UN GOBIERNO PARA LA CASA: CLARA LÓPEZ


Loco-mbiano.

He sido decidido seguidor, como en la internet, de esa mujer madura con cara de joven y lenguaje de estadista. Qué universalidad de pensamiento, qué claridad de ideas, qué demócrata limpia se le sintió en la entrevista que aún está sonando en Caracol esta mañana del primer día de la semana. Como una mirla fue su canto claro y melodioso.
Los tres periodistas preguntaron con agudeza sobre tópicos económicos, internacionales, de impuestos, de los TLCs, sobre pensiones, sobre el agro, sobre Ecopetrol e Isagén. Parece que fuera economista de Harvard con especialización en Colombia. Parecía que fuera una embajadora de carrera, enterada de cuanto recoveco y puntillismo le espetaban los traviesos periodistas. Con qué tiento, respeto y ponderación, sin esconderse, respondió sin vacilar cada trampita que le ponían.
Como no hemos tenido en Colombia una mujer de Presidenta, no tenemos un ejemplo para comparar y para decidir. Por eso nos extraña que Clara López esté hablando con tanta soltura, precisión y pantalones amarrados. Cada hijo y cada marido tienen, eso sí, el ejemplo en su casa. Ellos saben quién es la que manda, la que organiza, la que trasnocha, la que vigila, la que cumple y no olvida, la que pasa la mano por el hombro para suavizar y perdonar. La que no anda en la calle escupiendo y retando a una pelea.
En el mundo hemos tenido pocos ejemplos de mujeres que han tomado las riendas del Estado. Indira Gandhi, Margaret Thatcher, Michelle Bachelet, Ángela Merkel. ¿Quién duda al verlas y observar su trayectoria sin la mancha de los vicios de los mandatarios y de las mentiras de la politiquería? La mujer siempre tendrá su mano suave, su corazón tierno, pero su inteligencia múltiple, abarcadora, su don de mando, su tenacidad en el trabajo, su capacidad para transigir y llegar a acuerdos.
Quien le haya oído mínimamente sus planteamientos, sin apasionamientos, sin gritar, sin despeinarse, puede llevarse la idea de que ella escucha, reflexiona, actúa y responde sin pelos en la lengua. No guarda las uñas para sacarlas luego y atacar. No es una mujer que inspire desconfianza. Su lenguaje directo, su pensamiento humanizante, sus entrañas femeninas serán prenda de entendimiento, de largo aliento para un camino difícil. No es un ser avariento ni insensible. En ella caben la compasión, la mano tendida, pero también la justicia y el amor por los desposeídos.
Los campesinos, los maestros, los pueblos olvidados, los de abajo serán tenidos en cuenta. La industria nacional, los recursos naturales tendrán quien los apoye y defienda. Ella aprendió en la fuente de sus ancestros el amor por la tierra, y su formación profesional le dio dimensión a su mirada frente a los grandes problemas del país. Su paso por la Alcaldía es un espejo de su sentido de planificación, de avance diario en la solución de los problemas y en el diálogo franco con los sectores económicos y políticos con los que tiene que gobernar.
Su palabra como agua fresca está llegando a todos. El semblante pacífico y conciliador indica una disposición cercana y amigable. Un gobierno en manos de Clara López nos puede parecer el de una ama de casa hacendosa, previsiva de que no falte nada, que las bocas de todos estén llenas y que no haya preferencias. Respetuosa de los vecinos, laboriosa y generosa con las necesidades de los demás. Necesitamos a una mujer en la Casa, que ponga orden y organice el mercado doméstico.
19-05-14/



