UN REGOCIJO PROLONGADO

UN REGOCIJO PROLONGADO
Por Luciano Rodríguez M. / EL PERIODO DE LA DEDICACIÓN DE LA CASA DE ADORACIÓN BAHÁ’Í, ubicada en el municipio de Villa Rica en el Norte del Cauca, estará por siempre atesorado en un lugar especial del corazón de los nortecaucanos, y de las personas que llegaron desde lugares lejanos del mundo y del resto del país, para participar en una serie de eventos realizados entre el 22 de julio y el 19 de agosto de 2018.

Por naturaleza, el rostro del pueblo nortecaucano siempre ha tenido la capacidad de reflejar felicidad y alegría desbordantes. Sin embargo, el regocijo vivido durante estos agraciados días ha sido de tal intensidad, como para dejar una huella imborrable en las páginas de la historia de este pueblo.
Con los primeros rayos del alba de cada domingo abarcado en este periodo, centenas de amigos encaminaron sus pasos hacia la Casa de Adoración para participar de este momento histórico, y disfrutar de un programa especialmente preparado para la ocasión que incluía las artes, intervenciones y charlas, y por supuesto, la primera visita al templo. Allí estaban sentados con sus rostros flameantes de júbilo, a la sombra de una gran carpa templada en el bosque nativo que recién comienza a emerger. El día anhelado por fin había llegado; el templo estaba ya construido y eso, por supuesto, era motivo para abrazarse fuerte y expresar la mayor alegría.

Una de las que le alcanzaron los días para que sus ojos pudiesen apreciar la Casa de Adoración Bahá’í fue Elba Possú Fory: “El estar aquí y contemplar este sitio tan bello, me trae a la memoria el día cuando la familia Simmons arrimó a mi humilde casa, en la vereda la Primavera, para compartirme las enseñanzas de Bahá’u’lláh. De eso hace ya casi cincuenta años. Un día domingo, como hoy, un grupo de mi comunidad fuimos a una reunión en Jamundí. Allí, cuando el evento llegaba a su fin, nos preguntaron si queríamos hacer parte de esta nueva Causa. Apolinar Carabalí –que vivía por la entrada a Cabito y le decíamos ‘don Polo’–, se levantó de repente y dijo: ‘yo sí’. El segundo en responder que sí fue Abraham Bonilla. Luego nos tocó el turno a las mujeres, que éramos mayoría, y también dijimos que sí. Y fue así como nació el primer grupo de bahá’ís de esta región, que éramos alrededor de veinte personas. Recuerdo que Abraham insistía mucho en que teníamos que salir a las demás comunidades para llevar estas enseñanzas. El poder ver a tantas personas reunidas hoy aquí, me hace sentir una alegría inmensa porque pienso que las semillas que un día regamos se convirtieron en un gran árbol florecido”.
Con palabras colmadas de un amor genuino por el Norte del Cauca y sus gentes, el Dr. Farzam Arbab, quien visitó por primera vez esta región a finales de los sesenta y desde entonces ha mantenido un vínculo estrecho con los nortecaucanos, hizo referencia a algunos rasgos que caracterizan a los pueblos de esta región y sus aspiraciones: “La gente que conocí es de una nobleza de espíritu y una generosidad de corazón que no es fácil encontrar en todas partes; una enorme receptividad espiritual; una aguda percepción espiritual; un respeto sincero por los logros intelectuales; una inmensa capacidad de alegría, que siempre se abrazan el uno al otro; una bondad y generosidad de corazón sin pretensiones; determinación indomable; y un brillo de espíritu que los vientos de la opresión no pueden extinguir”.
También recordó que fue en el Norte del Cauca donde surgió el Instituto Ruhí y Fundaec, “instituciones hermanas que han enfocado sus esfuerzos en la exploración de las dimensiones materiales y espirituales de la vida, con la firme convicción de que la prosperidad solo llegaría si se lograba la coherencia entre ambas. Cada una, a su manera, ha conseguido avances notables en el descubrimiento de enfoques sobre la educación espiritual y científica”.

