¡VERGÜENZA!


¡VERGÜENZA!

2.000.000 dividido entre 30.000 da como resultado 66,666.666.666, al parecer cifra maléfica según cálculos proféticos de algunos soñadores, y hasta difícil de leer y entender a primera vista para los profanos.
Es la tremenda desproporción entre el aumento al sueldo de un parlamentario y el aumento de un obrero que «ganará» salario mínimo para el año 2021 en este país, donde cualquier símbolo de libertad y justicia es lo más falso de toda falsedad, así se erija como escudo, bandera, o cualquier otro artilugio retórico en labios de los mandamases.
Desproporción de la vergüenza. Pero no vale hablar de vergüenza en un país que la perdió hace mucho y no le interesa recobrarla. Es la vergüenza que sonroja a la buena conciencia, a la poca que hoy alza los ojos al cielo como imprecando una bendición cada vez más lejana e incierta en este lado del mundo.
Es cierto que los sofismas de la ciencia económica no dan por viables otras soluciones, y entonces el sistema justifica la injusticia, así y la «ley» ampara la brutalidad y estupidez humana entronizadas en el poder, la gloria de los poderosos y la miseria de los demás. Impía, insultante, odiosa y execrable condición de un mundo en donde lo que cuenta es el aprovechamiento propio en detrimento del derecho ajeno.
En estas condiciones y ante esta perspectiva, que a muchos no admira sino que por el contrario elogian y encomian como lo propio y justo en estos momentos, no vale la pena desear un mejor año 2021 al país del Sagrado Corazón, porque la realidad es que seguiremos de mal en peor, por la vía del desbarajuste económico, político, moral y social que nos golpea desde siglos en esta parte del mundo.
De modo que, amigos, ¡mi muy sentido pésame de nuevo año a los pobres y humildes se este país, que son la inmensa mayoría!
Y no se diga más, para no apesadumbrar más nuestra terriblemente injusta realidad. ¡Horror!
**RVQ**
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