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Domingo, 18 de octubre de 2026

Un Olmo Seco y Una Encina Verde que inspiran «Llanto y coplas»

Un Olmo Seco y Una Encina Verde que inspiran «Llanto y coplas» A un olmo seco y A una encina...

Un Olmo Seco y Una Encina Verde que inspiran «Llanto y coplas»

LEON GIL

Un Olmo Seco y Una Encina Verde que inspiran «Llanto y coplas»
Un Olmo Seco y Una Encina Verde que inspiran «Llanto y coplas»
Antonio Machado y Leonor Izquierdo en Soria, 1909

A un olmo seco y A una encina verde son dos poemas, dos bellas canciones, dos coplas conmovedoras hasta el llanto.

En 1969 Joan Manuel Serrat lanzó su quinto álbum (el segundo en español), titulado Dedicado a Antonio Machado, poeta.

En un principio la compañía disquera Zafiro/Novola era escéptica respecto a los resultados comerciales del LP. Pero ocurrió todo lo contrario. Fue y ha sido uno de los álbumes más vendidos de su extensa producción discográfica. De hecho, recibió varios galardones y reconocimientos, pues su éxito impulsó como nada ni nadie la difusión de la obra del poeta, uno de los más grandes de la lengua castellana. Miles, cientos de miles, tal vez millones tuvimos la oportunidad de asomarnos por primera vez a la honda y vasta obra poética y en prosa del poeta sevillano gracias a esa rendija que nos abrió el disco del inspirado cantautor catalán.

El disco consta de 12 canciones, 11 de ellas conformadas con versos de 11 poemas de Antonio Machado, y la última (12) escrita por el mismo Serrat. Se titula En Colliure (pueblo costero del sur de Francia, donde murió el poeta y donde se haya su tumba. Una canción triste, que es como un canto fúnebre, un treno, en la acepción de la antigua poesía griega.

Cada canción de este álbum es un portento, casi que un milagro de musicalización e interpretación; son obras de arte tan memorables y populares como Cantares, La Saeta, Las Moscas o Llanto y Coplas.

Pero solo quiero detenerme un poco en la canción, en el poema A un olmo seco, inspirado por un árbol viejo, enfermo y herido, surcado de telarañas y ejércitos de hormigas, que causó gran gracia y ternura al poeta, tras observar que «con las lluvias de abril y el sol de mayo/ algunas hojas verdes le han salido» … al olmo centenario.

El poema termina con el poeta despidiéndose del viejo olmo con estos bellos pero terribles y conmovedores versos:

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
[…]

olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

El poema fue escrito en Soria, en 1912, dos o tres meses antes de que muriera de tuberculosis su amada esposa y musa Leonor Izquierdo, con tan solo dieciocho años de edad. Se habían casado tres años antes.

A UN OLMO SECO
Antonio Machado

A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

https://www.youtube.com/watch?v=Cf8g7HnMvto

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Fotografía de la tumba de Antonio Machado y su madre, en Collioure, por B. Maroto. Disponible bajo la licencia Creative Commons CC BY 3.0 España.
Fotografía de la tumba de Antonio Machado y su madre, en Collioure, por B. Maroto. Disponible bajo la licencia Creative Commons CC BY 3.0 España.
EN COLLIURE
Joan Manuel Serrat

Soplaban vientos del sur
y el hombre emprendió viaje.
Su orgullo, un poco de fe
y un regusto amargo fue
su equipaje.

Miró hacia atrás y no vio
más que cadáveres sobre
unos campos sin color.
Su jardín sin una flor
y sus bosques sin un roble.

Y viejo,
y cansado,
a orillas del mar
bebióse sorbo a sorbo su pasado.

Profeta
ni mártir
quiso Antonio ser.
Y un poco de todo lo fue sin querer.

Una gruesa losa gris
vela el sueño del hermano.
La yerba crece a sus pies
y le da sombra un ciprés
en verano.

El jarrón que alguien llenó
de flores artificiales,
unos versos y un clavel
y unas ramas de laurel
son las prendas personales,

del viejo,
y cansado,
que a orillas del mar
bebióse sorbo a sorbo su pasado.

Profeta
ni mártir
quiso Antonio ser.
Y un poco de todo lo fue sin querer.

https://www.youtube.com/watch?v=4Ie0f3nXmFI

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Álbum Joan Manuel Serrat 1978.
Álbum Joan Manuel Serrat 1978.

Pero el homenaje de Joan Manuel Serrat no terminaría ahí. Nueve años después, en 1978, editaría su decimocuarto álbum, titulado precisamente 1978. En él incluiría una canción titulada A una encina verde, la cual es una evidente evocación de aquel viejo olmo seco, al que en contraposición o contraste recrea todo el esplendor y la fuerza de una joven encina, de una encina verde, que es como la realización del anhelo y esperanza del viejo y cansado poeta:

Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Es una canción de celebración, pero a la vez un canto doloroso y profundo, que expresa el temor por la vida de la joven encina, ante el hacha

que el amo blande ligero…,
nudos amargos duelen en tus maderas,
encina verde.

Que tus contornos te quieran,
que te respete la muerte.

A UNA ENCINA VERDE
Joan Manuel Serrat

A UNA ENCINA VERDE

…Y de haber nacido en la tierra baja
pudo ser timón y volverse al mar.
Pudo ser rueda y ver mundo,
ser mango, cuna o altar.

Pudo ser ceniza y humo
o pudo, simplemente, no haber nacido
donde manda el roble, pero ahí nació
desafiando las reglas,
consentida por el sol.
Más cerca de las estrellas.

De abrazarse al suelo,
a pelear la tierra
con los aguaceros,
de rellenar grietas
con bojes, tomillos y enebros,
de andar huyéndole al hacha
que el amo blande ligero…,
nudos amargos duelen en tus maderas,
encina verde.

Que tus contornos te quieran,
que te respete la muerte.

Que es bueno que cuando el haya enrojece
y los caminos mudan de color,
entre esqueletos de robles,
salpiques con tu verdor
las palideces del bosque.

https://www.youtube.com/watch?v=7lx3Ntjso30

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Redacción Proclama del Pacífico

Periodismo verificado desde Santander de Quilichao, Cauca.

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