UN DISCURSO Y UNA FRANCACHELA


UN DISCURSO Y UNA FRANCACHELA

Cada vez que llega un 7 de agosto de cualquier año en nuestro país, siempre se recuerda y se conmemora casi con veneración la famosa Batalla de Boyacá, en la cual el Libertador Simón Bolívar y su valiente tropa vencieron a los españoles y nos dieron la libertad como república independiente hace ya 199 años. Hasta aquí “todo bien, todo bien”, como dice nuestro famoso “Pibe” Valderrama. De la misma manera, cada cuatro años se aprovecha esa fecha para hacer la trasmisión de mando presidencial y efectuar así el cambio de gobierno respectivo sin ningún contratiempo que la haga deslucir, con excepción del primer gobierno de Uribe, cuando se produjeron atentados terroristas graves y serios.
Sin embargo, en la presente versión 2018, podemos cambiar perfectamente la consabida frase de Valderrama por su contraria, por su antónima, y decir con mucha pena, vergüenza y dolor de patria: TODO MAL, TODO MAL el 7de agosto pasado, porque así fue, por culpa de un señor llamado Ernesto Macías, nadie más ni nadie menos que el presidente del Congreso, quien en un catastrófico, aburrido y falaz discurso previo al del presidente Duque de más de media hora ante Colombia y el mundo hizo trizas la pésima imagen del Congreso y esta vez lo mandó al infierno, pues despotricó cuanto pudo de la gestión del saliente presidente Santos, con un odio visceral, contumaz, hecho a propósito, solamente por hacerle daño, dañando también de paso la imagen del país, como si hubiese cogido una brocha o un rodillo y la pintara de negro, como en efecto así apareció una página completa en los principales periódicos del país el martes pasado 7 de agosto, con autoría del siniestro y despótico Centro Demoníaco, perdón, Centro democrático.
Ese discurso tendencioso y horrible, desde todos los puntos de vista, opacó, saboteó y dañó, el siguiente del presidente Duque, de tono conciliador, más suave, y mesurado, sin tantas ofensas, buscando siempre un pacto nacional, para curar las heridas, perdonar las ofensas y buscar otros rumbos, “superando las divisiones de izquierda y derecha, superando con el diálogo popular los sentimientos hirsutos que invitan a la fractura social, con el espíritu de contribuir, nunca de destruir”.
Como si el señor Macías, su jefe o dios, y sus áulicos o miembros de su tribu, no estuviesen conformes con los perjuicios ocasionados con sus fétidas palabras en contra de Santos, y por ende del país, pues a todos nos indignó en grado sumo, a los pocos minutos de la terminación de la ceremonia se reunieron ellos a celebrar en una especie de aquelarre y francachela al mismo tiempo, sus logros obtenidos con el maléfico discurso en contra de Colombia, con copas de vino incluidas, fotos con su jefe dios, comentarios hirientes y burlas zahirientes de todo tipo, captadas por un sagaz periodista de Noticias Uno, a quien le agradecemos su valiente acción y así conocer cómo son ellos de verdad.
En conclusión, el pasado 7 de agosto pasó a la historia como el de la afrenta y el odio de parte de un expresidente vengativo y de sus fieles esclavos.
************************
Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/javier-enrique-dorado-medina/



