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Martes, 20 de octubre de 2026

Un show que se cae por el peso de las mentiras

Pantallas, fotografías, titulares, declaraciones grandilocuentes, medios desatados y una puesta en escena cuidadosamente diseñada para convertir falacias en verdades antes...

Un show que se cae por el peso de las mentiras

Stella Ramírez G.

Pantallas, fotografías, titulares, declaraciones grandilocuentes, medios desatados y una puesta en escena cuidadosamente diseñada para convertir falacias en verdades antes de que fueran probadas.

Pero llegó el momento de la realidad.

El espectáculo alrededor de Angie Rodríguez y su salida del Fondo Adaptación terminó chocando contra una decisión judicial: la tutela presentada con tremendo show por su defensa, encabezada por el exministro Wilson Ruiz, fue declarada improcedente por el Juzgado 54 Laboral de Bogotá.

Y esto es importante.

Porque durante días se quiso instalar la idea de que la declaratoria de insubsistencia era, por sí misma, una violación de derechos fundamentales.

Wilson Ruiz quien no gana ni como defensor en una pelea de perros, sostuvo que Rodríguez tenía estabilidad laboral reforzada por encontrarse incapacitada y pidió incluso su reintegro.

El juez, sin embargo, concluyó que la tutela no era el mecanismo adecuado para ordenar ese reintegro y que no estaban acreditadas las circunstancias excepcionales necesarias para desplazar al juez administrativo.

Entonces conviene bajar el volumen de las pantallas y subir el de los hechos.

Porque una denuncia no se convierte en verdad simplemente porque se repita mil veces en televisión.

Una acusación no se convierte en prueba porque la acompañen cámaras, fotografías, micrófonos y titulares.

Y una narrativa política tampoco se convierte en sentencia porque algunos medios decidan presentarla como verdad revelada.

Aquí hubo un enorme aparato mediático alrededor del escándalo. Hubo poses, declaraciones, acusaciones y una historia cuidadosamente empaquetada para producir una conclusión antes de que hablaran los jueces.

Pero cuando finalmente habló un juez, el resultado fue otro.

La tutela no prosperó.

Y eso debería servirnos para recordar algo elemental: en una democracia, las acusaciones se investigan, las pruebas se valoran y las responsabilidades las determinan las autoridades competentes.

No los estudios de televisión.
No las redes sociales.
No las fotografías.
No los titulares.

Y mucho menos los medios que parecen haber olvidado que informar no significa militar.

El show puede ser enorme.
Las pantallas pueden ser gigantes.
Los micrófonos pueden estar encendidos día y noche.

Pero hay algo que ninguna estrategia de comunicación puede hacer eternamente: convertir una versión en verdad.

Al final, el espectáculo se cae por su propio peso.

Y cuando se cae, quedan las pruebas.

O queda el vacío.

Si todo el ataque de la señora Rodríguez contra el expresidente Gustavo Petro era para congraciarse con el nuevo gobierno, desde allá el ministro Lara dijo refiriéndose a la señora Rodríguez: «no tiene cabida».


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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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