UN PINTOR POSMODERNO EN BOGOTÁ

A Silvia de Pérez

Víctor Pérez, el pintor. Es el gran ego de la pintura colombiana. Tanto así que en el “Tuvo” (donde van los que algo alguna vez algo tuvieron) del Pasaje Santander del centro bogotano, sobre la Carrera Peatonal Séptima, montó galería de arte para exhibir su obra.
Su trabajo de años, es como debe ser todo un cuento posmoderno, según la propuesta de Dietmar Kamper, quien determinó sus categorías diciendo son: juego, anti- forma, anarquía, performance, descreación, esquizofrenia… Y desde luego la suprema Ironía. Y esto es lo que el artista: Un inmenso ironista. Burlador de la vida con su muerte, y de la pobreza. Él siempre muestra con su obra en proceso concebido sin principio ni fin. ¿Pero a que juega el personaje inaugurador de galería, donde antes estuvo un enorme almacén Éxito?
Travesea, hace manchas, traza embadurnamientos con ritmo en el lienzo a lo Jackson Pollock. Utiliza la tela, la madera o el cartón… Realiza la serigrafía digital con fotografías por él captadas, como buen fotógrafo que es, poniendo en los cartelones de pliego, familiares y personajes de pueblo, campesinos del departamento boyacenses de donde es oriunda su compañera Patricia, y sus hijos Camilo y Miguel. Expone en todos los posibles materiales, paisajes recogidos en su eterna trashumancia por toda la geografía colombófila para llegar su nueva exposición dedicada a su madre Silvia de Pérez, recién fallecida.
Así el experto, que todo toca y ve, como un cíclope trastocándolo. Fue ganador por Colombia de la Medalla de Oro, destinada a los atletas del arte en las Olimpiadas Londinenses, donde estuvo invitado poniéndose de ruana la ridícula flema inglesa con su talante anarquista e irónico. Porque él se caga en todo con su postura de dandy posmoderno, y hasta en el mismo arte, el cual comenzó a descomponerse en su racionalidad moderna desde comienzos del Veinte, estando caracterizado por el predominio del logos, la forma, la meta, el designio, la jerarquía, el autoritarismo, la maestría, la obra acabada, y demás aburridas zarandajas abolidas, cuando fracasó el conocimiento como acción de someter a otro.
Víctor Pérez el postmoderno, realiza su exposición en un viejo local en arriendo, del centro bogotano, donde antes estuvo el negocio del Éxito, con el único objetivo a la manera gabiana, “para que sus amigos lo quieran más…”.




