Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Sábado:
Popayán No aplica
Cali No aplica
Sábado, 10 de octubre de 2026
viernes 9 mayo, 2014 a las 9:31 pm

Una noche de invierno en Piamonte

Piamonte 5
Diogenes Diaz Carabalí 2
(Crónica)
Diógenes Díaz Carabalí
Exclusiva para Proclama del Norte.

Comenzó a llover a las tres de la tarde. El día anterior había llovido toda la santa noche. El cielo encapotado parecía que iba a estallar en mil pedazos, los truenos sonaban como potentes bombas lanzadas contra los bajos montes donde muere la Serranía de los Churumbelos, prolongación de la cordillera Oriental. A las seis la llanura que comprende el municipio de Piamonte, departamento del Cauca, estaba inundada. El centro poblado Miraflor estaba copado primero por un agua cristalina de olor dulce, que intrusa penetra por puertas y ventanas, y arrogante se va en turbulencia buscando escape, arrastrando sillas plásticas, aparatos de electrodomésticos, objetos de aseo, juguetes de los niños, prendas de vestir, vasijas de cocina, basura represada, bolsas plásticas, trozos de madera, zapatos viejos y nuevos, llantas viejas.

Piamonte 1

La corriente es tan rápida que no da tiempo para alzar las cosas. Cuando son alzadas chorrean una colada clara de agua olor a barro, mezclada con hojas, cascaras y pequeños animales vivos. Cualquier cosa sirve para levantar objetos: un ladrillo, una silla, un tronco; hay que proveerse. El agua aumenta en su caudal, rápido gana más allá de los cincuenta centímetros.

Piamonte 2

Miraflor está asentado entre los ríos Guayuyaco y Dedoyaco. En verano son dos pequeños riachuelos de aguas refrescantes y cristalinas donde niños y adultos van a mitigar el bochornoso calor que expele la llanura por su cercanía a las montañas, que impiden la circulación libre del aire. Del primero su cauce no traspasa los quince metros de ancho, y del segundo, más angosto, su máximo es de diez metros. En su pasividad sacrosanta nadie imagina que con la lluvia los dos ríos puedan convertirse en fieras salvaje que arrasan con todo. Justo después del poblado Miraflor, el Dedoyaco desemboca en el Guayuyaco para convertirse ambos en afluente navegable por lanchas y potrillos que va a unirse al majestuoso Caquetá.

Piamonte 3

Pero cuando la lluvia arrecia, los dos ríos se unen antes del poblado Miraflor. Inundan potreros y cultivos, casas y caminos, bloquean la carretera, sus pasivos caudales se convierten en un inmenso mar que embiste implacable todo lo encuentran a su paso, coincidencia repetida cada año, por lo menos durante cuatro o cinco ocasiones en temporadas de lluvia. La de anoche (8 de mayo de 2014), ha sido una de las más tenebrosas, según declaran sus habitantes. Y pronostican otras más violentas, cuando tres ríos juntan su caudal si participa el Caquetá, quien por fortuna ha permanecido dentro de su cauce. Esperan las crecientes de junio y julio.

Piamonte 5

¿Por qué estas crecientes desbocadas? La respuesta la tienen los mismos habitantes. Durante la bonanza de la coca en la última década del milenio anterior, la tala indiscriminada para adecuar terrenos destruyó el bosque. No dejaron franjas protectoras en las riberas de los ríos. Hoy, buena parte de la llanura, está convertida en hatos ganaderos por donde ríos sin barrera se desbordan para destruir sin compasión lo que encuentran. El otro factor ha sido la minería ilegal, con la creencia de que río y caños de Piamonte están llenos de oro, suspendida hoy por orden del secretariado de las FARC, pero el daño ya está hecho. Y el último, el que consideran más grave, la exploración sísmica de las compañías petroleras, quienes perforan a determinada profundidad e introducen explosivos con el fin de detectar la presencia de pozos porque en realidad la Baja Bota Caucana nada sobre un mar de petróleo. Consideran los habitantes el peor daño provocado al suelo, haciéndolo altamente erosionable, los caudales de ríos y quebradas rompen con facilidad sus diques naturales.

La noche para los habitantes de Miraflor, en invierno, no es un espacio para el descanso. Es tiempo para dormir con ojo avizor. Si rayos y centellas anuncian el desgrane imparable de la lluvia, hay que hacer guardia. Las mujeres, premonitorias, comienzan a poner en sitio seguro sus pertenencias. Buscan hospedaje seguro para sus animales domésticos. Los hombres, mientras tanto, miran despectivos, asegurando que nada va a pasar. Los hijos juegan con trompos, canicas o pelotas, sin perder de vista a sus progenitores en caso de necesitar su protección. Como anoche, pronto el agua se desgrana. O cae torrencial desde la tarde. La noche es el paso de lo imprevisto. La noche puede significar la maldición. Cristóbal Colón pidió esperar una noche para que lo lanzaran al mar, sino encontraban tierra. A la madrugada avizoraron las costas de Nueva Esperanza. Para todas las culturas la noche tiene un sentido premonitorio. La noche para la cultura judeo-cristiana ha significado su salvación, el paso de Dios. Para los colonos de Miraflor, la mayoría de proveniencia nariñense, la noche en  invierno significa inundación.

Las casas están dotadas de bultos de arena para tratar de impedir la entrada del agua, ladrillos para atrancar los sacos, trapos viejos para cuñar por debajo de las puertas, armatostes para levantar muebles y electrodomésticos, baldes, escobas y trapeadores para ayudar con el cauce del agua. La de anoche fue una larga noche de alzar objetos, de trancar correntías, de ayudar con escobas y trapeadores a encauzar el agua. Niños y grandes han permanecidos en vela en plena actividad, y hubo que madrugar para sacar el barro depositado por las estancias de la casa, porque dejarlo secar significa mayor labor y dificultad para la limpieza. Todo el trabajo hecho en forma manual porque la tecnología también está distante.

Como distante está el estado de esta problemática. Ninguna solución se plantea. Los líderes de la comunidad sostienen que la única solución es reubicar el pueblo, pero ninguna entidad asume responsabilidad alguna frente a esta situación. A duras penas la administración municipal se hace presente con un funcionario impotente. Limitados sus recursos ninguna solución ofrece. Mientras tanto muchos inviernos pasaran. Los ríos Guayuyaco y Dedoyaco seguirán juntándose para amenazar a la población, para inundar sus pertenencias, para pasar una noche en vela armados de escobas y traperos con que inducen el flujo imparable del agua. Son casi tres mil habitantes que no esperan nada del gobierno. Ninguna solución a su problemática, sino torear sus dificultades hasta que la muerte una de estas noches se los lleve al paraíso.

**************************

Otros artículos publicados por este autor: http://bit.ly/1mW4GEp

Articulos relacionados

viernes 9 octubre, 2026 a las 4:01 pm

Gobierno pide trámite urgente para $2,7 billones

viernes 9 octubre, 2026 a las 3:13 pm

Colombia registra 318 ataques con drones en 2026