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Martes, 6 de octubre de 2026
domingo 1 abril, 2012 a las 3:03 pm

UNA CARTA PARA DONKA DE CHEJOV



Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

Hice el viaje a Bogotá para engrosar el inmenso número de amantes de la cultura en estos días que se inundan de teatro las calles, salas, plazas y vericuetos de Bogotá.

Fanny Mickey logró crear una masa pensante que cada dos años cultivaran el arte de la máscara, los vestidos, los diálogos y los gestos en esta ciudad que respira modernidad. Su figura y dientes prominentes se asoman con su cabellera roja en diferentes sitios para dar alojamiento a comparsas, saltimbanquis, zanqueros y payasos. La argentina que vino a Cali e impulsó con su entusiasmo la dramaturgia que los griegos crearon como un gigante que aún se mueve con vigor.

Del brazo del ser que me da alas y dulzura fuimos al escenario de Corferias en la tarde del viernes. No había mucha información ni programas a esas horas. Pero nos encontramos un cuarteto de muchachos que parecían venir de una región francesa o italiana. Lucían vestimenta cortesana azul y verde con borlas y zapatos de hebilla. El rey negro dominaba la escena. Nos invitaron a entrar a su corte. Eran una princesa, una duquesa y una bella criada.

El rey nos animó a sentarnos al lado de su trono y nos preguntó de qué región veníamos, en un perfecto lenguaje castellano. – ¿De qué región vinisteis hasta mi reino? – De la región más dulce de Colombia, noble señor, le respondimos. ¿Cuál es vuestra Gracia?, le preguntamos. – Hacer el bien, repartir nuestros tesoros y no atacar a nuestros vecinos, nos respondió. – Yo también soy un rey, pero sin corona, le dije. No os aflijáis, sois afortunado. El poder es una carga y causa preocupaciones. Pero con mucho gusto te ciño mi corona mientras me visitáis en mis dominios. Y, para mi sorpresa, se despojó de la señal de su poder y me la puso en la cabeza.

Ayer sábado fuimos al remodelado teatro Jorge Eliécer Gaitán a presenciar la obra Suiza “Donka, una carta a Chejov”. Teníamos interés de ir a participar en esta fiesta en honor a la diosa Melpómene. Estaba anunciada como homenaje a este médico ruso, hijo de un hombre de la gleba. Es una mezcla de teatro, sombras chinescas, circo y video.

Me correspondió ver el espectáculo de las 8:30 p.m. desde la silla 11 en la fila 13 del segundo piso. El teatro que lleva el nombre del político liberal más importante asesinado por la oligarquía el 9 de abril de 1948, se quedó corto para presentar una obra de las características de Donka. Desde ese sitio hasta el escenario se ve muy pequeño. No hay suficiente acústica para oír los parlamentos sin amplificación alguna.

Los actores en su mayoría hablaban en una lengua que era la materna y se dificultaba entender lo que decían. Muchos se reían porque adivinaban los significados por el contexto. Pero esa no era la idea.

Sin embargo, como aprendí hace un tiempo lejano, un texto puede calificarse bueno, si tan solo una décima parte de él es sobresaliente. Y así sucedió con esta obra. Tres escenas salvaron a Donka. La de la vida real de dos personajes sobre el suelo comparada con la que nos muestra un sueño, la de vida que reparte sus dones, el hombre los recibe y los dilapida y la del enfermo que va al médico para que le cure la garganta y le da vueltas y le examina todas sus partes menos la enferma. Finaliza la Obra con una larga escena en la que enfermos de levantan de su cama, rondan por la clínica, son llevados de aquí para allá, se esconden bajo la cama, los visitan y sufren más por tanto movimiento que de lo que están enfermos.

Remedios nos da la vida para soportarle, gozarla y desaprovecharla y una campanilla de pesca –donka- nos dejó Chejov para que despertáramos ante la realidad.

01.04.12 – 11.38 a.m.

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