LA MÚSICA -I-


LA MÚSICA -I-

Por primera vez escuché música en Villa Gómez, junto a Pacho, Cundinamarca. Tendría unos cinco años, con alpargates y con una colombina en la boca. Feliz, mirando unas escenas de títeres que llevaron a la escuela donde daba clases mi madre. No sabía cómo hablaban esos niñitos de trapo ni sabía de dónde salía la música de fondo.
Siempre me ha parecido la música como una región, un espacio de hadas, un haz continuo de sonidos, un acompañante no ruidoso, melodioso, atrayente. Allí deben vivir animalitos pequeños, enanos gorditos en casitas diminutas, libélulas de colores, ríos y cascadas que vierten sus aguas mansas.
Aprendí a escuchar música en el seminario. En las horas largas de estudio, en una sala enorme, sentado y leyendo o haciendo tareas. Desde su cuarto el padre Páez, prefecto, nos ponía música selecta. Valses de Johann Strauss, Offenbach, Albéniz* o Hoffmann. Aunque también oíamos a Beethoven, Mozart, la Sinfonía Nuevo Mundo de Dvorak o a Rimski Kórsakof, El Lago de los cisnes de Piotr Chaikovsky o a Vivaldi.
Más tarde, cantábamos en el coro de unas 30 voces, bajo la batuta de un compañero que fue cambiando a medida que avanzábamos en la carrera. La música gregoriana era usual para motetes religiosos, pero también -a partir de voces ya formadas- nos lanzábamos tras Tomás Luis de Vitoria y Giovanni P. da Palestrina y hasta el Himno de la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven que interpretamos en Sutatenza por la Radio de monseñor Joaquín Salcedo al comienzo de los años 60.
He comido carnes y saboreado platos finos y delicias para la lengua. Pero más he disfrutado interpretando como tenor Misas, motetes y partituras clásicas de autores como los que he nombrado. Cantar piezas sacras en canto gregoriano, propio de catedrales y capillas especializadas era un plato de lo más fuerte y placentero. Sentía uno que se hallaba entre ángeles alados o en una región celestial, no terrena. Era mejor que cualquier comida o bebida o premio. Ese coro nos llevó a sitios y escenarios muy cotizados. Dos compañeros recuerdo como directores: dos de apellido Beltrán y uno Rivera. Dos de Pitalito y otro cundinamarqués. Posteriormente tuvimos a un valluno, Merino. Con mi promoción se volatilizó el Orfeón.
El canto entra por los oídos y se ejecuta con la boca y la voz. Pero se siente con el alma y el cuerpo. Hay que concentrarse, ser poseído, cuidar la voz y seguir fielmente la partitura. Emular con ángeles y arcángeles es labor sagrada. No parecíamos humanos cuando empezábamos a ejecutar una jota aragonesa o una misa gregoriana o una pieza a cuatro voces.
Me parece que así como quien toca una flauta o un corno o un oboe o una tuba en un concierto de cámara con 40 o más integrantes no se fija en el público. Está como rezando a los dioses Pan y Éolo que modulan los vientos y ensamblan los tonos y las partes para que la melos suba al corazón de cada oyente.
18-08-18 10:40 a.m.
Sevilla, I. Albéniz. https://www.youtube.com/watch?v=d1G8EKtJ2RM
Conc. de Aranjuez. Sáinz V. https://www.youtube.com/watch?v=KzEFQW9CXGc
Tchaikovsky, Piano Concerto. https://www.youtube.com/watch?v=Yya-rNwuxnc
Kórsakov. Scheherazada. https://www.youtube.com/watch?v=zY4w4_W30aQ
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Otras publicaciones de este autor en: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/



