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Miércoles, 21 de octubre de 2026

Viven a oscuras en la fábrica de luz

Energía para Colombia, tinieblas para el Cauca Por Redacción Proclama del Pacífico / Es una de las ironías más crueles...

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Viven a oscuras en la fábrica de luz
Este archivo está licenciado bajo la licencia Creative Commons Atribución 2.0 Genérica
Viven a oscuras en la fábrica de luz
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Energía para Colombia, tinieblas para el Cauca

Por Redacción Proclama del Pacífico / Es una de las ironías más crueles de nuestra geografía: el Cauca, departamento que enciende a Colombia, vive a oscuras. Y el epicentro de esta burla administrativa es Suárez, el municipio que alberga en sus entrañas la represa de La Salvajina.

Hablemos con cifras, porque la realidad no admite maquillajes. La Salvajina es un titán capaz de almacenar 960 millones de metros cúbicos de agua del río Cauca y generar 308 megavatios de energía. Es una arteria vital que bombea electricidad al Sistema Interconectado Nacional. Sin embargo, mientras Suárez ilumina industrias, hogares y comercios a lo largo del país, sus propios habitantes sufren un servicio intermitente, precario y vergonzoso. Es la definición perfecta de «luz en la calle, oscuridad de la casa«.

La insolencia de la CEO

Pero el problema no es solo la generación, sino la distribución. Aquí entra en escena la Compañía Energética de Occidente (CEO), una empresa cuya gestión parece regirse por la ley del menor esfuerzo y la máxima ganancia. Recibieron la infraestructura de Cedelca y, en lugar de modernizarla, como era el compromiso, decidieron exprimirla hasta el colapso.

El pésimo servicio parece ser un reto lanzado con arrogancia a las comunidades: «No reinvierto, ustedes pagan obligatoriamente, yo me enriquezco, ¡y qué pues!». Esa es la insolencia de su actuar cotidiano. La distribución interna de energía en el Cauca es un desastre que perjudica la vida digna de casi todos los caucanos, y lo más grave es que es un desastre privatizado. Estamos pagando una factura que incluye, al parecer, el costo de la incompetencia.

Y no olvidemos el origen de este matrimonio forzado. Gracias a un contrato cedido en tiempos de Álvaro Uribe Vélez —quien privatizó la prestación del servicio—, el Cauca parece condenado a soportar esta situación por 10 años más. Las autoridades administrativas y políticas, y las fuerzas vivas no pueden seguir permitiendo que esta condena se cumpla en silencio.

Una deuda histórica impagada

La energía eléctrica siempre ha sido sinónimo de perjuicio para Suárez. La construcción del embalse, con su extensión de 31 kilómetros, desplazó a más de 6.000 personas. Se inundaron tierras fértiles y se rompieron tejidos sociales bajo la promesa del «progreso».

Las comunidades lograron firmar el «Acta 86» con el Gobierno Nacional y la CVC. Se prometieron vías, buses acuáticos, hospitales, escuelas, reforestación y hasta el regreso del ferrocarril entre Suárez y Cali. ¿El resultado? Casi 40 años después, solo se cumplió el 40% de lo pactado. El Estado y las empresas dueñas del negocio (hoy Celsia, antes EPSA) han demostrado un desinterés sistemático.

Ni siquiera la justicia les mueve la aguja. La Corte Constitucional, mediante la sentencia T-462A de 2014, ordenó reparar los daños ambientales y sociales y respetar la consulta previa. Pero la sentencia, al igual que el Acta 86, parece ser letra muerta para quienes se lucran del agua caucana.

Se acabó la paciencia

Como bien lo expresó el alcalde de Suárez, César Lizardo Cerón Galindo, en su reciente y contundente derecho de petición: «Consideramos inaceptable que estas afectaciones continúen normalizándose». Suárez requiere soluciones inmediatas para restablecer la confianza y garantizar la seguridad y el desarrollo.

La situación es insostenible. No estamos pidiendo un favor; estamos exigiendo lo que por justicia, historia y derecho nos pertenece. Si el Cauca pone el agua, la tierra, la energía y el dinero con que se paga, lo mínimo que merece es que no se le vaya la luz.

Si la CEO no es capaz de devolverle dignidad a los suareños, entonces su negocio no es desarrollo, es saqueo.

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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