VÁMONOS, VAMOS PASTORCILLOS


¿Cuál realmente es el empleo posible para los parados, para las generaciones que vienen, para los desperdicios que ha dejado la explotación industrial, para todos aquellos azotados por el aburrimiento y la inutilidad?
Hasta no hace mucho cuanto candidato o alcalde con pose de torero a punto de banderillear, se deshacía en promesas sobre la generación de empleo, sobre el desarrollo y demás candongas con las cuales los don-juanes políticos se pavoneaban ofreciendo ventura, seguridad y prosperidad.
Con la automatización, globalización, tratados de libre comercio para que los grandes nos arrojen, entre otras, toda la basura que no consumieron, lo cual nos llevará más de una generación, hay lo que se dice… silencio sepulcral.
Que digo, una nueva jerigonza sobre el estímulo al emprendimiento, a la imaginación, al rebusque, al riesgo, a la competitividad, valga decir entre otras, para que cada quien haga lo que pueda, y se salve como pueda, se oye por doquier.
Es ahora, cuando reconocen todos que la llamada educación no estaba orientada hacia la formación de seres humanos, pensantes, autónomos, sino que estaba enrutada específicamente para hacer esclavos, jornaleros, trabajadores, sirvientes del capital por el miserable salario.
Es ahora, cuando podríamos reconocer que los discursos, letanías, parábolas y requisitorias en los púlpitos estaban orientados hacia la sumisión, a dignificar y santificar el trabajo asalariado y a garantizar la abundancia y el poder para unos pocos. Ahora se puede reconocer que aún las mismas calles estaban hechas para que pudiera transitar el señor, para que fuera observado y admirado por los de abajo, los de a pie.
Ahora podemos decir que el Gobierno no estaba organizado para preservar a los ciudadanos, sino y ante todo, para preservar el dominio sobre la inmensa masa de colombianos viviendo al ras con ras, y con la zozobra desde que se levanta hasta que se acuesta.
Felices de la pelota, eso sí, cantando aquello de que “la virgen sus cabellos arranca en agonía y de su amor viuda los cuelga del ciprés”.
Y hay de quien no lo apreciara. Entonces, ni se era colombiano, ni se era patriota. Despelucados con la selección colombiano, sin a ciencia cierta saber cuál es el futuro que nos espera. En todo caso para variar: feliz navidad.



