Venezuela “maduró” la democracia


Los venezolanos concurrieron a las urnas en una de las más intensas elecciones presidenciales eligiendo a Nicolás Maduro Moros como su nuevo presidente constitucional para los próximos seis años.
En términos generales fue un proceso pobre en propuestas, pero muy apasionado por cuanto se jugaba el cambio de políticas en la dirección del Estado o la continuidad del proyecto construido por Hugo Chávez Frías durante 14 años y lo que se ha denominado la Revolución Bolivariana, variante popular y socialista, que el pueblo Venezolano prefirió así sea la victoria electoral por estrecho margen.
El triunfo electoral favoreció a Maduro por el clima emocional que ha rodeado la muerte del líder, y donde Maduro fue designado por el propio Chávez como su sucesor en lo que va a ser recordado como su última aparición pública. También se trató de una elección en la que abundaron los recuerdos históricos al fallecido presidente y donde se le fue muy difícil a cualquier opositor como Capriles criticar la obra o la persona de Chávez, que logró como el más cuestionado y grande líder de Latinoamerica en los últimos tiempos.
Venezuela en medio de un clima de ánimos exacerbados y polarización del debate electoral demostró una enorme capacidad de convocatoria política, vocación democrática y un moderno sistema electoral que, pese a las críticas, tiene cierto grado de confiabilidad “madurando” de alguna manera su democracia.
El reto de Nicolás Maduro será enderezar la economía, combatir la inseguridad y continuar las políticas heredadas de su antecesor en materia social así como racionalizar el gasto de las ganancias del petróleo que permita superar el desabastecimiento de alimentos, la crisis del agro, el comercio de fronteras, dedicarse más a organizar la casa y para eso tiene las riquezas del petróleo.
En el mediano plazo, siendo heredero de dos de las tradiciones políticas más duraderas de América Latina, casi marca registrada de la región como lo son el populismo y el caudillismo (con excepciones como Chile), el símil a lo que Chávez va a dejar hay que encontrarlo en el peronismo argentino, es decir, un movimiento de amplia base popular que se va a transformar en un factor duradero de la vida política venezolana, y que al igual que el caso argentino, a su interior van a convivir sectores muy diversos, que van desde la derecha a la izquierda.
De hecho, hoy se distinguen claramente al menos dos: un ala civil-socialista representada por Maduro y una militar-nacionalista representada por el ex teniente y compañero de armas Diosdado Cabello, actual presidente del legislativo. Este movimiento va a generar políticos y gobiernos diversos, y sin el carisma de Chávez, su éxito o fracaso va a estar muy relacionado con el ciclo económico, y los beneficios y subsidios que se entreguen con el precio del petróleo.
En el mediano plazo, seguramente ningún otro líder va a poder desplegar la “petrodiplomacia” de Chávez, no se va a buscar influir a nivel internacional en la forma como éste lo intentó, siendo por lo tanto también útil el ejemplo de Perón, donde sus sucesores se limitaron a Argentina, es decir, a lo nacional.
Con respecto a EE.UU., la relación va a seguir marcada por el petróleo, ya que en ninguna otra parte, la diferencia entre política y economía fue tan marcada. Es así como a pesar de las descalificaciones mutuas, en lo económico la relación era muy normal, teniendo más intercambio con la potencia que con los países del ALBA, y aunque cueste creerlo, Venezuela bajo Chávez ha sido entre el cuarto y el quinto proveedor de petróleo de EE.UU. y uno de los más confiables.
A cambio, las refinerías venezolanas no estaban en suelo propio, sino en EE.UU, funcionando sin ningún problema. Si eso llegara a cambiar y para perjuicio de Venezuela, sería si los adelantos tecnológicos que han hecho posible la masificación del “shale-gas”, convierten a Norteamérica de importador en exportador de petróleo, con lo que Venezuela (su tipo de petróleo no se vende en todas partes) dejaría de tener la misma relevancia en algo tan estratégico.
Por cierto, que la desaparición de Chávez abre un signo de interrogación no solo para Cuba, sino también en Argentina, Bolivia, República Dominicana y países caribeños que se beneficiaron de ayuda económica. También la abre para toda la región en el sentido que el despliegue del chavismo fue posible, ya que la potencia natural, es decir Brasil, tuvo una actitud más bien pasiva de ejercer el poder blando, que de utilizar toda su fortaleza económica y estratégica. Es decir, Brasil va a tener que tomar la decisión si se emplea a fondo o sigue sin liderar a la región, sobre todo, en un momento donde México adquiere cada vez más presencia y fortaleza internacional (a pesar de la narco-violencia).
Para los historiadores va a quedar el estudio de algo que se ha dado pocas veces en la historia, ya que en la relación Venezuela-Cuba, era el segundo, es decir, el país más débil y dependiente el que ejercía la mayor influencia y no al revés, como lo indica la lógica.
De todas maneras pese a la cantaleta de Capriles, Maduro se va a posesionar y deberá ser muy inteligente en el manejo de sus relaciones con la oposición, debe corregir los errores de tanto asistencialismo estatal que sigue llevando a Venezuela a un país de facilistas, nos interesa a los colombianos su suerte no solo para las relaciones bilaterales y el proceso de paz en camino sino, porque en Venezuela viven poco más de cuatro millones de compatriotas.
A su favor, es que bajo el gobierno de Chávez y teniendo como testigo personal a Maduro se utilizó parte de esa abundancia para ayudar a los más pobres, y en contra, el aumento de la violencia y la inseguridad delincuencial, el desabastecimiento, la baja notoria de la producción petrolera a pesar del alto precio del producto.