Elevada sobre un montículo desde el cual se puede apreciar, la Casa de Adoración Bahá’í es un lugar destinado para el recuerdo y la mención de nuestro Creador. ¿Quiénes pueden visitar este sitio? La Casa de Adoración es un espacio abierto a toda persona, independiente de su afiliación religiosa o credo, que desee visitarla y experimentar la alegría que produce la contemplación profunda de la Realidad espiritual. Al interior del templo, un diseño arquitectónico apoyado en conceptos como la belleza, la armonía, el orden y la perfección, le ofrece al visitante una atmósfera de calma y serenidad absolutas, que reconforta el alma, tranquiliza el corazón y es causa de inspiración.
El sentimiento experimentado por los amigos en su primera visita al templo, se puede apreciar en las palabras de Gloria Amparo Ramos: “Desde el momento que puse mis pies en la Casa de Adoración pude percibir una paz y una tranquilidad que nunca había sentido. Caminé despacio y en absoluto silencio. Al sentarme, dirigí la mirada hacia arriba y pude ver el símbolo que está en la cúspide. Era como si esa imagen fuera una gran lámpara que arrojaba luz y bendiciones sobre todos los que estábamos en el interior del templo”.
La Casa de Adoración es también un espacio que permite la realización de actividades de tipo social, educativo, artístico y cultural, las cuales, sin duda, imprimirán un mayor impulso al progreso de la región.
En ese sentido, la Casa de Adoración Bahá’í ilustra la coherencia dinámica entre la adoración a Dios y el servicio a la humanidad. “El Templo y todo lo que lo circunda no puede concebirse en pedazos separados. La adoración a Dios y el servicio a la sociedad son dos aspectos inseparables de la vida comunitaria, son como un todo integrado. Este faro de luz y todo lo que lo circunda se convierte en el centro nervioso de la comunidad, aviva la esperanza y pone en evidencia las enormes posibilidades que tenemos los seres humanos de construir un mundo mejor”, señaló Gustavo Correa en su intervención.
Yeni Nair Gómez, alcaldesa de Villa Rica, expresó su inmensa alegría por ser su municipio el anfitrión de este proyecto: “Esta obra, más que una construcción física, indicó la funcionaria, evoca un espacio de adoración donde queremos sentirnos todas y todos acogidos. Es un oasis para el encuentro con la vida y el fortalecimiento de nuestra espiritualidad”.
El Norte del Cauca es la cuna de una colección de valores plásticos, estéticos y naturales de enorme belleza y significado que fueron el punto de inspiración para el diseño de la Casa de Adoración Bahá’í. “Elementos como la tierra y sus cálidos colores en muros de tapia pisada y el bahareque, el color de la arcilla cocida en la teja tradicional que cubre las sencillas y bellas techumbres de madera rolliza, las fachadas de colores vivos propios de la cultura afrocolombiana, los tejidos de lata de guadua para celosías en ventanas, barandas y cercas, y la presencia de plantas coloridas, árboles y arbustos en patios y jardines, con cosechas de frutos de fuerte tradición como el Cacao, un símbolo natural y cultural latente de la región, fue lo que nos inspiró con sus bellas formas y colores para el diseño del templo y, que seguramente, seguirá inspirando mucho más en la cultura y el arte. Pero también encontramos su gente generosa que nos abrió las puertas de sus hogares y sus corazones para conversar y compartir sus anhelos y sueños, el amor por esta tierra y las ganas de superar las dificultades, sin perder la alegría de la vida”, señaló el arquitecto Julián Gutiérrez, integrante del grupo Cuna, empresa encargada del diseño.

La presencia de la música y la danza le dio una pincelada especial a estos eventos de dedicación. El resonar de los tambores y los clarinetes se fundieron con las voces y los coloridos atuendos de los bailarines, en una sinfonía de exuberante jubileo. La fuga El alma nortecaucana, compuesta especialmente para esta ocasión, sirvió de metáfora para recordar a los primeros pobladores que llegaron a esta región, “y sembraron con sus manos la finca tradicional”, para evocar a la figura de la abuela mostrándoles a sus nietas el camino, indicarnos que la Casa de Adoración es un “emblema de nuestra historia” y que, hoy, “el alma de mi pueblo se deleita con su luz”.

Un recorrido por el bosque nativo permitió que los amigos pudieran apreciar la vida que comienza a florecer en este espacio que abraza la Casa de Adoración. El aleteo de las mariposas y los insectos que danzan alrededor de las flores que ya empiezan a brotar, el canto de los pájaros y las iguazas que aterrizan en el lago para refrescar sus alas y saciar la sed, las diversas variedades de plantas como el madroño, el tulipán africano, el mamey, el burilico que geminan en el terreno del bosque, despertó en los visitantes un sentimiento de esperanza por recuperar aquellas especies nativas que un día hicieron parte del paisaje y la memoria de esta región. Por eso para Roxana Díaz, “el bosque nativo es un regalo que viene con la Casa de Adoración, y surge de la necesidad del pueblo de retomar su identidad y su conexión con la tierra. Es un lugar que nos va a inspirar a volver a nuestras comunidades y tratar de emular esa belleza que encontramos en el bosque nativo y traerlo a nuestras propias casas”.

Así pues, mediante una secuencia de eventos teñidos de un regocijo prolongado, la Casa de Adoración Bahá’í ha sido inaugurada y está ahora lista para asumir “su función divinamente ordenada”, de convertirse en un centro de inspiración y sustento espiritual para los habitantes de esta región. Su presencia encarna la esperanza de la renovación de todo un pueblo que, pese a las pruebas y los obstáculos de su historia, ha mantenido la pureza de su corazón y la fuerza de su espíritu. A partir de ahora, “esta Casa de Adoración estará en pie como una expresión siempre presente del profundo anhelo de estas almas, los habitantes de esta franja de tierra material y espiritualmente fértil, de llegar a unirse y así recibir las amplias bendiciones que Dios derrama sobre tal pueblo”, (Arbab, 2018).
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En contexto:
http://www.proclamadelpacifico.com/?s=CASA+DE+ADORACI%C3%93N+BAH%C3%81%E2%80%99%C3%8D



