos tener descanso, porque la deuda que ostentamos con los bancos internacionales para que cada gobernante desde el presidente hasta el último alcalde se sientan faraones construyendo puentes donde no hay río, polideportivos para fumar marihuana, hidroeléctricas para sepultar pueblos, etc. no sirvió para rebajar la gasolina, los servicios públicos, para mejorar la salud, la educación, la vida cotidiana.
Menos ahora que volverán las épocas de las flacas con el dólar subiendo como escarabajo colombiano los premios de montaña.
En menos de lo que canta un gallo, ahí tenemos los cobros subiendo: del agua, luz, teléfonos, celulares y pagaremos con sudor el despropósito de la salud, la quiebra de las pensiones. A orinar sangre como dicen los impresores de San Nicolás.
Por lo menos un 32% de los habitantes vivimos en el campo, y cuando nos va bien, recibimos contante y sonante, recursos dos veces al año. Y no menos de un 50% de la población urbana sudando la gota gorda por el pan cotidiano.
Para variar pues, otro tirón al nudo que nos aprieta el pescuezo.




