Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Martes:
Popayán 1 y 2
Cali 1 y 2
Martes, 13 de octubre de 2026

UN TREN CARGADO DE FUTURO.

UN TREN CARGADO DE FUTURO.

Imagen por: https://chatgpt.com/

Por: Jaime Cardenas.

Fueron, como bien lo dijo Reed, diez días que estremecieron al mundo, pero sus repercusiones, el eco de la revolución rusa que culmina en cuanto tiene que ver con el triunfo de su vanguardia, la del partido de los bolcheviques, se extendió durante la mayor parte del siglo XX.

No hubo rincón del planeta que fuera indiferente a este  hecho sin precedentes, como quiera que por primera vez en la historia, quienes producían la riqueza, los obreros y los campesinos de la modernidad, comenzaban a fundar un poder, su poder; no era simplemente el derrocamiento del zar para hacerse con el aparato estatal, era imaginar una nueva sociedad que dignificara la vida siendo necesario que todo se cuestionara: la familia, la educación, la forma de amar y de juzgar, las relaciones con la naturaleza, la propiedad, el papel de la religión, del ejército,  la forma de trabajar y la idea de la riqueza, el lugar de la mujer, el arte. Nada quedaba de la vida social que se exceptuara a esa promesa de una vida distinta. Ya antes, los revolucionarios de la comuna de París la habían prefigurado desde su fugaz poder.

Y en ese terremoto aparece el joven Vladimir Maiakovsky. Temprano se une a las huestes de los revolucionarios cuando la represión era inclemente y la agitación social indetenible. Tiene 16 años. Surge en él la intuición de que vendrá un mundo diferente y se une a la lucha rebelde. Pronto conocerá la prisión. Es a la sazón ya un poeta, un anónimo poeta descendiente de cosacos que venía de Georgia y que ahora combatía al lado de los desheredados en las calles de Moscú.

En el transcurso de las verdaderas transformaciones sociales los intelectuales, los artistas, toman partido forzosamente, no pueden ser indiferentes, y no es que sean razones de orden puramente ético las que los impulsan a sumarse a su marcha o abjurar de ella, – como ocurrió con el aristócrata Nabokov-, es que lo que sucede en la vida diaria tiene gran fuerza, como si un imán poderoso los atrajera para que definan su lugar. Y, al contrario, cuando esas transformaciones son una pantomima, un hecho que se acerca a la farsa, “un servidor del pasado en copa nueva” el espíritu del artista, del verdadero artista se resiste a actuar en ese escenario vacío.

Maiakovsky fue un verdadero artista, con criterio propio, sin sumisiones al partido, o a los dogmas, enemigo de estetizar

la guerra y de idealizar al Estado, y así Maiakovsky se dio por entero a la revolución. Todo lo que era y no era poco: poeta, actor, guionista, publicista, tipógrafo, director de cine, diseñador, todo su extraordinario talento fue entregado generosamente.

En esos trenes que atravesaban la vieja Rusia llevó el cine a las masas analfabetas que se asombraron de ese invento, esos trenes cargados de historia y de nostalgia los convirtió en bibliotecas, en lugares de exposición de obras pictóricas, en cafés de tertulia cultural.

Y soñó un futuro luminoso para la humanidad, lo que desde su perspectiva artística encajaba con el futurismo, la vanguardia artística de la cual fue protagonista y que surge con las particularidades rusas de las entrañas de esos agitados tiempos.

Fue un gran intelectual, un inmenso poeta, muy lejos de los poetas cómodos, vanidosos y fatuos a los que detestaba, de aquellos que tan patéticamente son señalados por Nietzsche cuando se refiere a la tragedia Julio César de Shakespeare.

Fue el poeta que pensaba que el amor lo resucitaría, así sea en el siglo XXX, que comprendió con clarividencia kafkiana una de las verdades más dolorosas de la existencia: la gris cotidianidad mata. Contra ella había que rebelarse.

Resucítame

aunque sea

porque esperé como un poeta

rechazando el absurdo cotidiano.

Resucítame

aunque sea por eso.

Resucítame,

quiero vivir lo que me corresponde.

Para que no haya más amor-servidumbre,

casamientos,

lujuria,

sueldos.

Para que, maldiciendo las camas,

saltando de su catre,

el amor se vaya por el mundo.

Para el día

que la pena degrada.

Para que

al grito de:

-¡Camaradas!-

todo el mundo se sienta llamado.

para no tener que vivir

en casas-agujero.

Para que

desde hoy

la familia sea:

el padre

por lo menos el universo,

la madre

por lo menos la tierra.

Se cumplió un aniversario más del día en que el corazón de Maiakovsky dejó de amar, de amar las canciones, la luna, las mujeres, (Tatiana, Liliana, Verónica, Natalya) de amar a la revolución. El tiempo le alcanzó para andar a paso de gigante por nuestra América, estuvo en Méjico acompañado de Diego Rivera y escribió sobre el asombro y la fascinación que le causó nuestro continente.

Tenía 37 cuando se pegó un tiro en el corazón. Cientos de miles de rusos acompañaron su funeral. En Moscú se le levantó una estatua. Otras han caído, la suya está en píe y viva es su palabra, su coherencia, permanece su legado en la defensa del artista y de su individualidad. Se suicidó y pidió en su poema final que no se busque explicaciones, “la barca del amor se ha estrellado contra la vida cotidiana.”

Hay muchas formas de suicidarse, una de ellas, estrangular un pasado que dio sentido a la vida en el esplendor de la rebeldía. Cada cual decide la forma de vivir y de morir, Maiakovsky escogió muy joven la suya.

A Maiakovsky no lo encontramos con frecuencia, como ocurre en la buena amistad, pero siempre es fortificante su encuentro. No se le olvida. Caetano Veloso musicalizó apartes del poema que trascribimos. Y hay una muchacha en una lejana ciudad cerca de un lago que lo ha encontrado en las librerías y se ha entusiasmado con sus canciones y su vida y un beduino, paciente bajo el ardiente sol del desierto del norte de África, lleva en su leve equipaje un libro de sus poemas. No se lo olvida.

 

LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

La primera noche ellos se acercan

y cogen una flor de nuestro jardín,

y no decimos nada…

La segunda noche, ya no se esconden y pisan las flores,

matan nuestro perro y no decimos nada…

Hasta que un día el más frágil de ellos

entra sólo en nuestra casa,

nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo

nos arranca la voz de la garganta.

Y porque no dijimos nada

…ya no podemos decir nada.


Todos los artículos de Jaime Cárdenas en Proclama del Pacífico:

Jaime Cárdenas

 

 

Articulos relacionados

miércoles 22 julio, 2026 a las 2:52 pm

FIRMES POR LA PLATA

miércoles 8 julio, 2026 a las 12:00 pm

EL ÚLTIMO LINYERA

jueves 18 junio, 2026 a las 5:57 pm

DE LA POLÍTICA, DE SUS IMPUREZAS.