UNA UNIVERSIDAD CONTRA LOS CERROS


La Universidad Externado de Colombia es hoy una institución contra los cerros del oriente de Bogotá por el lado de La Candelaria y contra el ecosistema de la zona donde se está levantando el mega edificio externa dista que tapa parte de la visión de los cerros por el lado oriental cercano a la Media Torta un lugar de grandes recuerdos cuando íbamos de infantes a paser y rodarnos por sus verdes faldas, donde se talaron cuatro mil árboles nativos.
En 1960, fue el año en que apareció un movimiento plasmándose en 63, orientado a convertir el barrio La Candelaria en Centro Histórico Cultural, declarándolo el gobierno monumento nacional.
La ciudad poco a poco y en especial el barrio Santa Fe, donde además de la Universidad Externado de Colombia, una universidad que nació siendo de garaje, estaba la habitación del poeta León de Greiff. Ambos, el barrio y la residencia del vate mayor, se transformaron en otras cosas no para bien sino en menoscabo de ellas porque rápido los urbanizadores aprendieron del “Bogotazo”, en la medida que se valoraba el precio de la tierra y que a las metrópolis más que construirlas había que gradualmente irlas destruyendo: demoliendo sus mejores sitios, cambiándole sin belleza sus edificaciones antiguas y monumentos naturales y artificiales levantados a lo largo de su existencia, constituyendo un patrimonio apreciable e histórico-cultural de la ciudad.
La Bogotá conocida desde mi niñez por haber nacido en ella, se convirtió con el tiempo en un tugurio destinado a albergar cientos de miles de desplazados de la violencia: gentes expulsadas con motosierra por paramilitares y fuerzas estatales de sus tierras por orden de las multinacionales del imperio.
Una urbe presa de concejos distritales sucesivos, cuyas recomendaciones para su mejoramiento nunca fueron escuchadas dejando siempre a la capital abandonada a su suerte (muerte). Bogotá pudo llegar a ser en otro tiempo una hermosa ciudad, que está situada a 2440 metros de altura sobre el nivel del mar (mal) con una temperatura promedio de 18 grados centígrados, con zona templada y tórrida a sus pies, a donde muchos de sus habitantes salen en vacaciones a zambullirse en sus piscinas.
Cuenta además con un río convertido desde épocas inmemorables en alcantarilla, que con su nombre la cruza de oriente a occidente, que como todos los riachuelos nacientes en estas montañas andinas, caen en la majestuosa corriente del Magdalena, agua trashumante que viene desde el Macizo Colombiano en ruta imparable hasta el Caribe. El río San Francisco bogotano pudo ser alguna vez algo magnífico y fluvial con puentes pasándolos de lado a lado como el Sena o el Támesis. Pero hoy en cambio es un “eje ambiental”, creado por el arquitecto Rogelio Salmona con muy buenas intenciones artísticas y arquitectónicas con piletas de aguas sucia y palmas luchando por su descuido todos los días por sobrevivir. Desemboca después de bajar de sus alturas en la cloaca mayor magdalenense por el lado de Girardot.
Creo que debía existir un Ministerio especial para la atención de este rio: “Demiurgo” de la nación colombiana”, como decía el maestro Diego Montaña Cuellar de este río tan patriótico. Pero tanto como el desmedro estatal y de los habitantes sin identidad, otra de las cosas más aberrantes, dadas contra la ciudad bajo sus cerros de Monserrate y la Virgen de Guadalupe, es ver cómo la famosa Universidad Externado de Colombia taló desde el 2012 para su nueva construcción. La Candelaria, recuperada en su tiempo por Genoveva Carrasco de Samper, gerente de la Corporación con su nombre en aquel tiempo de la década de los 80, y hoy llamado Patrimonio, y que está encargada de cuidar el Centro Histórico de Bogotá de la amenazante demolición, destinado para levantar centros comerciales y conjuntos residenciales cerrados, por el sector originario de la ciudad.
Al subir por la antigua calle de Borja (nombre del conquistador español que acabó a los Pijaos) y que tiene hoy el nombre de María Mercedes Carranza, se ve el enorme edificio de concreto armado, que ha sido levantado con máxima arrogancia como continuación de la sede central y de su enriquecimiento económico sin límite. ¿Hasta qué alturas llegar en estos cerros tan nuestros?
Alegría de Pío. 1112/2014/ 9:30 A.M






