UNIDAD EN LA DIFERENCIA


UNIDAD EN LA DIFERENCIA
¡SE PUEDE!

Los caucanos incurrimos en equívocos que agudizan la brecha entre pobres y ricos; tantas tragedias y desatinos ensombrecen y perturban nuestro entorno social: corrupción, deficiencias en el servicio de salud, tomas a la vía panamericana por las comunidades indígenas y campesinas para lograr el cumplimiento de compromisos de Estado, invasiones, hurtos, extorsiones, secuestros, atentados con daños a la sociedad civil, a la infraestructura y a la fuerza pública, desempleo, analfabetismo, marginalidad, exclusión; eventos que hacen parte de nuestra cotidianidad y que traen como consecuencia el desarraigo de las nuevas generaciones que ante la imposibilidad de forjar un plan de vida, emigran a otras latitudes en busca del éxito personal y profesional.
Es absurdo que la causa de nuestro males sea nuestra principal riqueza: la diversidad, que al degenerarse se trasmuta en factor detonante de conflictos sociales, étnicos, políticos y económicos en temas como la tenencia de tierras, emergencias ambientales por su uso ilegal del suelo y de explotación ilegal de recursos naturales. Lo que además de ser factor de violencia, provoca acciones de choque como mecanismos de presión que polarizan y hacen inviable y desestabiliza la economía y la competitividad del sector turístico, agropecuario y comercial.
Los conflictos que surgen por la propiedad y el uso de la tierra en el Cauca, parte de la concepción feudal de su función social. Para los campesinos la tierra constituye una unidad de producción generadora de riqueza y fundamento de la libre empresa, para los indígenas su concepción corresponde a una cosmovisión ancestral territorial, con reconocimiento constitucional al derecho a la libre autodeterminación como entidades territoriales indígenas, dotadas de autonomía administrativa y presupuestal de los recursos del sistema General de Participaciones y el Fondo Nacional de Regalías en salud, educación, agua potable, saneamiento básico y proyectos productivos.
El uso de la tierra en el Cauca está sustentado en cinco factores: 1. Concentración de la propiedad colectiva en resguardos. 2. Presencia de guerrillas disidentes y bandas criminales. 3. Inseguridad jurídica en su tenencia y explotación. 4. Tensión social por el desempleo y la pobreza. 5. Falta de tecnología, innovación y emprendimiento por ausencia de cultura empresarial.
Todos entendemos que no es el momento histórico para polarizarnos, ni dejarnos persuadir por proyectos políticos sustentados en falacias que acuden a la lucha de clases y amenazas de sucumbir ante la tentación del frustrado y decadente castro-chavismo, aflorando odios y apasionamientos en concepciones ideológicas de derecha o izquierda.
En el pos-conflicto es conveniente intentar un proyecto político incluyente, participativo, de unidad social que resuelva nuestros problemas sin agudizar las diferencias, enfrascados en lucha de clases o resentimientos raciales, sociales o de género que agudicen la crisis en nuestro ya fraccionado departamento. El Cauca en el siglo XIX era el departamento más grande e influyente del país, es hoy es una entidad territorial desmembrada e inviable, con actores democráticos incapaces de liberarnos por la vía electoral de una clase dirigente decadente, mediocre y desgastada que se niega a ceder espacios a las nuevas ideas de región.
Es por ello que le apuesto al proyecto político del profesor Sergio Fajardo, pues su concepción de la política del servicio público, sin corrupción ni clientelismo, nos permitirá concertar pactos programáticos y sociales sobre lo fundamental para construir entre todos proyectos de región integradores e incluyentes, con una política agraria que resuelva la tensa problemática sobre la tenencia de la tierra, el derecho a la propiedad, a la libre empresa, a la salud y a la educación, capaz de resolver las discrepancias entre indígenas, afrodescendientes, campesinos, con motivaciones económicas para atraer inversionistas con suficiente musculo financiero para incentivar la empresa privada y el emprendimiento.
Si permitimos que la dirigencia política nos siga dividiendo, el Cauca involucionará absorto en su decadencia perniciosa. En la década del sesenta, el sector agropecuario caucano participaba con el 30% en la economía nacional, hoy no supera el 1.5%. Debemos entender que mientras no le apostemos a proyectos de región de alto impacto, coherentes, incluyentes y participativos, no resolveremos éste conflicto social que nos hace inoperantes y nada competitivos en el contexto económico nacional e internacional. Mi voto será por Sergio Fajardo.



