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Martes, 6 de octubre de 2026
lunes 9 abril, 2018 a las 2:38 pm

VIAJE POR ALLEN GINSBERG

ALLEN GINSBERG
VIAJE POR ALLEN GINSBERG
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy / Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

VIAJE POR ALLEN GINSBERG

VIAJE POR ALLEN GINSBERG
Imagen tomada de: https://bit.ly/2ExQxbm

Entonces iremos conduciendo borrachos sobre los bulevares
donde marchan ejércitos y hacen aún paradas militares
tambaleándose bajo la invisible
bandera de la Realidad—
Lanzados a lo largo de la calle
en el auto de nuestro destino
compartimos un cigarrillo arcangélico
y nos leemos el futuro el uno al otro…
Fragm. Poema: Sándwiches de realidad. Allen Ginsberg

¿Vivimos, acaso, como si estuviéramos discurriendo entre una andanada diaria de sándwiches durante el lento transcurrir del bulevar de los días? Las cosas actúan delante de nosotros como vulgares rodajas de pan, -una arriba y otra debajo y entre las dos un pedazo de Realidad. ¿Esa es la Realidad, querido Allen, tal como la saliste a recorrer borrachos con tu amigo en el automóvil verde?

Qué envidia no poder ir en ese coche desde donde se divisa el resplandor del bosque que ilumina la cumbre de la montaña o la belleza de las almas ocultas como diamantes en el reloj del mundo. Bajaremos del automóvil que hemos imaginado y compraremos la ciudad con un cheque cobrado en el banco de la sinrazón.

Haremos una parada en el centro, en el billar, en la posada de mala muerte y pasaremos por la casa de las putas y por las oscuras calles de Larimer. Recogeremos la santa maleta de oscuro moscatel del padre de Denver que se perdió entre la carrilera del tren. Oh, sí. Beberemos y luego reventaremos las botellas sobre las hileras de rieles como signo de amistad.

Acaso no era necesario que fuera en auto verde y que me encontrara con mi amigo y recogiéramos la botella de moscatel? Sí, la memoria lo recuerda y ahora deja la constancia. Y no solo levantamos de la muerte aquella dulce botella. Charlamos y nos reímos de las charlas muertas de otros años y los compases del jazz perdidos en muchos sábados.

Aprovecharemos el viaje para llevar por fin este mundo a las camas. Será como hacerle un monumento el amor pasado. No importa si nos va bien y volvemos en este auto verde mañana en la madrugada a nuestra casa. Ese es el discurso del buen Allen en su poema. Todo lleno de saudade y lágrimas borrachas.

Ni fue un carro verde, ni se encontró al amigo, ni recogieron la maleta que no cayó entre los rieles del tren. Ni bebieron el dulce jugo de la uva moscatel ni rieron ni pasaron por el barrio de las mujeres de vestido rojo.

O… sí? Es un poema de Allen Ginsberg. Con gracejo y melancolía. Echó a volar días pasados, le dio vuelta al bulevar de los días y parecía que pintaba lo que nos pasa a mujeres y hombres a lo largo de nuestro paso por la vida.

Qué coincidencia encontrar esta joya que me dejó escondida debajo del colchón donde durmió una noche el bueno de Andersen Galeón. Sí, era un diamante que había quedado bajo una traviesa en la carrilera del tren que pasa para Yumbo a la salida de Cali.  

08-04-18                                                 9:01 p.m.

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