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Viernes, 2 de octubre de 2026

Vientos de paz

Proceso de paz entre las Farc y el Gobierno en La Habana
Carlos E. Cañar Sarria
Carlos E. Cañar Sarria [email protected]

El anuncio que hicieron el Gobierno y las Farc recientemente en La Habana, de lograr un acuerdo definitivo de paz antes de marzo del próximo año, es un discurso esperanzador, que indiscutiblemente es recibido con beneplácito por parte de gran cantidad de colombianos hastiados de tanta sangre, de tanta violencia y de tanta destrucción.

El arduo y difícil camino de la paz se despeja y se construye con la voluntad y colaboración de todos los colombianos; dicha tarea requiere de un compromiso colectivo. Los protagonistas somos todos y no es responsabilidad absoluta de quienes actualmente se encuentran negociando y adelantando el proceso en Cuba. La paz es un derecho y un deber, tal como lo consigna nuestra Carta Política.

Uno de los compromisos de campaña asumidos por el presidente Santos fue insistir, empeñarse y concentrar todas sus fuerzas hacia la búsqueda y encuentro de la paz; por eso y para ello muchos colombianos lo reelegimos. Como toda empresa de importancia la paz no es una labor fácil y descomplicada; el actual proceso ha tenido muchas dificultades y es posible que las siga teniendo. Es importante reconocer que con voluntad política se puede avanzar significativamente. Y se logre un acuerdo definitivo que deje atrás las casi seis décadas de guerra y sirva de garante de una paz estable y duradera.

¡Llegó la hora de la paz! ha dicho el presidente. Cierto. Llegó la hora a los colombianos de comenzar a construir tejido social en beneficio de las futuras generaciones, pues no pocas generaciones no hemos podido vivenciar lo que significa respirar en condiciones de seguridad y tranquilidad.

Es normal en los procesos y acuerdos de paz, que lo acordado no deje a todos satisfechos, pero sin duda es necesario hacer sacrificios de todos lados. Los temas de la justicia, los delitos de lesa humanidad, de la situación de las víctimas, referentes a la apertura política, de la necesidad de implementar políticas públicas de economía social, etc., son asuntos sustanciales, sobre los cuales se espera que los acuerdos en estos aspectos dejen más satisfacciones que frustraciones.

Proceso de paz entre las Farc y el Gobierno en La Habana

Ahora el país debe prepararse para el postconflicto porque la paz ya no tiene reversa. En una democracia así como es importante el consenso, también lo es el disenso. Por eso es respetable el hecho de que algunos no estén de acuerdo con el proceso ni con todo aquello que se acuerde en las negociaciones. Pero hoy más que nunca se requiere de mirar hacia el futuro, pensar en el bien que se avecina y no quedarse recordando el mal pasado. No es el momento para mezquindades porque insistir en la guerra significa el riesgo de quedarse solos.

Se hace necesario buscar mecanismos que hagan posible la unidad nacional -no en sentido partidista ni proselitista- se requiere de la construcción de una cultura política democrática que implique el compromiso de todos los colombianos de buscar la paz, de lograr la paz y mantener la paz.

Mucha economía social tendrá que inyectar el Estado para atender las profundas desigualdades socioeconómicas, consideradas causas objetivas de la violencia. Hay que comenzar por el campo; muchos escenarios rurales han sufrido la desatención del Estado y están a la espera de reconocimiento. También el postconflicto tendrá que poner los ojos en las ciudades que hoy están presas de problemática social, incluyendo la inseguridad que está ocasionando estragos e invalida la tranquilidad ciudadana y deslegitima más a los gobiernos locales.

Ante las críticas que le ha hecho la oposición, el Gobierno ha sido enfático en que el modelo económico no es objeto de negociación y que se respeta la propiedad privada. Pensamos que la implementación de medidas de economía social, por lo menos llevará a hacer algunos ajustes al modelo económico. La paz con justicia social tiende a ser considerada una política de Estado y no una política del actual gobierno. Se espera que en el futuro Colombia cuente con planes nacionales de desarrollo incluyentes hechos a imagen y semejanza de las necesidades de la gente.

Se sienten vientos de paz bajo el cielo de nuestro país. Hay optimismo, hay esperanzas de que un nuevo sol alumbre los escenarios donde durante tantos años las tenebrosas acciones de la guerra, sólo sembraban desolación, desplazamiento y ruinas por doquier.

Es cierto que la paz jamás ha estado tan cerca. Dios permita que todos podamos alcanzarla y mantenerla. En la vida social el bien más valioso es la paz. Sin duda, coincidimos con todos aquellos que afirman que la mejor noticia recibida en muchos años, es que la paz ahora sí es una posibilidad. En plena época de campañas políticas, caracterizada por la apatía electoral, ante la falta de argumentos y verdaderas propuestas de candidatos, la gran noticia sobre la posibilidad de la paz nos oxigena y reconforta.

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